Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mentiras Mexicanas
Eduardo García Gaspar
20 julio 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El boletín de prensa estaba fechado el 13 de julio. Decía en su primera parte,

“A partir de las 12:01 hrs., hora del Este, del 14 de julio de 2009, se exigirá visa a los nacionales mexicanos para viajar a Canadá, anunció hoy el Ministro de Ciudadanía, Inmigración y Multiculturalismo [sic], Sr. Jason Kenney”.

La razón central de la medida estaba justificada:

“Las solicitudes de condición de refugiado de nacionales mexicanos casi se han triplicado desde 2005, haciendo que México sea el país con el mayor número de solicitudes”.

En 2008 hubo 9,400 de esas solicitudes, el 25 por ciento del total. De las solicitudes examinadas, el 11 por ciento fueron aceptadas el año pasado. Dijo ese ministro que,

“Muy a menudo, las personas que realmente necesitan la protección de Canadá se encuentran en una larga lista de espera, por meses y a veces años antes de que se puedan oír sus solicitudes. Eso es inaceptable”.

En resumen, tenemos el resultado de una situación en la que hay dos jugadores visibles. Por un lado, la serie de mexicanos que piden asilo y quieren ser considerados refugiados en Canadá. Casi diez mil de ellos el año anterior. Obviamente, me parece, es una cifra enorme. Del otro lado, una reacción desproporcionada por parte de un gobierno.

Veamos esto un poco más de cerca. Primero, los mexicanos pidiendo ser considerados refugiados. Un truco, una trampa, una mentira de ellos, que aprovecha una ley quizá demasiado benevolente. Dadas las cifras y que ello no sucede en otros países obvios como EEUU, la mejor suposición es una: dijeron mentiras en su solicitud.

Puede suponerse con buenas razones que esos mexicanos mintieron para su beneficio y que esa falta que cometieron ha dañado a muchas otras personas, los mexicanos que no mienten y desean ir a Canadá como turistas. Es un buen ejemplo de cómo las faltas morales tienen malas consecuencias materiales. Un buen caso de demostración de que la moral importa.

Segundo, tenemos la reacción del gobierno canadiense: vio el problema de abuso de peticiones de refugio político y tomó una medida general. Ahora todos los mexicanos deben cumplir con una serie de procedimientos burocráticos de tal magnitud que los servicios diplomáticos no tienen capacidad de atender.

Cualquier clase de primer año de administración plantearía resolver el problema de otra manera más focalizada. Si se sabe que el problema está en las solicitudes de refugio político de los mexicanos, el mero sentido común señalaría que podría verse una solución en negar esas solicitudes a gente de esa nacionalidad.

Cierto, así se podría lastimar a alguna petición legítima, pero se evitaría dañar a miles de turistas legítimos y a quienes de ellos derivan ingresos (canadienses lastimados por esta medida general).

La reacción burocrática no es de extrañar, los gobiernos no son conocidos por la sapiencia de sus decisiones ni por examinar las consecuencias de lo que hacen.

La situación en sí misma no merece gran examen, excepto por ser muestra de esos dos fenómenos: una respuesta exagerada de una burocracia que ataca un problema particular de manera general. Es como pedir a una revisión mecánica general de un coche cuando se sabe que sólo le falta gasolina.

Pero el fenómeno más digno de señalar, según los datos que se tienen, es el de la mentiras de algunos miles de mexicanos. Cerca de diez mil de ellos dijeron que eran refugiados que solicitaban asilo político en Canadá. Es razonable pensar que la inmensa mayoría de ellos mintieron, por la razón que sea, pero lo hicieron.

Faltaron a la moral, a la ética, o como quiera usted llamarle. En sus muy cortas mentes cometieron una falta creyendo que hacerlo no tenía consecuencias en otros. Buscando su beneficio por medio de una mentira, sin embargo, terminaron lastimando a muchas personas más.

Sí, la moral y sus mandatos importan mucho. Las faltas éticas tienen repercusiones materiales dañinas. Podemos los mexicanos criticar al gobierno canadiense, con buena base, de tomar medidas desproporcionadas y detener allí el asunto.

Pero si quiere usted buscar a los responsables, ellos están ahora en Canadá, viviendo allí, mientras los que no mienten han sido castigados.

Post Scriptum

La cifra que conozco, mencionada por Sergio Sarmiento (Grupo Reforma, 17 julio 2009), señala que unos 236,000 mexicanos visitan Canadá al año. Si se toma esa cifra contra los 9,400 que pidieron asilo, puede encontrarse el foco del problema en el 4% de los visitantes. Es decir, se afecta al 96% de los visitantes para resolver un problema concentrado en una minoría perfectamente identificada. No tiene sentido.

La cifra de canadienses que visitan México, según he escuchado es de un millón y medio. El gobierno mexicano ha reaccionado pidiendo visas para los diplomáticos canadienses, pero no para los turistas. Varias veces he escuchado que esta decisión del gobierno mexicano es mala, que deberían haber pedido a los canadienses los mismos requisitos que Canadá pide a los mexicanos. Hacerlo sería una conducta miope: un mal no se castiga con otro mal, menos aún cuando se daña a gente que nada tiene que ver con el problema (los proveedores de servicios turísticos que sirven a los canadienses turistas).

El corazón del problema es el de una falta moral de miles de mexicanos que mienten al reclamar asilo político, aunado a una reacción exagerada del gobierno canadiense.


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