Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ministerio de la Destrucción
Eduardo García Gaspar
20 octubre 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: , ,


Se llama Bibiana Aído y es ministra de la Igualdad (es en serio, aunque suene a la novela de Orwell). Y ha dicho que “nadie tiene el monopolio de la moral”. Sucedió en España hace unos días. Resulta que en Madrid, según se reporta, hubo una manifestación numerosa en contra de un proyecto de ley.

La Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, la que permite el aborto y a la que se oponen muchos. Por el contrario la ministra de la Igualdad, lo apoya diciendo que es un avance de la modernidad y que “nadie tiene el monopolio de la moral”.

El tema bien vale una segunda opinión. Decir que nadie tiene el monopolio de la moral es una frase hecha, vaga y sin significado… cualidades que la hacen irresistible para ser parte del discurso político universal.

Primero, porque la verdad en cualquier terreno no es un monopolio que pueda poseerse. Quien diga que dos más dos son cuatro no es propietario de un monopolio. La ministra yerra aquí muy seriamente. La verdad de la gravitación universal, o de la Teoría General de la Relatividad, no son monopolios de nadie.

La ley de la no contradicción en Lógica es una verdad pero no es un monopolio. La verdad existe y es independiente de nosotros. Si la ministra tuviera razón, llegaría al absurdo de afirmar que porque tiene el monopolio de la verdad, el profesor que enseñe que el cuadrado de tres es nueve está abusando de un poder indebido. Ese profesor no tiene el monopolio de nada, sólo expresa una verdad

Segundo, la ministra comete una falacia, un razonamiento falso. Lo explico. La ministra apoya el matar bebés dentro del vientre materno antes de las 14 semanas de embarazo. Otros se oponen a esa muerte. Si ella dice que nadie tiene el monopolio de la verdad moral, debería ella llegar a la conclusión de que tampoco ella lo tiene y por tanto, la mejor acción es la de no hacer nada.

Pero, esa falacia, llamada de la imposición oculta, produce la aceptación de la “verdad” que sostiene quien acusa al otro de querer imponer su opinión. En este caso, la ministra acusa a la otra parte de que nadie tiene el monopolio de la verdad, con lo que trata de anular a la otra parte, con el resultado final de imponer su “verdad”… lo que es un absurdo porque tampoco ella podría tener la verdad moral.

Tercero, es posible que la ministra piense que la verdad existe en, por ejemplo, ciencias como la Física, pero que no exista la verdad en otros campos de conocimiento, como la Ética o la Moral. Esto es falso, pero suponiendo que sea cierto, significaría que la ministra se niega a sí misma: si en la moral no hay verdad, nadie la tiene, incluyéndola a ella misma y, por tanto, todo sería legítimo. Todo. Incluyendo el asesinato: la defensa del asesino consistiría en decir que nadie tiene el monopolio de la moral y, por eso, no lo pueden condenar.

Cuarto, la consecuencia de lo dicho por la ministra es una sociedad sin principios morales. Ningún principio moral subsistiría, lo que deja un vacío, el de las reglas de comportamiento de las personas sustentado en poder distinguir lo bueno de lo malo. Nadie podría decir que algo es bueno, porque eso significaría un monopolio indebido. Y ese vacío se llenaría sin remedio con la voluntad de poder: el gobernante nos diría lo que es bueno y lo que es malo.

Aunque estoy en contra del aborto, no defiendo aquí mi posición. Todo lo que quiero hacer es mostrar un razonamiento débil, equivocado, falaz y de consecuencias serias en toda la sociedad. La ministra en realidad no importa en todo esto, quizá tenga buenas intenciones, pero ellas no bastan. Se necesita de la otra cualidad humana, el uso de la razón. Y de la otra virtud, la prudencia.

¿Hay verdades en el terreno moral? Sin duda: son esos principios que sostenemos como evidentes en sí mismos y que derivan en principios lógicos y sólidos, como el considerar malo al asesinato y el considerar buena a la caridad… más otros muchos. Y esos principios no son monopolios que alguien tiene, son verdades que no pueden hacerse de lado sin consecuencias que minan los mismos cimientos de nuestras sociedades, que es lo que la ministra está haciendo.

Post Scriptum

En ocasiones, menos frecuentes que lo deseable, algún lector envía un comentario que pone un reto al autor de una columna. Este fue el caso de Gabriel Nuñez Villegas, acerca de la columna que antecede a esto. El Sr. Nuñez destaca varios puntos que comento por separado.

Sr. García, un placer saludarlo nuevamente (esta es la segunda ocasión en que me atrevo a escribirle) y el motivo de mi correo es comentar su columna “Ministerio de la Destrucción” fechada el Martes 20 Octubre 2009. Como bien dice usted el tema bien vale una segunda opinión (y hasta una tercera o cuarta) a continuación mis observaciones a los párrafos de su columna en orden de aparición.

Señor Nuñez, gracias por escribir, siempre es un placer tener un diálogo pausado y tranquilo.

De acuerdo: El titulo de “Ministra de la Igualdad” no solo suena a novela, también parece algo absurdo y hasta de risa el hecho de tratar de encontrar y/o proporcionar igualdad entre entes que no son iguales, esto es contradictorio desde su concepción misma.

Observación: Se detecta una evidente acción de intervencionismo gubernamental del gobierno español en temas que no deberían ser de su competencia como lo es la “Salud Sexual y Reproductiva” y también entiendo que la ministra apoya el aborto antes de las 14 semanas de embarazo.

Bien estamos de acuerdo en estos puntos. El título del puesto del ministerio es, en verdad, digno de aparecer en 1984, la novela de Orwell. Su observación es atinada: se trata de la determinación de los contenidos de la educación por parte de un gobierno que no es el único que lo ha hecho. Los peligros de hacer eso son obvios y no entro en ese tema.

De Acuerdo: La frase “nadie tiene el monopolio de la moral” es una frase chatarra y utilizada en un sin numero de discursos.

Otro punto de acuerdo entre ambos. Sólo añado que no sólo una frase vacía o chatarra, también es ilógica.

Desacuerdo: La fresa literal de la Ministra fue “nadie tiene el monopolio de la moral” y en ningún momento dijo “lo que yo opino es lo moralmente correcto” o algo como “yo tengo el monopolio de la moral”.

Al fin un desacuerdo. Usted dice que afirmar que no existe un monopolio de la moral no significa que la persona que lo dice sostenga tener ese monopolio. Eso es cierto en la primera impresión y por eso la frase chatarra, como usted la llamó, tiene popularidad. Sin embargo, en un examen más cuidadoso resulta ilógica:

• La frase se refiere al campo moral y hace una afirmación sobre lo moral, señalando que nadie tiene el monopolio de la moral. Si nadie lo tiene, entonces tampoco podría decirse que no existe tal monopolio (un monopolio de la moral sería el afirmar que nadie lo tiene, porque eso sería verdad moral absoluta).

• Decir que nadie tiene el monopolio de la moral, además, presupone que ese monopolio se puede poseer como creación propia. No se puede poseer, pero sí pueden existir acercamientos a la verdad moral, que es externa a nosotros e independiente de nuestras voluntades.

Desacuerdo: Partiendo de que su apreciación de la frase anterior puede estar equivocada luego entonces los ejemplos de la “Gravitación Universal”, “La Relatividad” y “El ejemplo del maestro” pueden también estar mal utilizados para exponer su punto de vista, lo cual dejaría a su opinión en este caso en particular como “mal defendida”, de hecho esta es una de las pocas ocasiones en que noto una opinión suya ciertamente “parcial” y “cargada” hacia algún lado con respecto de un tema.

Otro posible desacuerdo entre usted y yo, que explico. Hay campos de conocimiento que están sujetos a pruebas muy claras y convincentes, como la teoría general de la relatividad. Sus pruebas son tangibles, como el cuadrado de 3 que es 9. Hay otros campos de conocimiento que no admiten pruebas de laboratorio y que están sujetos a pruebas de lógica y razonamiento. Por ejemplo, la prohibición de asesinar resulta racional porque es consecuencia lógica del valor de la persona y la vida… pero no hay prueba de laboratorio que demuestre ese valor.

Que unos conocimientos pueden tener comprobación física no significa que los que no pueden tenerla carezcan de verdad, sino que hay otra manera de comprobarlos. Por tanto, no es una mala defensa de mi opinión, la que sí está cargada y es parcial totalmente hacia la posibilidad de conocer la verdad.

Desacuerdo: Detecto en sus palabras una inclinación por atacar a la Ministra utilizando el argumento de “Imposición Oculta” por algo que en realidad nunca dijo y que solo en su muy personal apreciación (suya Sr. García) si ocurrió, ya que en ningún momento la señora Aído intento imponer su punto de vista a los demás y solo se limitó a externar una opinión.

Me alegra el desacuerdo para dejar clara una idea: la crítica mía no es personal hacia la ministra, lo que sería un error muy común. La crítica se refiere a lo que el reporte señala como un evento que tomo como cierto (si fuera falso el reporte, la crítica seguiría existiendo para cualquier caso igual).

Si la ministra dijo que nadie tiene el monopolio de la moral, ella usó una falacia sin remedio, pues atacó al opositor no contestando el argumento que éste sostiene (que la vida comienza desde la concepción). En vez de razonar con otro argumento relacionado directamente con el de la parte opuesta, desvió la discusión a otro tema. Hacer esto es emplear un argumento falaz clásico de los que hay muchos tipos. La parte contraria no argumenta en general tener la verdad, sino que la vida comienza en ese momento.

Al argumentar con una falacia, la ministra aprovecha la situación para lograr el apoyo a su propuesta, lo que es una imposición oculta muy clara. Que ella expresara una opinión no quita la posibilidad de imponerla. Se parece mucho a la falacia del Straw Man, que consiste en simplificar exageradamente en una caricatura al opositor, para luego proceder a descalificarlo sin argumentar las razones que él ha expuesto.

Desacuerdo: En otro párrafo usted escribe “es posible que la Ministra piense que” y considerando su experiencia el hecho de que usted base una parte de su columna en una suposición tan vaga es verdaderamente de muy bajo nivel y poco elegante.

¡Uy! Son palabras fuertes para una discusión civilizada, pero no las tomo a mal. Sí, es una suposición, y por eso escribí que “es posible”, no dije que “es seguro”. Por el otro lado, las suposiciones no son malas en sí mismas, al contrario, permiten buscar explicaciones razonables.

De Acuerdo: Mas intervención gubernamental para decirnos lo que es bueno y lo que no, también entiendo que usted esta en contra del aborto así como que los principios morales son evidentes y sólidos.

Sí, se trata de lo que he llamado intervencionismo moral y consiste en el dictado del gobierno para determinar lo que es bueno y lo que es malo, un peligro serio que lleva al totalitarismo. Sí, estoy en contra del aborto y mi posición obedece no a un monopolio moral, sino a la existencia ajena a mí de principios que son verdad, como el valor de la vida que Dios nos dio. Ir en contra de la ley natural es malo y la ley natural existe independientemente de mi voluntad.

Para terminar hago las siguientes preguntas: ¿Es posible que usted se haya apartado de la objetividad a la que nos tiene acostumbrados al escribir esta columna en particular?

Gracias por el halago. ¿Posible haberme apartado de la objetividad? Por supuesto que sí, no pretendo ser infalible. Todos cometemos errores. Pero esto me da pie a apuntar algo sobre la objetividad, la que puede ser muy mal entendida. Un ejemplo para ser claro: un árbitro de futbol en un partido que marca un penalty en contra de un equipo. Si lo marcó deshonestamente para favorecerlo, el árbitro ya no es objetivo. Si lo marcó correctamente, entonces es objetivo, pero los fans del otro equipo lo acusarán de no serlo. Es decir, la objetividad puede llegar a causar impresiones de parcialidad.

¿Es posible que usted no haya considerado la libertad de elección que tenemos todas las personas (estar o no a favor de cualquier tema y con sus respectivas consecuencias) al escribir esta columna en particular?

¿Posible? No. La libertad personal está siempre en mi mente y la defiendo. Pero eso no me quita el intento de ser objetivo y decir que una acción es errónea o indebida. La libertad de elección implica la posibilidad de hacer lo indebido y señalarlo es otro acto de libertad, igual que esta argumentación que tenemos usted y yo. Esta idea está, creo, en todas mis columnas, pero defender a la libertad no significa defender la realización de cualquier acto. Necesariamente la libertad supone por lógica la elección, pero no supone que las elecciones serán siempre las debidas

¿Es posible que con esta columna sea usted el que esta intentando una “Imposición Oculta” en sus lectores, debido a su inclinación del no aborto?

No, porque no oculto nada y voy al argumento esencial, aunque la brevedad de la columna hace necesario suponer cosas. No defiendo la prohibición del aborto atacando en lo personal a otros y desviando el tema: el aborto es quitar la vida con intención a un ser vivo, que es una persona y tiene derechos.

Agradeciendo de antemano su respuesta, quedo de usted.

Igualmente, mi agradecimiento por la oportunidad de explorar ideas.


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No hay comentarios en “Ministerio de la Destrucción”
  1. epsilón Dijo:

    Me ha sucedido con otras columnas suyas y es que al principio, en la superficie parece una crítica contra la persona. Ojalá se entienda como lo que es, una crítica de una manera equivocada de pensar y que no es infrecuente.





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