Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Misma Piedra, Mismo Camino
Eduardo García Gaspar
16 diciembre 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia fue reproducida en muchos medios. En resumen, decía que el presidente de EEUU regañó a los banqueros, los gatos gordos financieros de Wall Street. Dos elementos fueron claros en ese regaño.

Primero, ellos debían expandir el crédito para estimular a la economía, especialmente e empresas pequeñas (según leí, no es este el problema que esas mismas empresas opinan que tienen).

Segundo, dijo también Obama que sus regañados causaron el problema, la crisis. Es la acusación estándar: se acusa a alguien que no tiene una buena imagen pública.

Eso fue el 14 de diciembre. Nada original. Palabras estándares en un político cualquiera. Lo bueno es que existe otra opinión.

El asunto bien vale una segunda opinión y comienza con una explicación, dada a principios del siglo pasado por un economista, Mises (1881-1973).

En esencia, propone que el sistema bancario puede ampliar el crédito, es decir, la oferta monetaria. Es decir, crear dinero. Y esa ampliación la vuelve aún mayor el gobierno. En realidad, la autoridad agrava la situación al imponer tasas de interés bajas, no fijadas por la oferta y demanda.

Quizá esto puede ser descrito como tener dinero fácil en abundancia. Sin la intervención gubernamental, las tasas de interés se ajustarían a la realidad. Pero esto no sucede con tasas forzadas por la autoridad. En términos técnicos, el dinero abundante y fácil produce un efecto llamado “distorsión de preferencias de tiempo”.

Es un fenómeno sencillo de ver. Tasas artificialmente bajas elevan la cantidad de crédito demandado, mayor a la que los ahorradores proveerían. El efecto inmediato es el natural: con dinero más fácil habrá más empleo y consumo. Cosas buenas, pero sustentadas en bases artificiales. Si las tasas se pudieran ajustar apegándose a la realidad, el problema se resolvería… pero si las tasas se mantienen bajas por decreto, ya no hay ajuste y el problema crece.

El problema, claramente, es que el boom producido está basado en una falsedad, que son las tasas más bajas por decreto. Se siguen tomando decisiones de inversión que no están justificadas por la realidad, sino en un artificio (es como producir alegría por medio de drogas). Y, lo fascinante, es que en medio del boom económico, pocos harán llamados a la cordura y quienes los hacen, no serán escuchados… algunos opinarán que nadie pudo prever la crisis cuando el prroblema fue que nadie escuchó las advertencias.

Se crean así, en medio de un gran optimismo, las condiciones de un colapso económico inevitable al contraerse el crédito. Los bancos podrán quebrar incluso. Y llega la realidad a imponerse, para muchos, como algo sorpresivo cuando no lo era. Inicia así otra etapa, no económica ya, sino de búsqueda de culpables y que suele convertirse en un concurso de tonterías.

Los gobernantes culpan, por supuesto, al sector privado (Obama es sólo un ejemplo de este error al culpar a los banqueros). Los socialistas culpan al libre mercado y piden más regulaciones. Los comunistas, de nuevo, anuncian el fin del capitalismo. Los moralistas denuncian la codicia. Los empresarios están hechos un lío y suelen tratar de negociar las nuevas regulaciones. Los medios reportan las declaraciones de cada grupo y sólo unos pocos intentan difundir explicaciones reales. Y los intelectuales siguen haciendo lo de costumbre, adorar al gobierno.

En medio de todo ese galimatías, emerge lo desesperado: la crisis, casi todos afirman con total seguridad, debe ser combatida con dinero más fácil para estimular a la economía y así se crean paquetes de rescate a los que los gobernantes dan nombres atractivos. Es decir, se hace lo contrario de lo que debe hacerse, dejar que el ajuste suceda: no más créditos fáciles, no más tasas artificiales, no estimular consumo, dejar a las empresas sin rescates. Es como una desintoxicación de los excesos pasados.

Sí, el ajuste es terrible, pero no puede evitarse haciendo lo mismo que produjo el boom artificial y su crisis siguiente. Se trata de volver a la realidad, no de crear otra ficción aunque ella esté justificada por las ideas de algún economista célebre. Pero se vuelve a hacer lo que no se debe hacer, en buena parte porque eso ansía el gobernante: sus medidas de emergencia le dan más poder que es lo que desea.

Y eso, precisamente, es lo que ahora sucede: tasas de interés manipuladas, medidas para créditos fáciles, más regulación estatal. Es como curar cirrosis con dosis masivas de brandy.

Pero también se debe a otra causa: la explicación de la crisis no es sencilla. Es más fácil culpar a la codicia, o decir que los banqueros cometieron errores, o que es el fin del capitalismo. Estas explicaciones pueriles son populares no por ciertas, sino porque son sencillas de entender y tienen lógica superficial.

Obama regañó a los financieros, los que siguieron dictados del gobierno. Y, además, les pidió facilitar el crédito. La misma piedra, el mismo camino.

Post Scriptum

El NYT reportó el 14 de diciembre que

President Obama pressured the heads of the nation’s biggest banks on Monday to take “extraordinary” steps to revive lending for small businesses and homeowners, drawing a firm commitment from one large bank to make more loans and vaguer assurances from others.

El WSJ del 15 de diciembre reportó:

Economistas advierten sobre burbujas de activos. Algunos de los principales economistas estadounidenses y europeos advirtieron sobre los peligros de crear burbujas en los precios de los activos si los bancos centrales y los gobiernos repiten su error de mantener activas sus políticas expansivas monetarias y de gasto por mucho tiempo.


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