Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Montaigne y los Supermercados
Leonardo Girondella Mora
17 febrero 2009
Sección: ECONOMIA, FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Pocos errores tan graves ha habido en la historia de las ideas como el cometido por Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592) —un hombre sin duda famoso a quien se atribuye la invención del género literario conocido como ensayo.

¿El error? Haber escrito que en actos de comercio lo que uno gana el otro pierde —la única posible manera de tener beneficios personales es a costa de otros, según Montaigne.

Ningún trato, por extensión se concluye, que cause un bien en alguno puede lograrse sin daño en otro, especialmente a las relaciones comerciales.

Puesto en palabras más actuales, el error de Montaigne lleva a concluir que la venta de trigo de un agricultor a otra persona beneficia al agricultor y daña a la otra, o viceversa —la compra que alguien hace de un sistema Windows beneficia a Microsoft pero daña al comprador, o al revés.

Cuando alguien entra a un supermercado a adquirir alimentos y otros bienes, no puede sino recibir pérdidas. Los vendedores serán los únicos que ganen. O lo opuesto, son los compradores los que ganan.

La mentalidad que el error crea es una que imagina un mundo en el que sólo existen dos grupos —aquellos que se benefician y los que son lastimados ya que en toda relación comercial se aplica el principio de suma neta igual a cero: lo que uno gana, el otro pierde.

Es una falacia monumental.

Si se toma como premisa cierta que lo que uno gana el otro pierde en transacciones económicas, la conclusión irremediable es aceptar que lo mejor que pueden hacer los compradores es no comprar ni vender —vivirán mejor si nada compran ni venden.

No hay manera de evitar esta conclusión si se acepta como cierta la aseveración de Montaigne.

Pero, entonces, si lo mejor que puede pasar a los compradores es no comprar y a los vendedores no vender, debe aceptarse también que su vida será mejor si ellos mismos producen lo que necesitan para vivir —la total autonomía y autosuficiencia personal es el mejor de los destinos humanos, al menos siguiendo el camino que señala Montaigne.

Cada persona cultivará sus alimentos y producirá su ropa; construirá su casa y sus muebles.

Cuando se dice que en un intercambio comercial, lo que uno gana otro pierde, también se está diciendo que el mejor de los mundos es uno en el que se evita esa pérdida, al menos por parte de quien pierde —ese mundo sin transacciones comerciales, por consecuencia lógica tendrá un perdedor, ése que tenía ganancias.

Consecuentemente, el mundo mejor para el comprador es el mundo peor para el vendedor y no hay otra solución: en cualquiera de los mundos alguien será lastimado.

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El error o falacia de Montaigne puede verse en un examen más apegado a la realidad —su tesis de que lo que uno gana el otro pierde ignora que los vendedores son también compradores y los compradores son también vendedores.

No existen compradores que no sean también vendedores, pues no podrían tener dinero para comprar si antes no vendieron.

Y entonces podría verse que, si es cierto lo que dice Montaigne, la suma neta de daños y beneficios de las personas que compran y venden es de cero —lo que se gana vendiendo se pierde comprando y por consecuencia se tiende a sumar cero daños/beneficios.

Sería imposible en este mundo ficticio crear riqueza —lo único posible sería hacer pasar de una mano a otra la riqueza original existente en el origen del hombre.

Lo anterior basta para tirar por el suelo la idea de Montaigne, pero hay más —puede cuestionarse la afirmación de que lo que uno gana el otro pierde en transacciones económicas.

Si la transacción económica es voluntaria debe reconocerse que sería imposible aceptar que las personas acepten por iniciativa propia ser dañadas.

Es obvio que la persona que compra no está de acuerdo con Montaigne —nadie entra por su propia voluntad a un supermercado conociendo de antemano que saldrá perdiendo; y nadie abre un supermercado sabiendo que va a perder.

Lo anterior abre otra forma de derrumbar con contundencia la idea de Montaigne —un intercambio, si es voluntario por ambas partes, sólo puede explicarse cuando las dos perciben que tendrán un beneficio.

No hay otra posibilidad de entender la entrada voluntaria a un supermercado y la existencia libre de éste. Montaigne olvidó un elemento clave: la libertad del comprador y la del vendedor.

El mundo de Montaigne es uno de esclavos y amos —el amo fuerza a que el esclavo compre. Pero el mundo de personas libres anula a Montaigne: sólo habrá compras y ventas cuando ambas partes creen que saldrán beneficiadas.

Si bien es sencillo derrumbar la tesis de Montaigne, no lo es el derrotar a la mentalidad que crea. La tesis de Montaigne está expresamente formulada diciendo que en intercambios económicos, lo que uno gana el otro pierde.

La claridad de su formulación permite demostrar la equivocación —pero la mentalidad que ha creado es mucho más difícil de cambiar pues no es explícita, sino que se encuentra oculta y disfrazada: quien la posee no sabe que la sufre.

Será una tarea monumental hacer reconocer a alguna persona que parte de una premisa que es falsa cuando la persona desconoce esa premisa, no la tiene expresamente formulada, y sólo se limita a ver conclusiones.

Por ejemplo, quien propone políticas gubernamentales de distribución de la riqueza supone, por necesidad, que Montaigne estaba en lo correcto, aunque no se dé cuenta de ello.

Podrá aceptar que Montaigne estaba equivocado, pero aún así insistirá en aplicar esas políticas de distribución de la riqueza. No verá la incongruencia de su pensar —que es lo que le sucedió a Marx, cuyas ideas son en buena parte una extensión grandiosa del error de Montaigne.

En un plano más amplio, todo aquel que propone medidas que interfieren en los intercambios voluntarios necesariamente supone que Montaigne estaba en lo cierto y no importa que se le demuestre que es un error, él seguirá insistiendo en alterar la voluntariedad de los intercambios libres —propondrá controles de precios, impuestos, regulaciones de comercio, barreras a las importaciones, lo que sea y sin importar que esas medidas estén sustentadas en el razonamiento equivocado de Montaigne.

¿Cómo cambiar esa mentalidad?

No creo que pueda hacerse sino a muy largo plazo, por una causa central —sobre el error de Montaigne ha sido construido todo el aparato del intervencionismo estatal.

 


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.  



1 comentario en “Montaigne y los Supermercados”
  1. miesianico Dijo:

    Hombre…. El que compra obtiene un valor de uso y el que vende un valor de cambio, pero quedarse en esa simple operación mercantil descontextualizada es ser muchísimo mas tonto que Montaigne. Uno puede obtener un valor de uso. Cuando uno compra arroz se entiende el beneficio fundamental. Cuando compra una camiseta de marca ya no tanto. Es evidente que la marca cobra una plusvalía por serlo y por una mercancía que de calidad no será mejor que otra a la mitad de precio. Aquí si que empieza a ganar la marca a costa del consumidor. Y eso solo analizando un poquito. No nos meteremos, como se metería Montaigne, en analizar el precio agrícola en orígen y el precio en final en el mercado tras pasar por todas las plusvalías de todos los intermediarios. Evidentemente, si unos acumulan mucha riqueza, lo hacen a costa de otros. NOTA DEL EDITOR: su contradicción es obvia, pues si el intercambio es voluntario, ninguno pierde, los dos ganan.





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