Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Morir y No Contaminar
Eduardo García Gaspar
24 septiembre 2009
Sección: ECOLOGIA, Sección: Una Segunda Opinión
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No son los únicos. Forman parte de una mentalidad interesante. A mediados del siglo pasado, ellos hablaban de la explosión demográfica y hacían predicciones, como la de que para estas fechas habría hambrunas en todo el mundo.

La recomendación era la natural, detener el crecimiento de la población por casi cualquier medio. Fueron los tiempos en México de la campaña publicitaria, “La familia pequeña vive mejor”. En estos días hay otra campaña que cobra fuerza y también va en contra de la población.

La idea central de esta nueva campaña es muy básica: los hijos contaminan y, por tanto, cuantos menos hijos se tengan, menos contaminación habrá. La meta es la misma, disminuir la población. Las estrategias son diferentes, antes era la falta de alimentos y espacio, ahora es la contaminación ambiental.

Sostienen esta nueva idea, por ejemplo, dos hombres de la Universidad de Oregon, Paul Murtaugh y Michael Schlax. Lo que ellos sostienen es que no basta tener un auto ecológico, ni reciclar la basura, sino tener un hijo menos. Lo mismo apuntaron otros en el British Medical Journal: tener menos hijos es como no comprar autos contaminantes (W. McGurn, WSJ, 4 agosto 2009).

Estas opiniones no son tan terribles como otras que señalan la conveniencia de padecer una buena pandemia que aniquile a millones, para así tener un planeta habitable sin contaminación. Bajo esta idea, las personas son como un virus que matará al planeta y lo mejor que puede suceder es aniquilar el virus. Créame, estas opiniones han sido expresadas con toda seriedad.

Sea el enfoque extremo o el enfoque menos extremo, ambos llevan a lo mismo: una población en descenso, por debajo del nivel de reemplazo. Las poblaciones de Europa pueden usarse como ejemplo de esa tendencia a poblaciones decrecientes. Pero lo que creo que más importa es la mentalidad que está detrás de tales opiniones.

Ellas, me parece obvio, muestran una mentalidad orientada hacia el futuro, con la que concuerdo. Pero, ese futuro se alimenta de una proyección fatalista siempre, con la que estoy en desacuerdo. Hace décadas la proyección era la de falta de alimentos, una especie de reestreno de la idea de Malthus. Ahora es la contaminación, uno de los temas sagrados de nuestros días.

No está mal preocuparse por el futuro. Es lo que toda persona prudente hace. Pero en lo que creo que existe una falla es en considerar una proyección futura como un dogma incuestionable y sobre él construir propuestas que llaman a acciones concretas, como el evitar tener hijos, para salvar al planeta de lo que un modelo de computadora ha arrojado. Otra recomendación ha sido que el gobierno debe emitir permisos de reproducción sólo a matrimonios previamente aprobados. En serio.

Pero quizá lo que más afecte es el estado mental de la persona. Lo que algunos llaman el humor personal. Y creo que quienes tales propuestas hacen, están afectados por un pesimismo intenso y una terrible falta de imaginación, la que ese pesimismo profundiza. Así es que se llega a la reducción del problema: anula al que crees que causa el mal, el que come o el que contamina.

Creo que es aquí, en el estado de ánimo, donde se marca una gran diferencia. Quien por su lado es un optimista puede ver otras cosas. Puede ver el problema de contaminación, pero no reduce sus miras al remedio extremo que una computadora ha sugerido a alguien. Seguramente el gran poder usado para tanto avance en nuestra historia podrá ser usado para conocer mejor el problema, ponerlo en perspectiva y solucionarlo.

Por supuesto, así se agravan las cosas. Pueden discutirse razonamientos y descubrimientos, con pruebas y demostraciones. Pero resultará muy arduo dialogar sobre humores y estados de ánimo, que son cosas más profundas y de las que menos conciencia personal se tiene.

Por mi parte, ante esas sugerencias basadas en el pesimismo y que tomo en serio, creo que se deben a un abandono de las creencias morales y de la naturaleza humana. Cuando alguien piensa que los humanos somos un accidente aleatorio de la existencia, no le llevará eso a nada optimista.

Pero cuando se cree que los humanos somos dignos, que tenemos valor propio, la mente se vuelve optimista y desaparecer ya no será una opción válida.


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