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Nos ha tocado vivir una época en la que parece que el tiempo no nos alcanza. Tantas actividades, distancias que recorrer, tantas tareas, compromisos, problemas… En las grandes ciudades, sobre todo, este ritmo de vida es la norma. Ante todo esto, un momento de relajación nos cae de maravilla. ¿Qué tal, por ejemplo, un masaje corporal con aceites perfumados? ¿O que tal escuchar música relajante a la luz de las velas y con inciensos aromáticos inundando nuestro ambiente? Estas técnicas de relajación no tienen nada de extraño ni de nuevo. Sin embargo, sí resulta extraño y novedoso para un católico ver a una persona en meditación frente a la Pirámide del Sol, con un Rosario en una mano y una piedra de cuarzo en la otra; o ver a la vecina rezar alrededor de una planta de maíz. En cuestiones de espiritualidad, desde hace algunas décadas se ha estado dando en nuestra sociedad una cierta cultura de la mezcla, de la indefinición y, por lo tanto, de la ambigüedad. Esta corriente cultural se llama New Age, o Nueva Era, y se caracteriza por tomar elementos de las grandes religiones, incluyendo el Cristianismo, pero más que nada de las religiones orientales, del espiritismo, de las terapias alternativas, la psicología transpersonal, la ecología radical, la astrología, el gnosticismo, el esoterismo y otras corrientes. Mezcla todo lo anterior y lo comercializa en una gran variedad de productos y servicios, como son ciertos aceites, piedras, libros, música, masajes, terapias, etc. Como tiene de todo un poco, siempre hay algo que nos identifique con ella. De ahí su éxito y su propagación en las últimas décadas por todo el mundo. Es interesante otro elemento de la Nueva Era, el hacer notar que una y otra vez a lo largo de la historia el hombre ha soñado con la llegada de una edad de oro para la humanidad, con un mundo feliz y perfecto en el que no haya ni enfermedad, ni pobreza, ni guerra, ni hambre, ni limitaciones, ni divisiones. El hombre quisiera ver el universo entero transformarse mágicamente ante sus ojos y convertirse en algo radicalmente nuevo. Quisiera librarse definitivamente de la problemática mundial que él mismo ha causado. Este sueño hoy se deja sentir con más vigor que nunca. Nuestro mundo tiene bienestar, pero no logra eliminar su pobreza; tiene libertad pero sigue esclavizándose; la ciencia, sabe mucho y resuelve problemas, sí, pero ha creado otros. Estamos técnicamente avanzados, pero espiritualmente hambrientos. Esta desilusión ha conducido a muchas personas a un vacío existencial. Surge así la cultura New Age, presentándose como una espiritualidad atractiva, otro de sus elementos, pues no tiene, ni se ajusta, a ninguna estructura, ninguna jerarquía, ningún dogma, ninguna disciplina ni doctrina. Habla de muchas cosas, un elemento de variedad, que tocan la fe católica, por ejemplo de Dios, de la creación, de la vida, de la muerte, de la meditación y del sentido de nuestra existencia, pero sólo hasta donde no la comprometa con algo incómodo como es el arrepentimiento, la confesión, el sacrificio. Se trata entonces de otro elemento, el de una espiritualidad light. Y como recurre a partes del catolicismo, es fácil asociarla con esta religión. Sin embargo, es importante notar lo siguiente: el “dios” de la New Age es una fuerza, una energía impersonal y sin nombre, mientras que en la fe católica tenemos a Jesús; el “dios” de la New Age no es el Creador, sino lo creado, un elemento adicional y muy claro. El Dios de la fe católica es infinitamente superior al hombre; el “dios” de la New Age es el hombre mismo, que está más allá del bien y del mal. En la fe católica el amor más alto es el amor a Dios y al prójimo; en la New Age el amor más alto es el amor a sí mismo, y por lo tanto, es egocéntrico. La meditación, es otro elemento de la New Age, y se orienta a descubrir y potencializar una energía cósmica interior; la oración cristiana se basa en la Palabra de Dios, se centra en la persona de Cristo, lleva al diálogo con Él, y desemboca, siempre, en el amor al prójimo y en la búsqueda del bien común. El Cardenal Norberto Rivera Carrera, de México, ha estudiado profundamente este tema, y ya en 1996, alertaba sobre el mismo en una Instrucción Pastoral Sobre la New Age que publicó en ese año. Recomendamos la lectura de este documento o un resumen del mismo que contiene 18 preguntas y respuestas básicas que el Cardenal Rivera Carrera ha publicado y fácilmente localizables. Nota del Editor Del material recomendado por la autora se citan a continuación algunos puntos básicos que añaden elementos a ese concepto tan resbaladizo de la Nueva Era
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Excelente artículo, muy exacto, atinado, dá luz sobre el asunto y le dá su justa dimensión al tema de la "Nueva Era".
Comentario del día octubre 5, 2009 a las 7:53