Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Niño, Sal de la Sala
Eduardo García Gaspar
23 febrero 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en: , , ,


Existe un punto en la vida en la que puede uno darse cuenta de un fenómeno político, el comercio del miedo. Consiste en persuadir de la existencia de una situación mala, muy mala y sobre eso convencer de que hay un sólo y único remedio: hacer lo que algún gobernante dice.

Un buen ejemplo actual es Obama. Trata, con bastante éxito, de lograr esos dos pasos.

Primero, persuadir de que la crisis actual es la peor de todas, comparable con la Gran Depresión (lo que es falso).

Y, segundo, una vez que eso se ha logrado, convencer al mayor número que su plan es el único que puede salvarnos ese gran peligro.

Hay datos que contradicen la similitud entre lo de hoy y la situación de los años 30. En la Gran Depresión en desempleo andaba en el 25 por ciento en su punto máximo. El PIB cayó 9 por ciento en 1930, 8 al año siguiente y 13 en 1932. Hubo 10 mil quiebras bancarias en 1933. En la primera mitad de los 30 la bolsa cayó 90 por ciento. La situación actual no es de este tipo.

Pero hay un problema. El comercio del miedo provoca una alteración en las expectativas futuras de las personas y eso puede llegar a ser una profecía que se cumple por sí misma.

Una vez que se ha logrado convencer a muchos de que la situación es realmente dramática, comparable con la Gran Depresión, entra en operación el paso número dos.

La situación es tan urgente que sólo se tiene una solución, la propuesta por el político. Ni siquiera entra en la discusión otra opción. Sólo la del gobernante.

Y el gobernante saca de la manga un aliado maravilloso, el libro de Keynes. Lo hace porque el economista le da una aprobación académica a lo que el político siempre desea, intervenir y gastar.

Desde luego, la receta única es la esperada, un gasto extraordinario que se justifica con Keynes: hay que defender el empleo y la única manera es inyectar dinero para hacer que la demanda se recupere.

En este punto, la mayoría de la gente concuerda con la medida. No importa que el razonamiento económico sea equivocado, se aprueban las medidas y comienza el gasto extraordinario sin filtros ni evaluaciones: lo que importa es gastar en lo que sea porque eso defenderá el empleo.

No puedo ver esto como otra cosa que un embrujo masivo, una especie de ilusión pública. El populismo del político, en ese momento, ha triunfado: la mayoría cree que no hay otra manera de salir de la crisis que darle más dinero al gobernante para que él gaste sin limitaciones y sin sentido.

Pero no importa que todo sea una ilusión masiva, el gasto comienza y cualquier cosa es vista como un signo de recuperación, pero cualquier señal negativa es considerada como un efecto ocasionado por falta de mayor gasto.

La crisis en general se prolonga más de lo necesario, pero la esperanza se mantiene y sigue el gasto. Los gobernantes hacen declaraciones y se mantienen ocupados.

Lo que quiero señalar y que creo que merece una segunda opinión es que hay otra posibilidad de acción y ella es mantener al gobierno fuera de la crisis, que no haga nada y si hace algo, es intervenir menos.

Es como cuando sacamos de la sala al niño que ha roto un florero. Antes jugó con el florero y se divirtió. Ahora que el niño ha roto el florero, lo mejor es sacarlo de la sala y dejar que otros se encarguen del desastre.

Es la misma filosofía del laissez faire: las personas comunes pueden hacerlo mejor.

Hay razones para justificar eso. Primero, la crisis fue causada por el gobierno mismo. Quiso tener un boom económico y lo logró, pero con la crisis que siempre sigue. No hay razón para que el culpable siga cometiendo las mismas tonterías.

Segundo, el gastar más por parte del gobierno supone por obligación que los burócratas gastarán mejor que los particulares.

No hay nada que justifique eso, nada, al contrario. Las personas particulares poseen más conocimiento e ingenio que los burócratas, y manejan con mayor cuidado los recursos propios.

Encontrarán soluciones más rápidas y mejores, con menos costo. En 1920-21 también hubo una crisis, resuelta velozmente, sin gobierno. Hoover hizo lo opuesto en 1929.

Tercero, el gasto extraordinario de gobierno será adjudicado a los proyectos favoritos de la burocracia, no a los que las personas hubiesen seleccionado. Y, peor aún, da oportunidad a que empresas sin futuro pidan rescates injustificados.

En otras palabras, los gobiernos no son confiables y no debe dárseles la concesión de un gasto extraordinario. Todo su gasto repercutirá tarde o temprano en los bolsillos de la gente.

En fin sólo quise llamar la atención sobre el tramposo mecanismo del político para salirse con la suya, sobre la ilusión masiva que eso produce y sobre la inconveniencia de tener a cargo de la solución de la crisis a los mismos chicos que la provocaron.

Post Scriptum

Bradley R. Schiller en Obama’s Rethoric is the Real ‘Catastrophe’ (WSJ, 13 febrero 2009) aporta datos sobre las diferencias entre la Gran Depresión y la situación actual (de allí tomé unos pocos).

La idea de un gobierno que debe abstenerse de intervenir es común y un ejemplo de ella está en Instead of stimulus, do nothing – seriously, una breve columna de Robert Higgs (Christian Science Monitor, 9 febrero 2009).

La misma idea de poner al gobierno de lado, está contenida en la columna de Marc Faber, Synchronized Boom, Synchronyzed Bust (WSJ, 18 febrero 2009):

The best policy response would be to do nothing and let the free market correct the excesses brought about by unforgivable policy errors. Further interventions through ill-conceived bailouts and bulging fiscal deficits are bound to prolong the agony and lead to another slump — possibly an inflationary depression with dire social consequences.

La dificultad que he encontrado para convencer a las personas de que es mejor sacar al gobierno de la jugada en una crisis como ésta es la percepción que se tiene: la persona cree que debe hacerse algo para remediar la crisis y es cierto, algo debe hacerse. Pero de inmediato surge la respuesta a qué debe hacerse, con una sola opción: el gobierno debe hacer algo. Es un mal razonamiento.

Sí, hay que hacer algo, pero primero la pregunta es qué y quién debe hacerlo. Responder que el gobierno es el quién y que el qué es gastar y tener déficit, es al menos miope por descartar otras opciones que pueden ser mejores. Esta es la ilusión masiva a la que me refiero.

El análisis correcto requiere aceptar la realidad de una crisis severa y decidir entre alternativas de solución. La gubernamental prolongará la crisis, la hará más cara y será pagada por generaciones futuras. La solución de libre mercado será mucho más breve aunque más severa y no será pagada por generaciones siguientes. Usted decide. Por mi parte, prefiero una dosis de medicina fuerte en corto tiempo, que un tratamiento suave muy prolongado.

Y, desde luego, un político que con toda la razón de su lado diga que lo mejor que puede hacer es no hacer nada, perderá su afrodisiaco mayor, el ser popular.

 


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Los enlaces internos de ContraPeso.info siempre serán válidos. 





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras