Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Obama en Notre Dame
Selección de ContraPeso.info
8 junio 2009
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
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ContraPeso.info presenta una idea de Antonio R. Rubio Plo. Agradecemos a Análisis Digital el amable permiso de publicación. El autor es historiador y analista de relaciones internacionales. La idea central del escrito es examinar “la costumbre de hacer brillantes exposiciones aunque sin conclusiones bien definidas”.

No es la primera vez que Obama asiste a una graduación universitaria, pero sí la primera vez que lo hace como presidente de EEUU.

La visita a esta prestigiosa universidad católica de Indiana atrajo la atención de los medios y del público asistente porque todos esperaban en el discurso presidencial alguna referencia al aborto y otras cuestiones de carácter ético o religioso.

Es evidente que esta demostración oratoria no podía ceñirse a felicitar a la promoción saliente y animarles a ser protagonistas en años decisivos para el futuro de su país. No fue un discurso, como el pronunciado en otra graduación en Knoxville hace cuatro años, en el que se hiciera un repaso a la historia americana, ni un discurso, como el pronunciado en Georgetown, con análisis y alternativas para la crisis.

Obama sabía que era una visita controvertida aunque eludió hacer un discurso que también fuera controvertido. Se le abucheó apenas había empezado a hablar porque su auditorio conocía muy bien cuál era su postura frente al aborto, pero su dominio de la palabra le proporcionó la suficiente sangre fría para no dejarse impresionar.

Tiene el presidente sobrada experiencia en otros foros de ofrecer seguridad en sí mismo y llevar el discurso a la categoría de la anécdota personal que le haga cercano a los oyentes. Este método es útil para salvar las diferencias con el interlocutor o hacerse más cercano a él si se trata de una persona afín.

Hay quien llamaría a esto pragmatismo, pero en realidad se busca dar primacía a la forma sobre el fondo. El riesgo de este método “conciliador” es que el propio discurso se haga ininteligible o falto de concreción.

Por tanto, se puede caer en la costumbre de hacer brillantes exposiciones aunque sin conclusiones bien definidas. Obama no parece plantearse estos dilemas sino salir airoso de las citas con el auditorio, sea de la composición que sea.

Es una especie de reto personal que le acompaña en toda su agenda. Un periodista poco curtido en los secretos de la oratoria tendría serias dificultades para sintetizar lo que realmente piensa Obama sobre el aborto. Pero si a muchos lectores de La Audacia de la Esperanza [un libro de Obama] les resulta complejo saber cuáles las convicciones más profundas del actual presidente, no podremos reprochar a ningún periodista no conseguir llevar a los titulares palabras claras y concluyentes.

Para empezar, el presidente no abordó el tema hasta casi la mitad de su intervención, pues antes tuvo tiempo para preguntarse en voz alta si las discrepancias son lo suficientemente fuertes como para no unir las manos en un esfuerzo común o para no demonizar a los que tienen convicciones diferentes.

Obama no se plantea en ningún momento que algunos de los bandos puede estar equivocado. Es de suponer que los dos creen estar en lo cierto, dada la fortaleza con la que defienden sus posturas. De ahí que el orador pudiera afirmar que creen en que la vida es sagrada los que se oponen a la investigación con células madres, pero también lo creen los padres que ponen su confianza en esos trabajos científicos para salvar a sus hijos.

Hay, sin embargo, una diferencia sustancial que no aprecia el presidente: para unos, la vida es sagrada en la célula más pequeña; para otros, en cambio, es sagrada cuando se ha formado plenamente en un niño. Es una frontera no pequeña, y crucial.

Es la frontera que sabe distinguir entre el puro material de laboratorio y la vida humana en un estado mínimo. La sacralidad de la vida no es lo mismo para unos que para otros.

Obama volvió a hacer uso en el discurso de una anécdota, ya utilizada en su campaña al Senado y recogida en La Audacia de la Esperanza, la de un médico, defensor de la vida, que simpatizaba con las iniciativas del candidato de ayudar a los pobres o mejorar el sistema educativo, que quería votarle aunque no estaba decidido porque creía que Obama veía a los antiabortistas como meros ideólogos que querían producir sufrimiento a las mujeres.

El médico no le pedía que cambiara de postura sino ver a sus adversarios como gentes de buena fe. Al candidato a senador le habría servido este hecho para convencerse de que es posible hallar un terreno común con quienes tienen posiciones diferentes.

Aplicado al aborto, esto sirve para afirmar que es un tema de dimensiones espirituales y morales, y que es una decisión muy dura, pues ninguna mujer tomaría a la ligera. Este es el terreno común defendido por el presidente, aunque no hay en él ninguna valoración ética sobre el aborto como tal.

Se explica porque Obama da preferencia a la elección de la mujer. De hecho, en EEUU pocos hablarán del aborto como un derecho, tal y como se plantea en otros países, sino del derecho de la mujer a elegir.

El derecho sagrado e inviolable es la libertad de elección. Podría decirse que quien elige libremente, con toda clase de informaciones, es casi elevado a una categoría moral superior. Nadie coarta mi libertad de elegir. Ante esa libertad sobran todas las explicaciones, todas las demostraciones científicas y racionales.

Nos viene a la memoria una anécdota atribuida a Nancy Pelosi, presidente de la Cámara de Representantes. Alguien le explicaba con toda clase de detalles que la vida empezaba desde el momento de la concepción, y la señora seguía muy pensativa la explicación hasta el punto de que su interlocutor podría preguntarse si había convencido a una política tan influyente.

Sin embargo, Pelosi rompió su silencio con la decepcionante pregunta de qué pasaba con la libertad de elegir de la mujer. Obama no presentó en su discurso el aborto como un bien, sino que defendió la necesidad de prevenirlo reduciendo los riesgos de embarazos no deseados o fomentando las adopciones.

Pero eludió ir al fondo de la cuestión sobre la licitud moral del aborto. No se lo plantean aquellos que sólo valoran la libertad de elegir.


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