Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
OCDE como Predicador
Leonardo Girondella Mora
17 julio 2009
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
Catalogado en:


Una propuesta de la OECD trata un tema de consideración — doce principios “para una economía fuerte, justa y limpia”. Es una especie de estándares mínimos para el relanzamiento de la economía sobre mejores bases.

Los “doce mandamientos” fueron creados por “expertos legales y financieros, académicos y políticos” —no se mencionan empresarios, ni emprendedores; el resto de la información está en la página de la organización y no la trato, excepto por un examen de esos principios.

Intentaré demostrar que esos principios de la OCDE contienen serias omisiones, algunos aciertos obvios y, sobre todo, que son mecanismos para la expansión del poder estatal. El examen es valioso para demostrar las sutiles maneras en las que se fomenta la expansión del poder de los gobiernos y se ignoran principios centrales de prosperidad.

1. “Una economía fuerte, justa y limpia debe estar basada en los valores de decoro, integridad y transparencia. Estos valores deben ser promovidos por las políticas públicas y apoyados por las empresas. Debe implantarse una vigilancia efectiva de estos principios y estándares sobre bases continuas”.

El clásico llamado a la moralidad y la ética —pero que es implantada por el gobierno como quien define a lo bueno y a lo malo y produce uno de los peores efectos no intencionales conocidos: si la ley no lo prohibe es moralmente admisible.

2. “Los gobiernos, las empresas y todas las entidades de negocios, independientemente de su forma legal, en todo el mundo deben reconocer que estos valores son la base de una economía de mercado que sirve a las necesidades y las aspiraciones de los ciudadanos en cada país, quienes merecen su respeto y confianza”.

Más énfasis en lo mismo y con olvidos fenomenales —sin claros derechos de propiedad, por ejemplo, no es posible esa economía fuerte que ansían. Tiene ese principio de la OCDE un aire amable que llama a su aprobación —pero una aprobación con graves pecados de omisión, como el olvido del papel del emprendedor.

3. “Toda reducción (race to the bottom) en estándares laborales, sociales y ambientales, y en arbitraje regulatorio entre jurisdicciones debe ser evitado mediante la cooperación internacional y la convergencia de marcos legales nacionales”.

La meta implícita es una misma regulación mundial en esos terrenos —con el problema obvio de distintos niveles de desarrollo y productividad, más la problemática de cuáles son esos estándares y quién los fija… no necesito decir quién.

4. La evasión fiscal es dañina a la sociedad como un todo y las compañías y entidades de negocios, independientemente de su forma legal, deben satisfacer sus deberes fiscales, incluyendo el respeto del ‘arm’s length principle’ en las prácticas de transferencia de precios”.

El principio del ‘arm’s length principle’ —a distancia de un brazo— solicita que los precios de transferencia entre empresas multinacionales se hagan a los precios de mercado: los mismos que se hubieran tenido entre dos empresas independientes. Esto evita que los beneficios de las empresas sean canalizados a países con impuestos más bajos.

Este cuarto mandamiento de la OCDE es más simple de expresar —pagarás impuestos y nada harás para evitarlo. Es un principio unilateral que da poder a los gobiernos y subyuga a las empresas (elevando los precios de sus productos). Otro pecado de omisión: falta el obligar a los gobiernos a tener impuestos bajos, una de las condiciones para tener economías fuertes y justas.

5. “La interacción gobierno-empresas, incluyendo cabildeo y rotación de personal (revolving door), debe ser conducida de acuerdo con principios que sean balanceados, justos, transparentes, justos para todas las partes y capaces de hacerse cumplir”.

Muy bien —es un asunto de apertura y difusión. Nada original.

6. “Las prácticas de negocios y gobierno de empresas y todas las entidades de gobierno independientemente de su forma legal —inscritas o no en bolsa, privadas o de propiedad estatal—deben asegurar rendición de cuentas y justicia en la relación entre la administración, el directorio, los accionistas y otros ‘stakeholders’. Las estructuras e instrumentos financieros no deben ser mal usados para” esconder beneficios reales, realizar acciones ilícitas, proteger activos de deudores, lavado de dinero, etc…

Políticamente correcto, muy correcto —especialmente esa mención del nebuloso concepto de los ‘stakeholders’. No es nuevo, se conoce como la obligación de respetar contratos entre partes realmente involucradas. Comete otro pecado de omisión: olvidar que el gobierno es la institución más rica y poderosa, que más que nadie tiene obligación de rendir cuentas.

7. “Debe asegurarse en reporte a tiempo y exacto de información de las actividades, estructura, propiedad, situación financiera y desempeño de las empresas”.

Si se trata de empresas inscritas en bolsa o de propiedad estatal, el principio es razonable. Aplicable al resto de las empresas, resulta vago —¿a quién le reporta la empresa de cinco empleados, o la de 200 que es totalmente propiedad de una persona? Más una omisión grande: los sindicatos y su obligación de trasparencia.

8. “Los esquemas de pago y compensación deben ser sostenibles y consistentes los objetivos y la aceptación prudente de riesgos de las empresas y todas las entidades de negocios independientemente de su forma legal”.

Muy bonito —pero debe establecerse quién define esa congruencia entre objetivos y compensación, o la aceptación prudente. Si lo hace el gobierno hay una violación de la propiedad de la empresa y el gobierno no sufre las consecuencias de sus órdenes.

9. La corrupción, incluyendo la corrupción en transacciones internacionales de negocios, debe ser establecidas como ofensas criminales y perseguidas y castigadas con efectividad”.

No hay problema —la corrupción es un obstáculo al desarrollo.

10. “El lavado de dinero debe ser considerado un crimen y el crimen de lavado de dinero debe ser aplicado a toda ofensa seria…”

Lo mismo.

11. “Toda forma de proteccionismo debe ser prohibida”.

¡Bravo! Una muestra de que pocas palabras dicen más que muchas.

12. “El secreto bancario no debe constituir un obstáculo a la aplicación de los principios mencionados, incluyendo las obligaciones fiscales en todo el mundo”.

Tiene un aire atractivo —pero de nuevo otorga aún más poder a los gobiernos. Debería haberse quizá fraseado al revés: el secreto bancario debe ser respetado y sólo podrá ser afectado en caso de pruebas sólidas en contra de los afectados.

En resumen, creo, esos doce mandamientos contienen serios errores de omisión en relación al objetivo que persiguen —y peor aún, son principios que fomentan el crecimiento del poder estatal.


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