Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Otros Cincuenta, por Favor
Eduardo García Gaspar
5 agosto 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Nada tan lleno de estupidez como la terquedad. Así decía un amigo al hablar de las acciones gubernamentales: las burocracias son como dinosaurios intentando hacer filigranas en una joyería. Recordé esto con una noticia de la BBC y aparecida en muchos otros medios.

Raúl Castro, ahora presidente en Cuba, de un gobierno monopartidista, dijo que estaría dispuesto a establecer un diálogo con los EEUU, pero que no se esperara que su país cambiara su sistema comunista. Cambiarlo como condición de diálogo es una opción impensable, según él.

La sesión en la que dijo eso, en el parlamento cubano, si es que puede decirse así, fue ovacionada de pie. Añadió que él no sería quien cambiara el sistema comunista cubano por uno capitalista. Todo esto sucede por un par de causas.

Primero, medidas de mejora en la relación por parte del actual gobierno de EEUU, el que ha hablado de reformas en la isla. Segundo, porque el que habla en la isla y los que le aplauden perderían sus puestos en caso de reformarse el comunismo en Cuba. Nadie quiere perder su estándar de vida.

La retórica de Castro fue la obvia, hablar de un “diálogo respetuoso entre iguales”, mencionar el embargo de EEUU y dirigirse “con respeto” a la liga que desea hacerse por parte de otros gobiernos entre el diálogo con el gobierno de Castro y las reformas en su país.

Dijo que él “había sido elegido para defender, mantener y continuar perfeccionando al comunismo, no para destruirlo”. ¿Elegido? La verdad sí, gracias a una enfermedad de su hermano y no por medio de votaciones entre dos o más partidos. Pero lo que más llama la atención es otra cosa.

A principios de 1959, concretamente en febrero, Fidel Castro se convirtió en la cabeza política de Cuba. Si mis cálculos son correctos, Fidel Castro ha implantado su sistema durante 18,448 días, es decir, 50 años, 6 meses y 4 días (hasta ayer). Son 2,635 semanas. No está mal para darle una oportunidad a alguien que pide que le dejen probar un sistema que él insiste que es el mejor.

Por tiempo, el gobierno de Cuba no puede expresar reclamos: medio siglo de comunismo y ahora Raúl Castro sale con eso de “defender, mantener y continuar perfeccionando al comunismo, no para destruirlo”. ¿Necesita más tiempo? Japón necesitó menos para convertirse en potencia. El PIB de Japón per cápita es de más de 35 mil dólares. El de Cuba es de 4 mil.

¿Perfeccionar el sistema comunista? Si en verdad se quisiera hacer, el perfeccionamiento podría hacerse: bastaría con seguirle llamando comunismo pero copiar el sistema de Japón, o algún otro similar. Y, sin embargo, la terquedad, como mi amigo decía, es hija de la estupidez. No es algo nuevo, ni algo que no se conozca ya.

Si cualquier persona usa un sistema el que sea, y no le da resultados, al poco tiempo lo cambia o reforma. Esta práctica, que en el fondo es reconocer errores, es algo desconocido para los gobernantes. Para ellos su sistema es el mejor y punto. Si acaso llega a fallar, podrán culpar a todos, menos a su sistema. ¿Cuáles son las causas de tan curioso fenómeno? Varias han sido apuntadas.

Una de ellas es la soberbia del gobernante, la que le impide reconocer que se ha equivocado. Ver a un político reconociendo un error grave suyo es un evento muy improbable.

Otra causa mencionada ha sido el ignorar a la realidad: el gobernante se engaña a sí mismo y crea una fantasía propia a la que toma como real. Obviamente creerá que él la puede manipular a su antojo (la actual crisis económica es en el fondo una combinación de soberbia e ignorancia de la realidad).

También se ha hablado del interés propio del gobernante: es capaz de mantener un sistema fracasado si es que eso le beneficia personalmente. Bajo el sistema japonés, Raúl Castro arriesgaría su posición, sus privilegios y sus ingresos, en elecciones (lo mismo le sucedería a los legisladores cubanos).

Otra de las causas del mantenimiento de sistemas fracasados, es la de recursos de que los gobiernos disponen para mantenerlos. Los subsidios soviéticos a la isla son un ejemplo de esto. Otra fuente de recursos para sistemas fracasados, son los sacrificios de sus ciudadanos: su bienestar posible se anula en beneficio del mantenimiento de una terquedad.

El discurso de Castro, de hace unos días, fue realmente notable. Un caso digno de ocupar el tiempo de un salón de clases como ilustración de lo que es la terquedad.

Post Scriptum

Los datos del PIB son de WolfranAlpha (4 agosto 2009)

• El Diario Exterior.com reportó el 10 de agosto:

El último informe de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) denuncia que la situación de los Derechos Humanos en Cuba no ha variado desde que Raúl Castro sustituyera a su hermano Fidel como presidente. La cifra de arrestos de disidentes de enero a junio de 2009 fue de al menos 532 y la de presos políticos en las cárceles castristas sufrió un “repunte negativo” al pasar de 205 a 208 del año pasado a este.


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