Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Parálisis de Inconsistencias
Leonardo Girondella Mora
27 agosto 2009
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia ha sido reproducida, comentada y citada en todas partes. En una mala noticia y por eso ha recibido tanta atención: el desempeño de la economía mexicana ha sido terrible. Se redujo en 10% el PIB real durante el período del segundo trimestre del año. Es una caída enorme. Si a usted le preguntan la causa, podrá responder con total seguridad:

“Una combinación de muchas variables, la mayoría de ellas externas al país y al gobierno”.

Y tendrá razón. Pero el problema es que es una buena respuesta a la pregunta equivocada. No debía preguntarse sobre las razones de esa caída del PIB. La real y verdadera pregunta que debe ponerse sobre la mesa es otra, que es aún más temible que esa caída. ¿Por qué razones México ha tenido un desempeño económico tan pobre las últimas dos décadas y más? La respuesta, no importa la que se dé, tendrá que evitar culpar a sucesos externos e involuntarios.

Un crecimiento económico de tan baja escala y durante tanto tiempo no puede tener un origen extranjero. Necesariamente sus causas son internas. Y más aún, no pueden ser involuntarias ni debidas a sucesos fuera del control nacional. Concluir esto ya es ganancia. Entonces, si a usted le hacen la pregunta, podrá responder:

“El bajo crecimiento económico del país se debe a una multitud de causas internas y voluntarias, es decir, intencionales”.

Y tendrá la razón, toda la razón. Pero aún así queda por determinar cuáles son esas causas internas y voluntarias. Si acaso le preguntan cuáles son ellas, por favor, no lo haga con la respuesta estándar, sin sentido y vaga que tantos usan. Demasiados responden que el bajo crecimiento se debe al modelo económico que tenemos y que, por lógica, debe cambiarse el modelo. Es una respuesta que parte de una premisa falsa.

Si alguien dice que tenemos un mal modelo económico y que debemos cambiar a otro, esta suponiendo sin remedio que el país tiene un modelo. No lo creo. No tenemos un modelo económico. Lo que tenemos es un revoltijo de situaciones, políticas, leyes, disposiciones, mentalidades y otras cosas que impiden tener un modelo. Lo que tenemos es un desorden paralizado de situaciones contradictorias. Un galimatías monstruoso que no puede moverse.

¿Somos un país liberal? No, claramente no y las evidencias son abrumadoras. ¿Somos un país socialista? Tampoco realmente, aunque hay situaciones que en parte lo prueban. Más bien somos ese desbarajuste agarrotado. Un revoltijo incoherente mantenido por décadas.

Ya que sabemos que el crecimiento económico no es posible dentro de una babel desconcertante de leyes, instituciones, disposiciones y políticas incongruentes e inarticuladas, al menos tenemos una explicación más prometedora.

No es que haya fallado el liberalismo en México, lo que hemos probado es que no puede haber prosperidad en medio de un fandango incoherente de inacción miope. Tampoco es que haya fallado el socialismo en México en las últimas dos décadas. Es que ni siquiera lo hemos aplicado a pesar de saber que no funciona.

Estamos en una especie de estado catatónico, una acinesia que atrofia toda acción de posible remedio. Si acaso se pretende tener una ley seria y efectiva, es tal la oposición política que al darse gusto, atrofia todo de nuevo y prolonga la akinesia o parálisis.

Ha sido dicho que la crisis es una oportunidad para realizar reformas estructurales, que no son más que medidas modernizadoras y de fondo en el aparato gubernamental. Se trata de ponerlo al día, traerlo al siglo 21. Sin embargo, proponer esto de realizar reformas esenciales, que es bueno, adolece de un defecto: supone que existe la capacidad de acción para implantar tales cambios.

Lo que bien vale una segunda opinión es el sugerir que el primer paso no es implantar una primera reforma, la que sea, sino otro muy distinto: echar a andar a los tres poderes del gobierno y, sobre todo, a los partidos que lo dominan.Porque, si tengo la razón, y a usted le preguntan cuál es la causa del mal desempeño de la economía, podrá responder:

La causa es interna, voluntaria y tiene su origen en la parálisis gubernamental que produce un estado estacionario, cuyo origen está en la lucha partidista. Y no es un problema de tener un mal modelo. Ni siquiera tenemos un mal modelo. No tenemos ninguno.

Post Scriptum

En enero de 2009 escribí sobre este mismo fenómeno de acinecia o akinesia y que tiene su antecedente en uno de los escenarios posibles de la política mexicana y que data originalmente de 2001, siendo de nuevo apuntado en 2005 y en 2008. No es algo desconocido, pero sí es algo que no ha sido conectado en una relación causal con el mal desempeño de la economía mexicana.

Los socialistas culpan al neoliberalismo de ese mal desempeño y lo hacen más por reflejo condicionado que por razones sólidas. Los liberales en lo general señalan que México no es un país liberal, en lo que tienen razón, pero olvidan que la causa real del desempeño consistentemente malo es política y no económica. Los partidos políticos, al tener como prioridad el avance de sus posiciones de poder, frenan toda iniciativa, buena o mala, de solución.

Akinesia (del prefijo griego a-, “sin”, y del griego κίνηση, kinisi, “movimiento”) es la inhabilidad de iniciar un movimiento debido a la dificultad de seleccionar o activar programas en el sistema nervioso central. Esta es la definición médica que da Wikipedia. Y puede ser adaptada con facilidad a este caso: la incapacidad e inhabilidad de lograr acuerdos sobre iniciativas de gobierno por causa de la dificultad que se presenta en los gobernantes de pensar en otra cosa que no sea su avance personal.


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