Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Peligros en Paréntesis
Eduardo García Gaspar
18 marzo 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Escuché la usual andanada de ataques que son reservadas a ciertas instituciones y que siguen un patrón que es muy interesante de examinar. La persona que escuché trató el tema de manera breve, muy breve, dando por supuesto que todos los que le escuchábamos pensábamos lo mismo.

En menos de un minuto, ella mencionó a la Iglesia Católica, lo rica que era y la dramática caída de fieles que ella sufría. No son menciones aisladas. Se oyen con frecuencia cosas como éstas. Muchos las dan por supuestas y eso es suficiente como para presentar la imposibilidad de resistir la tentación de poner las afirmaciones en tela de juicio.

Picado por la curiosidad busqué información reciente. Encontré lo siguiente en Foreign Policy sobre el tema. ¿Decrece el número de católicos? La revista da cifras: en 1900 había 266 millones de católicos y en 2000, ese número fue de poco más de mil millones. No está mal, es un crecimiento superior al de la población mundial.

Pero ese crecimiento no es igual en todas partes. Europa sobre todo, es una zona en la que decrece, pero crece en Asia, Africa y América Latina. El porcentaje de crecimiento en África es de 6,700%, según la misma fuente. Las comparaciones son fascinantes: hay más católicos en la India que en Canadá e Irlanda combinadas.

La problemática parece ser otra, no la de una religión en picada, sino la de una religión en crecimiento en muchas partes, pero no en otras.

La otra parte de lo que escuché, hablaba de la riqueza vaticana. Se refería a un capital obsceno y que era insultante. Foreign Policy también tenía algunos datos de los que tomo partes. Primero, no puede hablarse de pobreza. Tiene recursos y se notan, pero no constituye un capital de tamaño legendario.

La fuente hace una comparación. El Vaticano tiene un presupuesto anual de 400 millones de dólares y se estima que sus inversiones son de mil millones. Esto para una iglesia con mil millones de fieles. La Universidad de Harvard tiene un presupuesto de 3 mil millones. Y Oprah Winfrey posee 2.5 mil millones de patrimonio. El gasto del gobierno federal en México es 250 veces mayor que el del Vaticano. Los mayores presupuestos del mundo pertenecen a los gobiernos.

No intento demostrar que las afirmaciones que escuché son al menos dudosas. Los datos de la revista son una buena prueba de ello. Pero si intento mostrar un caso de percepciones mantenidas y difundidas, incluso en ocasiones en las que el tema no es central. La persona a la que me refiero hablaba de cine y sus decires sobre esa iglesia eran simples paréntesis muy cortos a los que no dio importancia.

Se parecen a las leyendas urbanas, esas historias en extremo raras y lo suficientemente atractivas como para ser difundidas por todas partes asegurando casi siempre que le sucedió a alguien que uno conoce. En el caso que narro se trata de leyendas también: afirmaciones que son tomadas como ciertas y sin necesidad de pruebas.

Digo, porque al fin, todos saben que esa iglesia nada en millones de dólares y que el número de fieles que tiene está disminuyendo notablemente. La prueba ofrecida es la de que todos lo saben, o que todos lo aceptan, o todos lo creen. Es el producto de uno de los rasgos más humanos que tenemos: nuestra irresistible tendencia a opinar.

El homo sapiens es un ser opinador. Está en su misma naturaleza tener opiniones y no debe ser sorpresa alguna. El poder pensar por necesidad lógica incluye la emisión de opiniones. El problema no reside en eso, sino en la omisión del paso previo a la emisión de una opinión, el pensar.

Leí en algún sitio que la cantidad de opiniones emitidas por las personas está en proporción inversa al conocimiento que ellas tienen del tema. Es decir, cuanto menos se sabe, más se opina. Hay una buena dosis de razón en esto. Un economista amigo se lamentaba de la cantidad de opiniones sin sentido que emiten en los medios noticiosos.

Tanta es la costumbre, que he escuchado a personas que distinguen entre opinión y juicio crítico, para separar a lo que no tiene fundamento de lo que sí lo tiene. Sea lo que sea, la muestra de opinión que he mostrado apunta otro rasgo humano, el de la comunicación: las opiniones se pueden difundir mucho y convertirse en verdades aceptadas sin solidez.

A eso se le suele llamar prejuicios y se le consideran negativos, propios de personas sin criterio y encasilladas en posiciones débiles. Pero cuando esos prejuicios son tan masivos que nadie los detecta, entonces comienzan los problemas.

Post Scriptum

La Foreign Policy usada fue el ejemplar de noviembre diciembre de 2008.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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