Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Precios: Sistema de Información
Leonardo Girondella Mora
6 mayo 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Ha sido dado en llamar a estos tiempos la Edad del Conocimiento, la Edad de la Información y otros calificativos de igual naturaleza —es en verdad una exageración impresionante, como si en otros tiempos no hubiera existido ni la información ni el conocimiento.

Lo que sí es cierto es que ahora se reconoce que el conocimiento es importante y que vale en sí mismo. Este es un paso importante que tiene la virtud de alejar nociones truncadas, como las marxistas que, por ejemplo, entendían el manejo de las empresas como una función contable y de control que cualquiera podría realizar.

Enfatizar al conocimiento hace resaltar la labor del emprendedor —ése que es capaz de ver la realidad y conocer algo que le motiva a emprender alguna acción: estudiar cierta carrera, abrir un negocio, lo que sea. Lo que esto revela es una realidad impresionante y de amplias consecuencias.

Nadie, absolutamente nadie, tiene toda la información que sería necesaria para planear una economía. Pero esa información existe y es real —lo que sucede es que nadie tiene la capacidad de concentrarla, mantenerla al día y procesarla para sacar de ella conclusiones que lleven a acciones razonables.

La información existe, el conocimiento está allí, pero no puede capturarse centralmente —el conocimiento está disperso entre las personas: cada una de ellas sabe algo y sobre ese conocimiento actúa. Más inclusive: mucha de esa información que está dispersa en la gente no puede medirse, ni siquiera ponerse en palabras claras.

Si se toma el tema del valor de los bienes, por ejemplo, cada uno de ellos recibe una valoración en cada persona: 100 personas accediendo a 100 bienes en 100 momentos diferentes producirán un millón de valores diferentes —imaginar las cifras de un país con 100 millones de habitantes, millones de bienes y una cantidad incalculable de circunstancias, dará una idea de la imposibilidad de hacer cálculos con esa información.

Además, es imposible medir la utilidad que cada bien tiene para cada persona en cada circunstancia. No hay escala de medición posible. Es decir, insisto, no puede planearse centralmente una economía porque es imposible disponer de la información y el conocimiento que eso necesitaría.

Por consecuencia, quien planea una economía centralmente solamente podrá lograr una cosa: imponer en el resto su conocimiento que es necesariamente incompleto y sus valuaciones que son obligadamente personales.

Pero la información existe. Ella está dispersa. No puede concentrarse, ni acumularse para tomar decisiones económicas centralizadas. Lo único que puede hacerse es dejar que las personas decidan con la información que ellas conocen. No es posible hacer más allá de esto.

Lo anterior plantea un problema —el de la transmisión de la información entre las personas, millones de ellas actuando a diario con cientos de decisiones. Se necesita un sistema simple, capaz de ser comprendido por todos, una especie de lenguaje que todos conozcan en todas partes. Se necesita que ese sistema ser rápido, que las personas conozcan lo más velozmente la información.

Y se necesita que tenga utilidad real, que contenga información fiel a lo que en verdad sucede. El sistema que describo existe —ha existido por siglos y es asombrosamente eficiente: simple, sencillo, claro, rápido, real y permite tomar decisiones. Es el sistema de precios de los bienes.

Las anteriores ideas explican una parte de las tesis de la Escuela Austriaca de Economía. Uno de sus miembros, Friedrich August von Hayek (1890-1998), sostiene que el problema central de la economía es cómo la interacción espontánea de las personas, cada una con información parcial, crea una situación que sólo podría se capaz de ser creada por alguien que pudiera contar con el cúmulo total de esa información.

Ya que no es posible acumularla, ni siquiera medirla, aún menos mantenerla actualizada, la Economía debe estudiar esa interacción espontánea de personas que actuando por sí mismas logran una situación que concebiblemente sólo podría lograrse centralmente. La respuesta es el sistema de precios, como un sistema de información y comunicación.

Lo que quiero apuntar es un cambio absoluto del que muchos aún no están conscientes —los precios son un sistema de comunicación de información para las decisiones de las personas. Interferir ese sistema es igual a distorsionar la información real y provocar decisiones equivocadas en la gente.

Si son estos tiempos unos en los que se habla de la información y el conocimiento como activos valiosos —y en verdad lo son—, resulta incongruente no entender que el sistema de precios es también uno de información necesaria para el bienestar de las personas. En la medida en la que se interfiera con ese sistema de información real, se alteran las acciones de las personas y se les daña.

Interferir con los precios, por el motivo que sea, resulta dañino al final. Hacerlo sería equivalente a alterar los resultados de análisis médicos en un hospital por parte de su director general —sus objetivos pueden ser admirables, pero la información alterada llevará a enfermos y doctores a decidir tratamientos equivocados.

La explicación anterior es razonable y supera a las otras que sostienen que no sólo es posible, sino deseable que se intervenga en el sistema de precios reales. Sobre esto puedo hacer algunas consideraciones:

• ¿Es posible intervenir alterando los precios que se lograrían en un sistema espontáneo y libre? Desde luego, es posible y sucede continuamente. Uno de los ejemplos más usados recientemente es el de la fijación de la tasa de interés en los EEUU —ella fue reducida con la intención de inyectar dinamismo a la economía: las personas recibieron una información falsa y tomaron decisiones erróneas que produjeron una crisis grave.

• ¿Por qué aún sabiendo eso se mantienen las decisiones de alterar los precios? Es un asunto alejado del conocimiento que ya se tiene —si se sabe que alterar los precios reales produce daños y a pesar de eso se realizan las alteraciones, la explicación debe encontrarse en las personas que lo proponen y realizan.

Es posible que ellas sufran de desconocimiento —que no sepan que los precios son un sistema valioso de información que se usa para tomar decisiones que afectan a las personas. Es un problema de ignorancia.

Es posible que ellas padezcan de inclinaciones ideológicas que les lleven a rechazar el entendimiento de los precios como un sistema de información —es decir, saben que existe la idea de que los precios son un sistema vital de información, pero niegan que esa noción sea cierta y creen que es cierta la idea opuesta, la de que sí es posible alterar los precios. Es un problema de terquedad.

Es posible que ellas reconozcan que el sistema de precios es vital y que alterar los precios lleva a consecuencias futuras dañinas —saben eso y a pesar de ello, proponen alterar los precios por algún motivo. Es un problema emotivo.

Es posible que ellas reconozcan que el sistema es real, que no debe ser interferido, pero lo hacen a pesar de conocerlo porque ello les lleva a lograr popularidad política. Es un problema político.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



1 comentario en “Precios: Sistema de Información”
  1. La tarea más difícil | QUE NO TE PISEN




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