Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Predecir la Predicción
Eduardo García Gaspar
19 junio 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Era 2003, o algo así. El hombre entró a la reunión. Llegaba tarde. Todos habíamos llegado a tiempo. Con una falta de aliento notoria, se excusó y dijo haberse retrasado por estar escuchando la radio: un experto había predicho que los huracanes serían ese año numerosos y de una fuerza devastadora, y nos pidió a todos que debíamos tomar medidas urgentes para prevenir daños.

La temporada de huracanes comenzó a principios de este mes y las predicciones harán su presencia inevitable. Lograrán tener encabezados de noticias y aumentar las dotes dramáticas de los conductores de programas noticiosos. Es parte de nuestras inquietudes humanas. Vivimos fascinados con la idea de predecir el futuro, incluso a pesar de fracasos constantes.

En 2005, por ejemplo, se predijo que se tendrían entre once y catorce tormentas tropicales y seis o siete huracanes. El promedio de los cinco años anteriores era catorce tormentas tropicales y siete huracanes. Fue el año de Katrina, de 13 huracanes, de 27 tormentas. Las predicciones basadas en El Niño o La Niña, son igualmente pobres (C. Bialik, WSJ, 29 abril 2009).

Si no ha habido tanta atención en las predicciones de tormentas, quizá se deba a las noticias económicas.  Y hablando de lo económico, ¿pudo predecirse la crisis? No importa si se podía haber hecho o no, la realidad es innegable: aunque pudiera haberse predicho, nadie o muy pocos lo habrían creído. Toda predicción tiene fuerza en proporción inversa al sentido común que tiene.

A menos sentido común y más insostenible, más fuerza tendrá la predicción de un suceso dramático. Los escenarios apocalípticos son clásicos: se había predicho hace décadas que no llegaríamos al siglo 21 por falta de comida, recursos naturales y contaminación.

Pero si la predicción tiene sentido y es razonable, suele ignorarse: lo que se sabe de economía indicaba el riesgo de una crisis muy probable por causa de un manejo laxo del crédito.

En un programa de radio, escuché la mención de no sé qué persona, un financiero de EEUU, que se decía había sido el único que había predicho la crisis de 2008 y que eso hacía obligatorio que se le escuchara como un personaje que sabía más que todos. Quien dijo todo eso, obviamente no conoce mucho.

Primero, es muy dudable que fuese el único que había previsto la crisis. Predecirlas es un deporte común. Más aún, hay muchos libros que analizan causas y efectos de ciclos económicos, escritos hace décadas y que pronostican lo que sucede después de bonanzas económicas artificiales.

Sean huracanes, crisis económicas, desaparición de especies, o lo que sea, no sobran las predicciones futuras. Hay tantas que el talento para anticipar hechos futuros no es tan vital como el talento para discriminar entre esas predicciones. La mayoría de ellas sirven de nada, excepto para ser causa de errores serios.

El futuro es por naturaleza misma impredecible. Si pudiese predecirse, nuestro mundo sería muy diferente. Totalmente distinto. Y, sin embargo, como el resto de nuestras vidas la pasaremos en el futuro, es natural que nos ocupemos de él. No estamos maniatados, sin embargo. Podemos hacer algo.

Tenemos la capacidad para encontrar relaciones de causa y efecto, lo que es de gran ayuda. Estas relaciones nos permiten predecir muchas cosas, como que un avión se elevará bajo ciertas condiciones, o que algo explotará si se mezclan ciertas sustancias. Esas predicciones son simples, en modelos controlados. Predecir sucesos más complejos es imposible o casi.

Cuando interviene el azar y la conducta libre de personas, eso es imposible. Pero aún así, podemos entender algo. En un modelo simple es perfectamente posible entender relaciones de causa y efectos en economía y hacerlo con solidez, pero llevar esos razonamientos a la vida real y hacer predicciones es introducir muchas variables desconocidas, cuyos efectos también son desconocidos.

Por ejemplo, ahora mismo, las medidas contra la crisis en los EEUU, basadas en incremento de gasto público, déficit gubernamental y mayor intervención en los mercados, permiten pronosticar un futuro con riesgo inflacionario, con mayores impuestos y un crecimiento dudoso.

En fin, si nos preocupa el futuro eso es natural y lógico. Pero debemos tener cuidado con las predicciones que hacemos y en esto necesitamos un talento muy escaso. Cualquiera puede hacer predicciones, incluso leyendo cartas, pero discriminar lo razonable de lo que no lo es, es una tarea más sutil, a la que estorba nuestra tendencia a volvernos crédulos ante las predicciones más alocadas e imposibles. Debemos aprender a predecir las predicciones.


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