Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Principio de Solución
Eduardo García Gaspar
3 marzo 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Si hay un trauma económico, ése es el de la Gran Depresión. Y lo es por una causa, iniciada en 1929, ella duró once años. No es para menos. Ha sido la depresión, recesión, o como quiera llamarla, más prolongada. Pero no ha sido la única. Antes de ella, en los EEUU, se tuvieron varias.

Una de 1899 a 1900, otra entre 1910 y 1912. La inmediata anterior es la de 1920-1921. Todas breves, de unos meses o muy pocos años, como la de 1819 a 1812. La más combatida de todas ellas fue la Gran Depresión, la de más larga duración.

Las imágenes cinematrográficas de la Gran Depresión, adicionalmente, han sido repetidas una y otra vez en los medios, sobre todo las de largas filas de desempleados. La carga emotiva es grande.

Más aún, la Gran Depresión acarrea una imagen falsa, la de haber sido creada por un capitalismo sin límites en los años anteriores a 1929, esos Fabulosos 20. La realidad es opuesta: esos fueron años de fuerte intervencionismo estatal.

Pero la realidad poco puede contra la percepción y que se sustenta en una creencia, la de que el capitalismo tiene en su misma naturaleza la inevitable creación de ciclos de expansión y recesión. Hasta el punto en el que, se dice, será imposible que el capitalismo sobreviva al gran cataclismo final que le espera sin remedio.

Creo que esa idea tiene su origen en Marx o quizá antes. Sea lo que sea, la noción sobrevive y ahora mismo se tiene. En varias partes he leído que (1) las crisis son inherentes al capitalismo y (2) que ellas traerán sin remedio su desaparición. La espera desde el siglo 19 ha sido en vano.

Hay otra idea que también intenta explicar la existencia de crisis. Es la opuesta a la que dice que las crisis son naturales al capitalismo. Esta otra explicación es la que asigna la secuencia de los ciclos de expansión y recesión como conectados entre sí, de tal manera que no se tendría una recesión si tampoco existiera esa expansión.

Lo que esta explicación alterna ofrece es una causa monetaria: si existe una expansión monetaria y crediticia, afirma, a ella seguirá una crisis al no poder sostener esa expansión. Es una explicación más analítica y seria que la anterior y, por ejemplo, dice que una reducción artificial de la tasa de interés crea un boom artificial, que manda señales falsas a los inversionistas que así toman decisiones erróneas simutáneas.

La crisis estalla en el momento en el que se seca la fuente de crédito y la gente se da cuenta de los errores cometidos y las consecuencias que ellos tienen. Inicia entonces un proceso de corrección de errores y que recibe el nombre de depresión. No es casualidad que estas consideraciones teóricas tengan una asombrosa coincidencia con la realidad actual.

A todo esto, debemos agregar una complicación que es espectacular: la imposibilidad de tener un laboratorio que pruebe las explicaciones de las depresiones, sean las que sean. Todo porque la economía es extremadamente compleja como para aislar variables en la práctica. Las consecuencias de la dificultad de análisis son tremendas.

Por ejemplo, es posible que una mala medida económica sea aplicada y tiempo después se vea alguna recuperación. O que una buena medida sea anterior a un mal resultado económico. Las causalidades son tan complejas que esas situaciones pueden darse y causen peores problemas aún, al desorientar las medidas correctivas.

Las cosas se complican aún más por las rivalidades políticas entre los gobernantes y sus inclinaciones ideológicas. Este síndrome es el que lleva a ilusiones, como la de Roosevelt y su New Deal, a pesar de fuertes evidencias en su contra. Es decir, las rivalidades políticas oscurecen nuestra única vía de remedio.

Esa vía es el uso del sentido común, aislado de influencias políticas y de creencias ideológicas. El que por oponerse a Bush, por ejemplo, aprueba lo que Obama haga (o viceversa), camina al despeñadero. Las dos administraciones son parte de las mismas equivocadas ideas, las de creer que la economía es simple de manejar.

Una vez que nos hemos quitado de encima la mala carga de las simpatías y antipatías por los gobernantes y sus partidos, podemos ver mejor el asunto y aplicar nuestro sentido común.

En esto, creo sinceramente, radica la clave de la solución de esta crisis y esa clave está basada en un principio inicial muy obvio: si al menos se reconociese que las acciones de las personas forman un sistema muy complejo e interconectado, entonces podríamos entender el por qué un paquete de estímulo económico a la demanda es un error que puede prolongar la crisis. El intentar estimular el gasto es una solución demasiado simple.

Post Scriptum

Creo que es obvia la influencia en lo anterior de las ideas de Rothbard, Murray N. America’s Great Depression. BN Publishing, 2009, en sus consideraciones introductorias. De allí tomé los datos de crisis anteriores y la fascinante idea de la imposibilidad de tener un examen de laboratorio de las crisis.

 


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas. 





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