Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Privilegios versus Libertad
Eduardo García Gaspar
17 abril 2009
Sección: FAMOSOS, LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La vida de un tipo que se llamaba Anne Robert Jacques Turgot (1727-1781) tiene enseñanzas de consideración. Turgot es relativamente desconocido a pesar de ser un economista brillante, que es lo que nos presenta la primera enseñanza, la de que las súper estrellas intelectuales inhiben el conocimiento.

Adam Smith, es más conocido que Turgot, pero no necesariamente una mente mejor. Turgot fue del grupo de los Economistes franceses, gente de gran talento. Mientras que Smith fue un académico que reunió en su obra ideas de muchos otros, Turgot escribió mucho menos, pero enfrentó situaciones reales en su país en el siglo 18.

Siendo una especie de gobernador, intendente de Limoges, enfrentó una situación muy clásica. Los panaderos estaban protegidos de la competencia externa y habían pedido un aumento del precio del pan. Los tiempos no han cambiado mucho. Lo mismo hacen muchas empresas pidiendo protección de la competencia internacional.

Lo que Turgot hizo fue lo debido. Permitió la entrada de pan de otras regiones, quitando el privilegio de esos panaderos. La reacción de ellos es fácil de imaginar. No creo que tuvieran retratos de él en sus instalaciones. Lo mismo pidió para otro producto protegido, el hierro francés. Debía importarse hierro del exterior.

Durante un tiempo, estuvo en el ministerio naval, el que se encontraba en un estado desastroso. Propuso que se aumentara la flota de barcos, pero comprándolos en Suecia, porque eso significaba un ahorro de un 40 por ciento. También es fácil imaginar la reacción en contra de la propuesta.

Igual que actualmente, se alegaría que la compra en el extranjero produciría desempleo local. Turgot sabía más. Los suecos compraban vino francés, textiles franceses y otras materias, como azúcar y café de las colonias francesas en América. A todos convenían esos intercambios.

Llegó a ser sólo durante un par de años el ministro financiero de Luis XVI, a quien hizo prometer que no contraería deuda pública. Turgot alegaba que esa deuda producía tarde o temprano bancarrotas o más impuestos, a los que aborrecía y veía como causa de miseria (Turgot se opondría a lo que actualmente se hace de tener dédicit púlico). Esa disciplina le valió el desagrado de la reina: se negaba a favorecer a los amigos reales.

Igual se negó a aceptar ingresos personales que le eran dados por los gremios al renovar sus concesiones. La personalidad del francés nos enseña dos cosas interesantes.

• La más obvia de ellas es un entendimiento de la ciencia económica como una ampliación del sentido común: con un poco de talento, experiencia y prudencia es relativamente sencillo saber lo que se debe hacer en economía.

• Pero la mayor de todas las enseñanzas que creo que deja la vida de Turgot es la enorme dificultad que se tiene al tratar de lograr que la economía funcione razonablemente bien. Se opondrán a ello gente como los panaderos de Limoges, o las empresas que buscan ahora que el gobierno impida la importación de artículos competidores.

Dificultarán la tarea todos aquellos que obtengan privilegios gubernamentales de los que deriven rentas, como sindicatos y otros gremios. Ellos comparten con los gobernantes esas rentas y ninguno de ellos está dispuesto a perder sus ingresos. Los fabricantes de hierro, como los sindicatos de monopolios estatales ahora, dependen de favores legales a los que no renunciarán sin fuerte oposición.

El tema bien vale una segunda opinión para traer al presente las experiencias pasadas y que revelan una llamativa oposición. Para Turgot los préstamos al gobierno son malos por las consecuencias que tienen, especialmente el producir impuestos futuros. Y sin embargo, en el presente se está suponiendo que el déficit público es bueno, lo que significa deuda pública.

Se desean establecer límites al comercio internacional, como el impedir la entrada en EEUU a transportes mexicanos, o castigar la fundación de empleos en el exterior. Lo opuesto a lo que Turgot pensó.

Me imagino que la situación puede ser descrita como una oposición entre el sentido común y los intereses gremiales. La reina francesa, María Antonieta, no quería a Turgot por no permitirle gastar sin discriminación. Los gremios e intereses corporativos no gustan de gobiernos que les quitan privilegios. Quizá la enseñanza mayor sea ésa, la de la oposición de los interesas especiales en contra del sentido común y de las reformas económicas. La similitud con el presente es asombrosa.

Post Scriptum

Los datos fueron tomados deTurgot, Anne Robert Jacques. The Life and Writings of Turgot: Comptroller General of France 1774-76 [1895]. Kessinger Publishing, LLC, 2007.


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