Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué Más Quieren?
Eduardo García Gaspar
29 junio 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es como ver una película de Igmar Bergman, que nadie entiende, pero que los intelectuales aplauden. O como leer un libro incomprensible, que los críticos alaban hasta el éxtasis. Un punto de arranque es reciente, pero no es el único.

Una guardería infantil, franquicia de un organismo estatal en México, sufre un incendio en el que fallecen decenas de niños. Las instalaciones, se sabe después, no cumplían con requisitos de seguridad que se presuponen son obligatorios.

La responsabilidad de eso, sucedido en Hermosillo, Sonora, México, se esparce, se esfuma, en los niveles de una burocracia en la que no existe un sistema de responsabilidades asignadas. Son tantas as dependencias, leyes, reglamentos, organismos y niveles, que encontrar responsables es imposible.

Es lo normal en un sistema de esas características, laberíntico, confuso, múltiple, vago, difuso. Funciona igual en lo que sea que haga. Quien abre una empresa entra al enredo también, enmarañándose dentro de redes complejas en las que nadie es responsable. Igual le sucede al que presenta una denuncia de robo.

Los sucesos de Hermosillo llaman la atención por la pérdida de vidas, un capítulo excepcional por sus dimensiones, pero es en esencia igual a los capítulos de la vida de los ciudadanos normales que deben cumplir con trámites, leyes y visitas a una autoridad que ha sido diseñada por Kafka, Buñuel y Dalí.

Lo fascinante es que lo de Hermosillo es una muestra de lo que sucede cuando los gobiernos se hacen cargo de lo que no les corresponde: lo hacen mal y dentro de un sistema en el que es imposible encontrar responsables. Es una muestra de lo que sucede cuando se tiene un estado de bienestar.

La definición de estado de bienestar dice que es el gobierno que toma para sí la responsabilidad de las condiciones morales y económicas de los gobernados: se hace cargo del bienestar de la gente, su empleo, modo de vida, producción de bienes, escuelas, servicios médicos, dietas, construcción de casas, instituciones culturales, museos, embellecimiento de ciudades, créditos, energía y muchas cosas más.

Entre esas cosas están las guarderías infantiles, bajo el control del estado. Lo morboso de esto es que a pesar de las evidencias tangibles y dolorosas, existan aún personas que piensan que los gobiernos deben encargarse de todo eso. Es más fácil explicar una cinta de Bergman, que comprenderlo.

El estado de bienestar ha sido criticado con dos argumentos devastadores.

Uno, dentro de ese sistema, que es socialista, es imposible tener precios reales, lo que impide conocer la productividad con la que se usan los recursos y sin remedio se produce pobreza. Es un argumento real, pero requiere un cierto refinamiento mental. No todos lo entienden.

El segundo argumento es el que establece que el estado de bienestar van en contra de la naturaleza humana. Las personas somos libres, pero el estado de bienestar y el socialismo, limitan esa libertad, violando derechos naturales e impidiendo la contribución del talento humano en la creación de bienestar. Este argumento es más comprensible.

Pero el tercer argumento, el que todos entienden, es el que está a la vista. Consiste en toda la evidencia que se tiene sobre el desempeño del estado de bienestar. Lo sucedido en Hermosillo es una de las evidencias de lo que sucede en un sistema en el que no hay responsabilidades, que es lo que causa servicios gubernamentales malos y caros.

Uno de los candidatos a la presidencia mexicana en las elecciones de 2006 propuso eso precisamente, un gobierno que se hiciera cargo de la vida de los ciudadanos, desde que nacen hasta que mueren. Lo que va más allá de toda posible explicación es que se piense que eso puede funcionar y se haya votado por él. Es inexplicable que se intente, como ahora con el sistema de servicios médicos estatales en EEUU, o el ya existente en el Reino Unido y Canadá.

Ya no es cuestión de explicarse esto diciendo que los argumentos en contra del estado de bienestar son demasiado elevados o difíciles de comprender en un país de escasa educación. La evidencia de lo que sucede cuando cualquier gobierno se hace cargo de más de lo que puede hacer está allí, en la muerte de decenas de niños, dentro de un sistema en el que es imposible encontrar responsables.

Post Scriptum

¿Qué más pruebas se necesitan para demostrar que un gobierno salido de sus límites naturales produce daño? Las evidencias son abrumadoras, las reportan los medios todos los días.

Hay muchos libros sobre el tema, como Bartholomew, James. The Welfare State We’Re in. London: Politico’s, 2004. O véase Combate a la Pobreza. O las pruebas de los Friedman en Estado de Bienestar. O las de Murray sobre los planes para combatir la pobreza en EEUU.

En otro plano, creo que ya no se puede hablar de un diálogo racional con quienes defienden al estado de bienestar. Es ya una cuestión de terquedad entre quienes defienden la intervención estatal sin límites. En términos cristianos, es el peor de los pecados, el de la soberbia de quien cree que puede hacerse cargo de la felicidad de millones, sin conocerlos.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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