Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rehaciendo el Matrimonio
Leonardo Girondella Mora
30 noviembre 2009
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD
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Existe, en este mismo momento, una serie de sucesos que son de efecto profundo y largo —de tal magnitud que su comprensión está lejos de ser total: las discusiones sobre la definición de matrimonio, y que se registran en los terrenos legales principalmente.

Es una parte de las guerras culturales. El centro de la discusión es la posibilidad de considerar como un matrimonio el que realizan dos personas de un mismo sexo —que se encuentra en oposición a la postura de que un matrimonio sólo puede ser realizado entre una mujer y un hombre.

Las dos posturas son sostenidas por personas que para este propósito pueden ser clasificadas en dos posiciones básicas —los progresistas y los conservadores.

Los conservadores apoyan la idea de que un matrimonio, en su esencia natural, puede solamente ser la unión entre un hombre y una mujer. Los progresistas alegan lo opuesto: debe, según ellos, aceptarse la homosexualidad y, por ello, considerar legítimos matrimonios en los que los cónyuges son de igual sexo.

La discusión se da en varios niveles. Existe una discusión, que podrían ser llamada intelectual, en la que ambas partes exponen sus razonamientos. Otro nivel de discusión, si es que puede llamarse así, es la labor de cabildeo que cada bando realiza con el gobierno —más el tercer nivel, el de la manifestación en las calles en pro o en contra.

Quiero colocar las ideas siguientes en el primero de los niveles —el de la discusión sensata y prudente, para sostener una posición personal clara sobre el tema. Los siguientes puntos quizá provean una visión más analítica de la usual:

• El uso de calificativos, epítetos e insultos entre los partidarios de las dos posturas es frecuente —y también inútil en absoluto. Acusar a unos de “retrógrados” y a otros de “degenerados” no conduce a nada y produce un ambiente nada propicio a la discusión razonable.

• Los progresistas, proponentes de la redefinición del matrimonio, fundamentan su postura aduciendo derechos de las personas —negar el derecho a casarse a un homosexual es negarle el mismo derecho que tiene un heterosexual. Suelen usarse ejemplos como el de la libertad que tiene un oriental para casarse con una blanca, o un europeo con una africana, para decir que es lo mismo que un hombre se case con otro.

Esta defensa de los progresistas es muy débil —los matrimonios entre distintas razas, diferentes nacionalidades, siguen siendo matrimonios entre personas de sexo distinto.

• Los conservadores, proponente de mantener al matrimonio como tal entre un hombre y una mujer, usan dos razones centrales a su postura.

Primero, argumentan la fortaleza que tiene una tradición fuerte y universal en tiempos y lugares —modificarla, dicen, tendría efectos múltiples y desconocidos en el futuros, muchos de ellos negativos.

Segundo, argumentan que la esencia del matrimonio incluye la procreación de descendencia, lo que por obvias razones no serían posible en el caso de matrimonios homosexuales —por tanto, estos matrimonios no pueden ser considerados como tales y a lo mucho como una unión no matrimonial, ni familiar.

Las dos razones de los conservadores son fuertes y sólidas —provienen básicamente de una mentalidad que coloca gran peso en la fragilidad de la civilización humana, a la que considera una estructura delicada y compleja, con la que no es conveniente experimentar.

• Los progresistas alegan adicionalmente que la homosexualidad ha existido en todos los tiempos y que es necesario reconocerla como un derecho que lleva a la conclusión lógica de legalizar matrimonios homosexuales —no legalizarlos sería una acción de represión moral indebida.

Esta defensa también es débil —el señalar la existencia real de una práctica en tiempos y lugares no puede justificar su legitimación —aún más: definir como represión a la posición opuesta en automático califica como opresión a la posición propia.

• Es posible que el foco central de la discusión entre ambos bandos sea uno más profundo y que debe ser puesto con claridad sobre la mesa —es decir, la redefinición del matrimonio es un subtema de otro mucho mayor: el choque entre dos visiones de la moral o la ética.

Los progresistas tienen una visión moral diferente a la de los conservadores —sostenida en dos pilares: (1) cada persona tiene sus propias opiniones sobre la moral y todas ellas son respetables y valiosas y (2) la moral tradicional limita a las libertades humanas prohibiendo su propia auto-realización.

Esos dos pilares son opuestos a los de los conservadores, quienes sostienen que (1) sí existen valores absolutos universales y (2) la naturaleza humana impone reglas que son la vía para la realización integral de las personas.

Consideraciones como las anteriores ayudan a definir posturas personales. Quien es creyente en una moral universal de valores inmutables y piensa que las personas tienen todas una naturaleza única de dignidad se inclinan por la reprobación de los matrimonios homosexuales —que es el caso mío.

Creo haber mostrado que la discusión sobre los matrimonios del mismo sexo es un subtema y sólo eso, de una diferencia enorme sobre las reglas de la libertad.


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