Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Respeto por lo Confuso
Eduardo García Gaspar
4 febrero 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En la famosa obra de Hegel (1770-1831), Elementos de la Filosofía del Derecho, una de sus ediciones contiene una introducción que es digna de notar. Muestra una situación en verdad curiosa:

“Sus escritos son difíciles, incluso enojosos —cargados con un lenguaje impenetrable y pretencioso, del que su significado puede ser separado sólo con cirugía hábil y cuidadosa, incluso usualmente no sin riesgo de daño mortal.”

En otras palabras, Hegel es ilegible y si acaso alguien trata de encontrarle significado, de seguro comprenderá cosas distintas a las de otros que hagan lo mismo. El mismo Hegel escribe en el prefacio que considerará a cualquier crítica que no sea expresada como una discusión científica como una aserción aleatoria que “será tratada con indiferencia”.

No es el único que escribe así. De otro filósofo, J. Habermas, leí un día que un colega suyo lo consideraba imposible de comprender. Escribir de manera oscura e impenetrable, tiene sus consecuencias y no todas son malas. Desde luego, una obra indescifrable no será una de gran venta y no dará grandes ingresos a su autor.

Pero lo ininteligible y ambiguo tiene una gran ventaja, la de crear la impresión de gran profundidad y sabiduría. Si alguna obra indescifrable llega a tener alguna fama, ella se da entre un pequeño círculo académico que la propaga y difunde con más escritos sobre ella, los que tratan de investigar qué es lo que en realidad quiso decir su autor.

Si alguien quiere crear una obra de la que todos hablen y casi nadie ha leído, me dice un amigo, lo que tiene que hacer es usar palabras grandilocuentes y a las palabras comunes ponerles una mayúscula inicial. Así dará definiciones ambiguas, vagas e inconsistentes sobre grandes concepciones humanas.

Pocas cosas tan atractivas hay para la comunidad académica y los intelectuales, quienes se tornan acólitos del maestro dando mil y un significados de lo que quiso decir y convirtiéndolo así en una figura sagrada. Una figura que no puede ser cuestionada y cuyos errores pueden ser solucionados leyéndolo de nuevo para encontrar que en realidad no quiso decir lo que dijo, sino otra cosa que un acólito halló.

El asunto tiene consecuencias más allá de la curiosidad de hacer notar esto. Por ejemplo, tome usted a dos economistas. Uno de ellos, F. Bastiat (1801-1850), escribió con una claridad casi absoluta. Cualquiera lo puede entender e incluso reír con algunos de sus sarcasmos. Merece mucha más fama que la de otros, como C. Marx (1818-1883), que tiene ese rasgo de ininteligibilidad.

A. Smith (1723-1790) en su Riqueza de las Naciones, resulta ilegible en nuestros días, desorganizado y vago, pero también con mucha más fama que Bastiat. La gente repite frases de esos autores confusos y algunas ideas de ellos, no porque haya sido sometido a la tortura de leerlos, sino por la repetición que producen sus acólitos.

El fenómeno apunta a algo curioso: es más probable la difusión de ideas vagas, contradictorias y ambiguas, expresadas oscuramente, que la de ideas sencillas, concretas y bien explicadas. Es un fenómeno de popularización extraña, que da más oportunidades a lo incomprensible que a lo asequible.

Quizá se deba a una expectativa que supone que lo indescifrable impone más que lo que está expresado con claridad. Se le concede más respeto a lo impenetrable que a lo comprensible. Lo que todos entienden, se llega a pensar, no puede ser de gran consecuencia, pero lo que nadie comprende, sí es profundo y digno de admiración.

Se trata de dos formas de pensar. Quien resulta incomprensible, generalmente trata grandes concepciones universales que él crea, tomando a la realidad para forzarla a acomodarse a su invención. Pero quien se preocupa por ser comprendido, obra al revés: toma a la realidad y trata de explicarla claramente.

Marx es un buen ejemplo de ese acomodo forzado de la realidad al marco intelectual que creó, con tan malos resultados que sus predicciones nunca se realizaron. Lo mismo le aconteció a Smith, cuando sostuvo que el valor está dado por la producción y forzó la realidad a eso.

Por mi parte, cuando encuentro a un autor incomprensible, lo que hago es buscar explicaciones en sus críticos, no en sus acólitos. Lo termino comprendiendo mejor.

Post Scriptum

La cita del libro de Hegel está en Hegel, Georg Wilhelm Friedrich, Wood, Allen W, and Nisbet, Hugh Barr (1991). ELEMENTS OF THE PHILOSOPHY OF RIGHT. (Allen W. Wood). Cambridge [England] ; New York. Cambridge University Press.

Conviene ver El Marxista Involuntario para la noción de las ideas originales de un autor y las ideas populares que sobre él se tienen.

Una prueba en favor de la tesis sostenida es la siguiente, encontrada en Hazlitt, Henry, The Failure of the New Economics. Ludwig von Mises Institute, 2007, p 2, dode se citan palabras de Paul A. Samuelson comentando el famoso libro de Keynes, General Theory of Employment, Interest and Money:

It is a badly written book, poorly organized; any layman who, beguiled by the author’s previous reputatíon, bought the book was cheated of his 5 shillings. It is not well suited for classroom use. It is arrogant, bad-tempered, polemical, and not overly generous in its acknowledgments. It abounds in mares’ nests and confusions. . . . In short, it is a work of genius. (The Development of Economic Thought, ed. by Henry William Spiegel (New York: Wiley, 1952), p. 767).


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3 Comentarios en “Respeto por lo Confuso”
  1. Noemíana Dijo:

    eso que se dice es cierto… un profesor de economia que tuve no podia dar una clase que se entediera y nos puso a leer a Keynes como si fuera lo maximo que existia en el mundo… es bueno saber que otras gentes creen lo mismo que yo pensaba y me daba pena decir

  2. felix regino Dijo:

    como podria explicarme el respeto de la biblia que es confusa y no de los libros de ciencia que son mas claros lo digo con respeto. NOTA DEL EDITOR: buen punto, realmente bueno. La ciencia, especialmente la social, puede ser muy confusa (véase a Marx o a Hegel). Sobre la Biblia, no hay duda de que se requiere ver a fondo y sí, puede ser confusa aunque el texto lo entiendan todos.

  1. Contrapeso » Cosas Chistosas




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