Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Retrato de la Humanidad
Eduardo García Gaspar
29 septiembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


Para un lector escasamente refinado en los asuntos bíblicos, como yo, ese libro presenta fragmentos que son muy difíciles.

Sin embargo, otros son fascinantes, llenos de oportunidades para conocernos a nosotros mismos.

Son historias, pasajes de la vida humana contenidos en la Biblia.

Uno de ellos, me llena de multitud de sentimientos.

Se narra (1Reyes 17, 7-16) que Elías, el profeta, durante una época de sequía y hambruna, recibe una orden de Dios. Le dice que vaya a cierto lugar, en donde una viuda le dará la comida que ya no tiene.

La economía de palabras es para ponerse a pensar: no hay duda en Elías, va a ese lugar, encuentra a la viuda y le pide comida.

Ella le responde, que no tiene comida, “me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la vasija… Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos”.

Elías insiste tercamente, “No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después”.

La situación tiene algo de absurda y hasta desesperante, por no mencionar la crueldad que se ve con claridad. Una época de hambruna, una viuda y su hijo sin comida, y frente a ellos un desconocido que incluso pide agua.

La viuda explica, “no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la vasija”.

Elías insiste, pero lo hace con un añadido: Dios ha dicho que “La orza de harina no se vaciará, la vasija de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra”.

Puede uno soltar la imaginación y pensar que la viuda le debe responder diciendo que puede Elías irse a otro lugar donde le crean sus locuras.

Pero, ¿qué sucede? Otra vez la economía de palabras. El siguiente párrafo dice que la viuda se fue e “hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la vasija de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías”.

La historia está contada en 266 palabras, unas cien menos de lo que usted ha leído hasta este momento.

Quien no cree en milagros, aún así, debe sentirse conmovido ante la historia que se narra, un pasaje breve de una viuda anónima en una situación desesperada y frente a alguien que le propone una locura y le promete una fantasía.

Para el creyente, la historia es mucho más rica al mostrar una situación que muestra la intervención de Dios.

Sea lo que sea, de historias como ésta, la Biblia está llena y eso es lo que la hace humana, como si fuese una gran pintura del carácter humano. Otra historia es fascinante, la de Susana (en el libro de Daniel).

Cuenta que Susana, una mujer casada y muy bella, es objeto de los deseos sucios de dos ancianos.

Una día la sorprenden sola, tomando un baño y le dicen, “Las puertas del parque están cerradas, nadie nos ve, y nosotros estamos enamorados de ti; consiente y acuéstate con nosotros. Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías despachado a las criadas”.

Susana grita, la gente acude y los ancianos cumplen con su amenaza, la acusan de esa falsedad. Siendo ellos jueces, la gente les cree y condenan a muerte a Susana.

Ella insiste en su inocencia y suplica a Dios. Ya cerca de cumplirse la pena, entra en juego Daniel y pide volver al tribunal.

Daniel manda separar a los jueces e interrogarlos. Les hace a cada uno la misma pregunta, bajo qué árbol sorprendieron a Susana con el joven.

Uno de ellos responde que era una acacia, el otro que era un encino. Demostraban así la falsedad de las declaraciones y confesaban su culpa. Susana fue salvada y los jueces condenados.

La historia es memorable y ha sido repetida durante siglos, incluso ha sido tema de pinturas.

De nuevo es eso que digo, una historia, un cuento que presenta un pasaje que retrata partes de la naturaleza humana, llena de virtudes y de defectos. Es otra manera de mostrar principios y valores, más memorables así que si de ellos se hiciera una lista para ser repetida sin sentido.

Se ha dicho que algunos escritores, sobre todo Shakespeare, han sido capaces de pintar a la naturaleza humana en sus obras. No lo dudo. Y me acuerdo de Balzac.

Pero si alguien ambiciona tener frente a sí a la existencia humana, no hay nada mejor que el libro del que he sacado esas historias.


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2 Comentarios en “Retrato de la Humanidad”
  1. Gabino Matus Dijo:

    Las Biblias Católicas Romanas tienen muchos más libros en el Antiguo Testamento que las Biblias Protestantes. Los libros apócrifos o deuterocanónicos enseñan muchas cosas que no son verdad y tampoco son históricamente precisos. Los apócrifos o deutoerocanónicos, respaldan algunas de las cosas en que la Iglesia Católica Romana cree y practica, las cuales no están de acuerdo con la Biblia. Algunas cosas de las que dicen los apócrifos o deuterocanónicos son verdaderas y correctas. Sin embargo, debido a los errores históricos y teológicos, estos libros deben ser vistos como documentos histórica y religiosamente falibles, y no como la inspirada y autoritativa Palabra de Dios. NOTA DEL EDITOR: ¿qué tiene que ver esto con la tesis de la columna? Sí hay diferencias entre algunas biblias, ¿y qué? No es una discusión de quién tiene la razón.

  2. Ramán Preciado Dijo:

    Creo que has encontrado una nueva forma de acercarnos a la lectura de LA SAGRADA BIBLIA.Te exhorto a escribir más ejemplos aderezados con tus amenas reflexiones. Saludos cordiales.





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