Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sabemos lo que Sucederá
Eduardo García Gaspar
16 marzo 2009
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Escuché en la radio un comentario que me llamó la atención. Es una observación común, repetida una y otra vez. Tanto que termina por ser tomada como una verdad inapelable. Me refiero a la observación que señala que los economistas son pronosticadores de sucesos futuros.

No soy economista, pero me imagino que quien esa materia estudió, no lo hizo creyendo que se trataba de competir con los gitanos que leen cartas. No creo que sea la labor del economista hacer esas famosas estimaciones de lo que crecerá el PIB de un país el año entrante. Mis objeciones a eso son las de un no economista.

Por principio, no creo que el futuro pueda ser predicho. Hay demasiadas variables en juego y, lo peor, la acciones de las personas son imposibles de prever. Aún los más refinados modelos económicos hacen supuestos y eso supuestos pueden cambiar. Aún más, si los economistas pudieran predecir el futuro, habrían ya dominado al mundo con la riqueza así obtenida.

Y, sin embargo, mi admiración por ellos está basada en una de sus grandes habilidades. Ellos sí son capaces, muchos de ellos, de anticipar el futuro de otra manera que es en extremo interesante. Nos pueden decir, por ejemplo, lo que sucederá si cierta acción de realiza. Me refiero a sus leyes y principios.

Sabemos de sobra, gracias a los economistas, que cuando los precios suben, la cantidad demandada se reduce, y viceversa. Sabemos que si existe demasiada oferta de dinero, los precios generales subirán. Sabemos que si los salarios mínimos se elevan demasiado, se tendrá desempleo. Saber éstas y otras cosas similares es de tremenda ayuda.

Nos orientará sobre lo más conveniente que debemos hacer y eso ya es ganancia. Y se parece mucho a lo que dicen otras ciencias. La Física, por ejemplo, nos dice que si nos tiramos por la ventana de un décimo piso, caeremos a una cierta velocidad conocida que nuestros cuerpos no soportarán.

Pero la economía tiene un problema serio en esto de predecir lo que sucederá. Sabemos que si las tasas de interés son reducidas por debajo de su nivel natural, ello ocasionara malas decisiones de inversión y consumo. Pero eso acontecerá dentro de un proceso que contiene otros principios, otras conductas, otros sucesos, y eso impide ver con facilidad el funcionamiento de los principios económicos.

Ellos suceden, de todas todas, pero no siempre pueden verse con claridad. La cosa se complica por otra razón: los efectos de medidas económicas no son inmediatos, pueden pasar meses y años antes de que puedan sentirse. Esta es la causa por la que se cometen tantas tonterías en los gobiernos.

Si usted ha leído hasta esta parte, se preguntará qué demonios persigo al hablar de todo esto. Creo que algo muy sencillo: hacer una recomendación general, la de tratar a la economía como un asunto de sentido común y con eso evitar las charlatanerías de políticos y otros parlanchines.

Suponga usted que está frente a una noticia que reporta que su gobierno desea fijar las tasas de interés para facilitar el crédito a las empresas y personas, y con eso realizar más inversiones y consumos, lo que producirán más empleos. Todo suena muy bonito, pero usemos el sentido común, con una pregunta, ¿si eso es cierto, por qué no se hizo antes aquí y en otras partes con resultados maravillosos?

Abaratar las tasas es igual a afectar la oferta de crédito: habrá menos y eso presionará las tasas hacia arriba, más el efecto engañoso que hará realizar inversiones incorrectas. Es mero sentido común lo que se necesita para no caer en la trampa de medidas gubernamentales que van en contra de ese sentido común y suelen vencerlo con promesas de lógica irreal.

En Economía como en Física, no hay magias ni trucos milagrosos que sean excepciones a sus leyes. Si usted bebe cianuro, o yo respiro estrictina, sabemos lo que nos sucederá de inmediato. Ahora sólo falta desarrollar el sentido de lo que sucederá, no de inmediato y en medio de otras variables, si se manipulan las tasas de interés, como pretenden los senadores mexicanos (una acción que es digna de colocar en un salón de clases como ejemplo de lo que no debe hacerse).

Con las medidas económicas gubernamentales debe tenerse mucho cuidado: ellas prometen grandes resultados haciendo cosas que parecen lógicas, pero que no tienen sentido. El caso del manejo gubernamental de las tasas de interés es uno de ellos. Uno muy claro.

Post Scriptum

El error del senado mexicano es el de miopía extrema y consiste en ignorar que en una operación de crédito existen dos partes, la que obtiene el préstamo y la de quien lo otorga: los senadores sólo ven a quien obtiene el préstamo y quieren beneficarlo con tasas bajas de interés. Los senadores no se han enterado de que con eso dañarán a quien lo otorga y éste buscará otras maneras de ganar con su capital disponible.

Además, los senadores creen que quien tiene los fondos para créditos es el banco. No saben, por lo visto, que los fondos son de las personas que ahorran e invierten, no del banco. Bajar las tasas de ahorro es igual a dañar al ahorrador y al inversionista.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




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