Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Seamos Hedonistas Serios
Eduardo García Gaspar
11 septiembre 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Si vamos a ser unos hedonistas que sólo buscan placeres, seámoslo. Adelante, no hay problema, pero hagámoslo bien, con inteligencia y con seriedad, que para eso somos racionales. No nos podemos quedar como animales que en su corto talento se contentan con lo que está ahora frente a ellos. Si es que se busca sólo placer, que se haga con cerebro y no con otra parte del cuerpo.

Quizá el más famoso de los nombres ligados a la idea del placer sea Epicuro, quien no parece haber sido un idiota. Al contrario. Se cuenta que en su academia, una pequeña huerta, proponía él una vida serena, el buen trato entre todos, haciendo todo con sabiduría. Era un rebelde que ponía todo en tela de juicio y promovía la libertad.

Buscar el placer humano es difícil para quienes no razonan pues debe poseer el hábito de la moderación y la prudencia… lo que fue transformado en algo tonto: la búsqueda del placer se ha convertido en lascivia, glotonería, excesos y gusto por lo bajo y vulgar. En todo esto hay una idea central que bien merece una segunda opinión.

Si la filosofía personal de alguien es la búsqueda del placer, eso es tan vago que nada significa.  Puede usted incluir allí a los asistentes frecuentes a orgías romanas en tiempos de Calígula, pero también puede estarse hablando de santo Tomás. La diferencia es abismal.

Y es que “placer” es un término muy vago. Puede suponer que se trata de satisfacer necesidades corporales, como cuando un sediento encuentra un oasis en el desierto. Puede describir la sensación que algunos sienten escuchando a Mozart. O puede usarse al escribir un artículo en la revista Cosmopolitan sobre treinta posiciones sexuales.

Creo que es muy obvio que nos enfrentamos a un problema de decisión libre: ¿Cuáles de todos esos placeres seleccionar? La gama es infinita. No cabe duda de que es placentera la sensación de ver que con la ayuda de uno se ha pagado la operación de alguien que así salvó su vida. Pero, el mismo calificativo será usado por quien se atiborre de dulces, o sea un hiperactivo sexual.

Se necesita un ordenamiento de los placeres, algún criterio que los jerarquice razonablemente. No es una tarea fácil. No puede realizarse de la manera tan primitiva como lo ha hecho la UNESCO, recomendando a niños menores la masturbación. Epicuro era mucho más inteligente que la gente de esa organización: hay placeres superiores, es decir, los hay inferiores. Y en ellos debe aplicarse la prudencia.

La prudencia es la que llama a la moderación y a los limites del placer porque los excesos producen turbación e inquietudes. Los libertinajes no son aconsejables y de entre todos los placeres elegimos los que son mejores a otros, rechazando los que producen más tarde infelicidad. E incluso son recomendables los sufrimientos si más tarde ellos producen una felicidad mayor. Es decir, hablar del placer es más complejo de lo que parece.

En primera impresión, el placer connota ideas de acciones carnales: el sucumbir a los excesos del comer, del beber, del sexo, la pereza, el lujo y otros similares. Pero si uno se toma la cosa en serio, ya no es tan simple. Ya no tiene sentido recomendar a los jóvenes que busquen placeres corporales, como se hace en los libros de texto en México. Eso es demasiado primitivo y escasamente inteligente.

Educar, por ejemplo, en las bondades del sexo juvenil y sin responsabilidades, es una acción que Epicuro, el experto en placeres, reprobaría con todas sus fuerzas. ¿La razón? El fomento de los placeres inferiores y no de los superiores, los del intelecto y la razón, los de largo plazo, no los inmediatos y de consecuencias malas.

Porque si así se educa a los jóvenes, como quiere la UNESCO, de las aulas saldrán personas educadas en el placer inmediato, lascivo y bajo, no el los placeres altos y de largo plazo. Serán personas sin voluntad para dominar su libertad, a la que entenderán como un derecho al libertinaje y la sensualidad.

Si queremos vivir una vida de placeres, hagámoslo, pero seamos inteligentes. No puede ser inteligente el depravado, ni el lascivo, ni el libertino. Esos sucumben a una vida vacía y escasamente humana, que es lo que la educación sexual en la mentalidad de la ONU defiende. El real placer humano tiene otro origen, muy distinto.

El real placer está en el uso de la libertad guiada por la voluntad, eso que sabe distinguir las diferencias entre los placeres humanos y los placeres animales. Ambos placeres, pero muy diferentes.

Post Scriptum

Partes de lo escrito fueron tomadas de ideas en Epicuro, Cicerón, Horacio, al, e. (1994). Máximas para una vida feliz. Madrid: Ediciones Temas de Hoy.

La columna puede ser tomada como un apoyo a la búsqueda del placer. No lo es. El primer párrafo inicia con una condicionante: “Si vamos a ser unos hedonistas…”. Y de allí parte a que si es que se opta por la búsqueda del placer, que se haga en serio, distinguiendo categorías de placeres, es decir, haciendo distinición entre placeres bajos y altos, de acuerdo a la naturaleza humana.

Pero hay otra opción, aún mejor, la de no optar por ser hedonista. El problema de la búsqueda de placer es que lo equipara con felicidad y, por tanto, con congruencia humana. Pero eso es falso. Sin duda siente placer quien realiza una acción caritativa, pero también lo siente quien realiza un acto de venganza: hay placer en los dos actos, pero no pueden ser igualados… aunque según el hedonismo, lo serían.

El utilitarismo (J. Bentham / Mill) es lo mismo que el hedonismo, aunque trabaja con agregados de placer en la sociedad, una especie de macroeconomía del placer y del evitar el dolor. Lo que deja sin solución razonable acciones como una violación: si el violador obtiene más placer que dolor su víctima, sería positivo realizar la violación.

La solución del problema del hedonismo está en considerar al placer como una consecuencia de un acto, no como su propósito. Y distinguir acciones buenas de malas de acuerdo a la naturaleza humana. Por ejemplo, asesinar a una persona podrá producir placer en alguna persona, pero es reprobable la acción por ir en contra de la naturaleza humana, que considera a la vida como una gran valor. Realizar un aborto puede producir la sensación de un beneficio en la vida de alguien, pero no deja de ser un asesinato.

El problema del hedonismo es su enfoque personal, que enfatiza el placer indiividual y, por eso, tiende a fomentar el egoísmo destructivo. Por el contrario, al considerar nociones de la naturaleza humana, el Derecho Natural, ese énfasis egoísta desaparece y se llega al mejor punto posible: el encontrar placer como consecuencia de acciones buenas y encontrar dolor como efecto de acciones malas.

El tipo de educación sexual que se critica en la columna resulta el del peor tipo: incluso para un hedonista que se toma las cosas en serio, resulta una educación tonta, basada en la gratificación sexual en edades tempranas.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Seamos Hedonistas Serios”
  1. Georgette Dijo:

    Es cierto lo apuntado aquí. Ningún hedonista con talento aceptaría la instrucción en los placeres sensuales. Los consideraría bajos y propios de animales, pero eso es lo que está haciendo la educación sexual.

  2. Manuel GT Dijo:

    Me recuerda a la mente reducida de algunos sexólogos que hablan de dejarse llevar por los instintos si no quieren tenerse frustraciones y traumas, como la que escribe en El Norte en Monterrey.





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