Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Si Tú Gastas, Yo No
Leonardo Girondella Mora
8 octubre 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en: , ,


La carga fiscal en México es mayor que la imaginada —y mucho mayor que la difundida por parte de las autoridades. Una buena explicación de la realidad fue proveída por Everardo Elizondo en una columna hace poco (14 septiembre 2009, Grupo Reforma).

Dice el autor que,

El gasto del sector público federal representa en la actualidad un 24% del PIB. Hace cinco años, era dos puntos porcentuales más pequeño.

La realidad es clara: el gobierno gasta el equivalente de una cuarta parte del PIB mexicano y la tendencia, al menos en ese plazo, ha sido a elevarse. La comparación en tamaño es lo que importa: no hay empresa que se compare, ninguna tiene un gasto de una cuarta parte del PIB.

Esa cifra de 24% suele ser puesta de lado —ignorada en los medios dominantes que repiten la historia contada por las autoridades. Esa historia es la estándar que en la actualidad sostiene que los ingresos tributarios del gobierno federal son de apenas 9%, una cifra que es una verdad a medias. Dice Elizondo,

… hay que notar que al agregar a dicho rubro los ingresos no tributarios, la fracción en cuestión sube hasta 17% del PIB. Y se añade a lo anterior el renglón de ingresos de los organismos y empresas, entonces el total queda cerca del 23.5% del PIB.

Este último porcentaje incluye las aportaciones a los sistemas de seguridad social, que son obligatorias. Conocer esa cifra es vital, porque es en realidad la manera de conocer la carga fiscal que soporta el país —lo que tiene más consecuencias: el gasto público es una medida de todo aquello que el gobierno adquiere. En palabras de Elizondo,

… al gastar, el sector público se apropia de diversos recursos (productos, servicios) que destina -se supone- a la satisfacción de un grupo de necesidades peculiares de una sociedad…  Por lógica, los recursos en cuestión ya no pueden dedicarse a la satisfacción de las necesidades… de los miembros de la comunidad, como son la alimentación, el vestido, el albergue, etc.

Es decir, las compras del gobierno que representan su gasto, son productos y servicios que no pueden ser usados por el resto de las personas y son, por esa razón, “la verdadera ‘carga fiscal’”.

Y, ese gasto, sin que haya otra posibilidad, debe ser financiado —debe ser obtenido de alguna fuente externa al gobierno. Se cubre con impuestos actuales, o con impuestos futuros en caso de que se contrate deuda pública. No hay otra manera de hacerlo: lo que un gobierno gasta lo obtiene de la sociedad a la que gobierna.

Esto es lo que plantea el punto al que quiero llegar: el dinero que existe en una sociedad será gastado sólo por dos posibles sujetos —el que lo obtiene como ingreso personal, o por el gobierno, o una combinación de ambos. Y ya que el dinero es una cantidad más o menos estable, cuanto más gaste un gobierno, menos podrá gastar el ciudadano.

Es imposible escapar a esa regla. Quienes proponen que se eleve el gasto público, como lo propuso, por ejemplo, López Obrador, al doble, están proponiendo que los ciudadanos gasten una cantidad igual menor. Es otras palabras, alguien pagará el costo de un gasto público más grande.

El gasto público —al que tantas virtudes se han asignado— es en la práctica un primitivo traslado de poder de gasto, que va del ciudadano particular al burócrata. Eso es todo. Nada se crea, pero sí se transforma: el gasto hecho por millones de ciudadanos no será igual al hecho por el burócrata.

Y, por tanto, la única justificación del gasto público es el creer que ese gasto será más productivo que el realizado por millones de ciudadanos —una creencia que no tiene base alguna dada la tradicional ineficiencia gubernamental, un obstáculo que los gobiernos han solucionado convenciendo al ingenuo que el burócrata realiza gastos sociales, como si los otros no lo fueran.

En resumen, quien dice que el gasto público debe elevarse por el bienestar del país, en realidad está diciendo que se logrará progreso quitando dinero del bolsillo de los ciudadanos. Es una afirmación sin sentido.

Addendum

Debo añadir la posibilidad de financiar el gasto de gobierno por medio de la emisión de dinero, lo que todos saben que causa inflación, que es una forma de cobrar impuestos y que no tiene que pasar por la cámara de legisladores.

Debe también considerarse la variable “poder” —que influye de forma notable en la ambición del político: conforme más gaste, más poder tiene y su profesión es una que se nutre de poder creciente.

Finalmente, añado una observación de la vida diaria: los más recalcitrantes defensores del gasto público y que no son políticos, ni derivan beneficio directo de ese gasto, usualmente razonan diciendo que el gobierno destinará los fondos a usos que de otra manera no se tendrían —por ejemplo, programas contra la pobreza.

Es un argumento que supone que el dinero en manos privadas no se destinaría a objetivos tan elevados —una suposición infundada que ignora los mecanismos de la economía. Por ejemplo, más dinero en manos privadas redundaría en más creación de empleos, lo que ellos no toman en cuenta.

Nota del Editor

En febrero de 2009, ContraPeso.info publicó Martes de Gobierno, donde se calculó con base en los ingresos gubernamentales de México, que la carga fiscal corresponde a un 15 o 16% del PIB. Esto significaba que un día de todas las semanas del año, el país trabajaba para el gobierno. La información presentaba aquí, con otra base, la del gasto de gobierno, eleva ese porcentaje a casi una cuarta parte.

Es decir, unos 90 días al año, en lugar de unos 55 o 60, el país trabaja para el gobierno todo el martes y la mitad del miércoles.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras