Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sociedad Dividida, Otra Vez
Eduardo García Gaspar
8 enero 2009
Sección: Sección: Análisis, SOCIEDAD
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Una de las visiones políticas que ha sido duramente criticada en ContraPeso.info es la sectorial —ésa que entiende a las personas como pertenecientes a sectores en los que la sociedad es dividida de acuerdo con algún criterio.

Ver a las personas como partes de un sector limita la riqueza con la que puede verse al fenómeno humano si se parte de su individualidad —ver a las personas una por una es una visión mayor y más rica que la de verlas como simples partes de un sector social.

Ya que nada hay mejor, para ilustrar un punto, que dar un ejemplo, apunto el siguiente ejemplo de una visión errónea.

Está contenido en un libro de reciente publicación, Cortina, Adela, Cantú, Jesús, Ochman, Marta, otros (2008). SOCIEDAD, DESARROLLO Y CIUDADANÍA EN MÉXICO. México. Limusa, en el primer capítulo titulado Ciudadanía: verdadera levadura para la transformación social, pp. 15-30, y su autora es Adela Cortina.

Expongo lo que la autora escribe en la página 18 —afirma allí que “… la gran tarea del siglo XXI es conseguir una necesaria articulación entre los tres sectores característicos de la sociedad”.

No puede tenerse duda, entonces, de la importancia que Cortina asigna a los sectores: su articulación, lo que sea que ello quiera decir, es la gran labor a realizarse en el siglo que comienza. Consecuentemente, su tesis requiere la creación de sectores sociales, es decir, dividir a la sociedad en grupos dejando de lado a las personas.

Para Cortina, las personas entran en uno de tres sectores. Escribe que, “En nuestra sociedad hay tres sectores: el sector político, el sector económico y el sector social”.

En su opinión, debe ser muy claro ya, la mayor labor del siglo que inicia está fundada en la premisa de clasificar a las personas en uno de tres sectores, para luego articular a esos sectores.

Voy ahora a la explicación que Cortina da de cada uno de esos sectores.

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Dice la autora que:

“El sector político se identificaría con el Estado, mientras que el sector económico y el sector social se identificarían con la sociedad civil… [es] necesario conseguir articular estos tres sectores de forma que trabajen conjuntamente y cada uno se ocupe de su campo específico, pero en conexión con los otros dos”.

Es un llamado a la preasignación de personas en especialidades sectoriales.

Tiene esta visión un cierto sabor platónico —esa sociedad diseñada por alguien y que asigna a las personas a grupos preconcebidos, que en conjunto se espera que formen un todo armónico.

Los grupos, cada uno de ellos, tiene una especialidad asignada por el gran diseñador de la sociedad, la autora misma de la clasificación sectorial.

Esta forma de ver las cosas presupone que cada sector se ocupe de un campo específico, el que le sea asignado por alguien, con poder suficiente. La especialidad de cada sector es definida ahora por la autora.

“El sector político debería preocuparse fundamentalmente de la justicia de la sociedad, de intentar conseguir que se protejan y respeten los derechos humanos”.

La vaguedad es grande en esta función y abre la posibilidad de legitimar cualquier régimen —pero sobre todo, tiene la semilla dictatorial que impediría a otros tratar cuestiones de justicia y similares, pues eso no es su especialidad, sino la del gobierno.

La especialidad asignada al segundo sector es la siguiente: “El sector empresarial… tiene que asumir su responsabilidad social corporativa”.

Ni una palabra sobre creación de riqueza, ni funciones productivas y de desarrollo —lo que debe hacer el sector empresarial es ser socialmente responsable y lo que se define de acuerdo con la exigencia,

“… que Kofi Annan, el anterior Secretario General de la ONU, propuso un Pacto Mundial a las empresas para que se comprometan a respetar un conjunto de derechos… que se desglosan en derechos humanos, laborales, medioambientales y el compromiso de luchar contra la corrupción… [aceptando que]… crece la exigencia de que las empresas asuman su responsabilidad social, que consiste fundamentalmente en comprometerse a presentar anualmente un balance económico, pero también social y medioambiental”.

En cuanto al tercer sector, Cortina dice que

“… las organizaciones cívicas tienen que asumir su corresponsabilidad. Como dice el filósofo alemán Karl-Otto Apel, una persona o una asociación en solitario no puede ser responsable del buen funcionamiento del mundo, pero sí que es co-responsable y la co-responsabilidad nos urge a formar asociaciones, a formar grupos, a participar de tal manera en la vida pública que este mundo se transforme hacia mejor”.

Es demasiado confuso y vago para poderse comentar —un llamado al cambio hacia lo mejor asignado al tercer sector, como si el resto no lo tuviera.

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A continuación, la autora expone una idea que contradice lo anterior.

Ella ha dicho que la sociedad se divide en tres y dentro de cada sector hay individuos que por su pertenencia a ese sector tienen una especialidad —sería lógico suponer que cada ciudadano, dependiendo del sector al que pertenece tiene una especialidad que los demás no pueden asumir, pero ahora resulta que no.

Afirma la autora que,

“…la gran pregunta es: ¿qué papel juegan los ciudadanos en todo esto? Porque al fin y al cabo los ciudadanos son los que están en la empresa, los que forman las asociaciones, los que están en la política. ¿Cuál es el papel de los ciudadanos en todo esto?”

No es congruente hacer esa pregunta si ya la respondió antes.

Según la clasificación de los tres sectores, las personas en el sector público tienen la especialidad de ser responsables de la justicia y protección de derechos; quienes están en el sector empresarial tienen la responsabilidad de ser socialmente benéficos; y las personas en el tercer sector tienen una responsabilidad de participación en la vida pública. No distingue la autora entre los planos que se mueve.

Primero ella hace una tesis propia a la articulación de sectores predefinidos, que es una visión sectorial, pero luego pasa a un nivel individual que niega su tesis inicial.

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La intención de mostrar lo anterior es señalar otro caso de una mentalidad improductiva que lleva siglos de aplicarse —la idea de que es posible entender a la sociedad como un ente en sí mismo sin necesidad de poner atención en las personas que la forman.

Es un serio error intelectual que lleva a un cul de sac: la inevitable creación de grupos o sectores a los que las personas son asignadas con las especialidades teóricas preasignadas en un diseño por la fuerza.

Es lo mismo que sucedió en el marxismo. Marx y Engels adoptaron por la fuerza un esquema que dividía a la sociedad en dos grupos opositores, los dominantes y los dominados.

Era la única posibilidad que admitía su materialismo histórico: para pronosticar la victoria dialéctica de una de las clases, debían existir dos solamente. Si existían más clases, el materialismo histórico se volvía irrelevante.

Cortina en este material hace lo mismo. Si ella sostiene que debe haber articulación y coordinación entre clases sociales como idea central, no le queda otra opción que clasificar a esa sociedad en los grupos que le convienen a su tesis. Si la sociedad no se clasifica así, toda su idea se derrumba.

Cuando alguien define como la gran tarea del siglo XXI el logro de la articulación entre sectores —lo que sea que eso signifique—, no tiene otra opción que crear esos sectores, los que sean no importa.

Tiene que haber sectores y ella acude a una de las más trilladas clasificaciones.

La idea de Cortina es un artificio intelectual, como el del marxismo, que no tiene apego a la realidad de una sociedad mucho más compleja y variada que la de la primitiva creencia en que todos los seres humanos caben limpiamente en una de tres clases previamente definidas por alguien en su escritorio.

En ese diseño, casi siempre, el gran poder es asignado al sector público, o como se le llame —en este caso, el poder de administrar la justicia, mientras que los otros sectores sólo tienen responsabilidades y deberes frente al sector público.

Otra vez, con otro disfraz, el de la educación para la ciudadanía, con la misma idea de las utopías totalitarias que fundó Platón. Peor educación es difícil de tener. Mejor excusa totalitaria es difícil de crear.

Nota del Editor

No es la primera vez que aparece Adela Cortina en esta página. Véase Un Mundo al Revés.

ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



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