Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sólo Tu Papel, Por Favor
Eduardo García Gaspar
12 agosto 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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En uno de los estados de la república, en México, sucedió un pequeño evento que merece señalarse. No por ser importante en sí, sino por lo que nos permite ver. Fue reportado que hubo una reunión entre el gobernador electo y empresarios selectos.

Esto sucedió en Nuevo León. Obvio, existió el rollo de estas reuniones: el gobernador futuro expresó un compromiso de “sinergia” con los empresarios… lo que sea que eso signifique.

Hubo también promesas de medidas para salir de la crisis y “tender puentes de comunicación”; de tener reuniones periódicas; de analizar inversiones “en favor de la comunidad”; de crear empleos. En fin, más o menos, lo de siempre.

Lo que sucederá, puede ser anticipado con buena probabilidad de acertar: muy poco. La causa central es el escaso poder que tiene un gobernador de un estado en México. Él vive de los repartos de ingresos que hace el gobierno federal y casi no existen impuestos locales. Los gobernadores hacen lo que les permite la federación y lo que les ordenan sus partidos.

Decir lo anterior no tiene gracia alguna. Todos lo saben. Pero lo que vale la pena señalar de tal reunión es otra cosa más recóndita: la asociación entre las esferas económicas y políticas que caracterizan a regímenes que se atan de manos y hacen de la economía algo estático o casi. Me explico.

En un país más o menos razonable, los papeles están definidos. Un gobierno tiene una responsabilidad clara de protección de personas e propiedades, bajo un sistema de derecho que aplica la ley con eficiencia y que tiene una policía razonablemente buena. No tiene mucho más que hacer que eso, que es en verdad importante.

El resto de las cosas, las hace la gente en general, no nada más los “líderes empresariales” reunidos con el futuro gobernador. Las personas con libertad deciden sus cosas por ellas mismos, sea invertir o no, comprar o no… lo que sea. En un país razonable no hay cabida para hablar de sinergia con la autoridad. No tiene sentido, como sí lo tiene la idea de aplicar la ley.

En ese país razonable no se pone el caballo detrás de a carreta. Allí saben que crear empleos no es una meta en sí misma, pero sí una consecuencia de la inversión y la inversión depende en mucho de un gobierno que haga bien su trabajo esencial, como aplicar la ley.

Lo digno de señalar en el evento de marras es la distorsión que se muestra en ella: el país no va a ser mejor con nada de lo que allí se acordó, ni con los compromisos que se tomaron. Primero, por supuesto, por el escaso poder político del gobernador para manejar sus ingresos.

Pero sobre todo, porque lo que se necesita no es lo que allí se trató, sino la comprensión de los papeles de las diferentes partes que permitirían lograr prosperidad. Esos papeles son muy claros. Si cada quien hace su labor, el resto se logra casi por sí solo.

Lo explico de otra manera. Cuando un grupo de “líderes empresariales” como en este caso se reúne con un gobernante para tratar los grandes temas políticos y económico, lo que sucede es algo muy perverso: el gobernante en turno termina creyendo que él es el gran responsable de todo.

Termina pensando que es más de lo que en realidad es: un responsable de gobernar y de hacerlo bien. No es responsable del bienestar de la gente, ni del bien común, ni de la felicidad de sus gobernados. Sólo tiene que gobernar bien y nada más: velar por el orden y la ley.

Si lo hace bien, el resto tiene buena probabilidad de lograrse. Darle alas a un gobernante con reuniones en las que se piensa que serán resueltos los problemas de un estado, es un ensueño portentoso. Es como una extensión inconsciente de la idea de la planeación económica.

Lo que sorprende es que esos empresarios acepten la premisa de la planeación económica y hagan acuerdos “en favor de la comunidad” con los gobernantes. Ni ellos, ni los políticos, tienen la información que eso necesita.

Lo único que debería hacerse y sería maravilloso es hacerle comprender al gobernante que la felicidad de la gente depende de la gente, no de él y que todo lo que se espera de él es algo muy específico: aplicar al ley en defensa de las personas y sus propiedades, usando un sistema judicial razonablemente eficiente. Y a los empresarios, que no les den más cuerda a los políticos.

Es una cuestión básica de la división del poder para que se entienda de una vez por todas que los gobernantes son sólo eso y no mesías salvadores de la humanidad, como, por ejemplo, Obama lo cree. Y también de sentido común en los empresarios grandes que no están exentos de acompañar y alimentar al gobiernante en sus ensueños de grandeza.

Post Scriptum

Todos los entrecomillados fueron tomados de El Norte, Monterrey,  México (10 agosto 2009).


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