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Su Último y Primer Reducto
Selección de ContraPeso.info
6 octubre 2009
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos, SOCIEDAD
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar la persistencia de mitos marxistas en la cultura europea.

El Marxismo, a menudo se nos dice, esta muerto. Mientras que el Comunismo como un sistema de poder autoritario aún existe en países como China, el poder contemporáneo del Marxismo sobre las mentes de la gente es nada comparado con la gloria que tuvo entre la toma del poder por los bolcheviques en Rusia en octubre de 1917 y la caída del Muro de Berlín hace veinte años.

Tales observaciones son, en muchos aspectos, ciertas. Pero en otros sentidos, no lo son. Sólo necesitamos ver a Europa Occidental —el lugar en el que el pensamiento marxista primero emergió y creó raíces. Un signo trivial y sin embargo inquietante, es la voluntad de muchos jóvenes europeos occidentales de usar camisetas con los emblemas de la hoz y el martillo, o imágenes del Che Guevara.

Si usted quiere confirmar esto, basta que pasear por los centros de Amsterdam, Estocolmo, o Roma.

Sin duda, en muchos casos las imágenes de las camisetas son simples reflejos de una rebeldía juvenil. Pero es difícil abstenerse de preguntar a quienes las visten si ellos también tienen una camiseta con la imagen de la svástica nazi. Seguramente se ofenderían ante tal sugerencia.

Pero su decisión de hacer desfilar a la hoz y al martillo refleja ignorancia histórica, o bien una falla para aceptar que, como la svástica, son también un símbolo de regímenes terroristas criminales: sólo basta preguntar a los sobrevivientes del Gulag de Stalin, de los campos de “reeducación” de Vietnam, o los campos de muerte del Khmer Rouge.

Hay también un dominio persistente de la mitología inspirada por el Marxismo sobre la imaginación histórica europea. Un buen ejemplo es la representación que Marx hizo del capitalismo del siglo 19, como un período en el que un pequeño grupo se volvió rico y millones se empobrecieron. Esto sigue siendo un artículo de fe para la izquierda europea y parte de la derecha.

Sin duda, hubo grandes trastornos al transformarse las sociedades con arreglos agrícolas a sociedades industriales. Pero como ha probado de manera concluyente el historiador económico de Oxford en sus famosos debates con el académico marxista, Eric Hobsbawm, en cada medición de calidad de vida, la inmensa mayoría de la gente mejoró por causa del capitalismo industrial.

Entonces, ¿por qué son los mitos y símbolos marxistas implícitamente aceptados tan despreocupadamente por parte de tantos europeos occidentales que nunca se considerarían comunistas ellos mismos?

Una razón obvia es que las naciones europeas occidentales nunca fueron sujetas a regímenes comunistas. Fue por tanto mantener las ideas románticas sobre el Marxismo e ignorar o racionalizar la realidad brutal del otro lado de la Cortina de Hierro.

También, está el hecho de que la izquierda continental europea fue mucho más influida por el Marxismo, por ejemplo, que los movimientos de centro-izquierda anglo-americanos. El partido social demócrata de Alemania, por ejemplo, renunció formalmente al marxismo como una fuente de ideas hasta 1959.

Pero quizá la más importante razón de la influencia marxista persistente en el fondo de tanta opinión europea occidental es un filósofo italiano que murió hace 72 años. Si usted dudó alguna vez del poder de los intelectuales, el caso de Antonio Gramsci [1891-1937] puede ser un correctivo útil.

Como un marxista poco convencional de los años 30 bajo los estándares stalinistas, Gramsci argumentó que la clave del poder está menos en el control de los medios de producción que en la captura de las máquinas de la “hegemonía cultural” —las universidades, los medios, las artes y las instituciones religiosas.

Gramsci reconoció que la violenta captura del poder, por parte de los bolcheviques rusos en 1918, había sido la excepción a la regla. Esta táctica había fallado en todos los demás lugares. Gramsci creía que una “guerra de posición”, prolongada, por el control de la cultura, es la más efectiva manera de establecer una postura de dominio total sobre una sociedad.

Después del fracaso de los partidos comunistas para establecer su dominio en Europa Occidental al término de la Segunda Guerra Mundial, la ruta del “bolchevismo cultural” de Gramsci se convirtió en algo atractivo para los europeos occidentales de izquierda. Se apresuró después de las rebeliones estudiantiles de 1968.

Reflexionando sobre este período, como uno que lo vivió, el entonces profesor Joseph Ratzinger (ahora Benedicto XVI) habló de la violencia y la intimidación intelectual usadas por los estudiantes de izquierda contra cualquiera que estuviera en desacuerdo con ellos. La ideología marxista, escribió él, sacudió a su universidad “hasta sus mismos cimientos”.

Después de 1968, muchas de las universidades occidentales europeas pasaron por cambios dramáticos que las dañaron. El profesorado se convirtió tan monolíticamente de izquierda que hace ver a las universidades estadounidenses tradicionales de izquierda de la Ivy League como modelos de diversidad.

Si usted camina por la mayoría de las librerías académicas de Europa Occidental, encontrará preponderancia de trabajos inclinados a la izquierda, y tendrá dificultades para encontrar materiales con opiniones alternativas. Este estado de cosas ha influido a miles de estudiantes que han pasado por esas instituciones.

Nada de esto sugiere que Europa Occidental es la víctima de una conspiración masiva que lleva décadas. Pero quizá, mientras el mundo se prepara para celebrar el 20 aniversario de la derrota del comunismo en Europa central y del Este, a los europeos accidentales les gustaría preguntarse por qué tantos de ellos son tan indiferentes ante la influencia de una filosofía que conduce a prisiones, tortura, esclavitud y muerte de millones.

Y, entonces, podrían deshacerse de esas camisetas.

Nota del Editor

El punto de S. Gregg, esa inexplicable persistencia de mitos marxistas causada por el dominio cultural de una filosofía cruel, tiene especial relevancia en América Latina. Se sufre también en esta región ese síndrome, muy bien manifestado en la vestimenta de jóvenes con camisetas que llevan imágenes del Che Guevara… y que aunque no hayan leído a Gramsci, son su producto.

En julio de 2005 traté el tema de esas camisetas en donde escribí,

¿Cómo pueden venderse artículos como tazas, playeras y hasta jabones con la imagen de Guevara? Una explicación es la moda, eso que hace imitarnos sin mucho sentido unos a otros. Otra es ignorancia plena. Pero existe al menos otra, que es el descubrimiento de un diseño o logotipo que identifica a quienes usándolo desean ser vistos como de izquierda.

No socialistas propiamente, sino de la izquierda extrema, violenta, fanática que echa de menos a la URSS y que quiere mostrar su anti-norteamericanismo. El fenómeno del Che Guevara, insisto, tiene su gracia. Muchos de quienes lo reconocen no tienen idea de quién fue y no saben porqué lo llevan en una prenda de vestir. Y es así que se ha convertido en un logotipo, no diferente a los de las marcas globales. Un buen material para películas y una muestra de ignorancia.

Una novela, El Manantial (1943), de Ayn Rand muestra muy bien la toma del poder de las actividades e instituciones culturales por parte de los de izquierda.


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3 Comentarios en “Su Último y Primer Reducto”
  1. Corina Dijo:

    Lo que nos esta pasando que la gente ahora tiene una especie de fasinacion por el Marxismo, y por la figura nefasta del Che Guevara… pero a las nuevas generaciones esto ni lo saben solo como ustedes dicen lo traen en todo… son pocas las personas que les esta advirtiendo el peligro del Socialismo como le llaman ahora al comunismo, y del peligro de adorar a personajes tan nefastos…

  2. YGF Dijo:

    Este artículo tiene un error de concepto. El Che no era comunista ni marxista, era alguien que luchaba contra la injusticia y que fue pervertido quizá por la vida militar y algunas ideas de Fidel. Primero que todo, el propósito de la guerra revolucionaria cubana (a la que se asoció el Che)no era implantar un comunismo, sino derrocar a un dictador (Fulgencio Batista). Fidel vino a declarar el sentido socialista-comunista de la revolución en 1961 dándole la espalda a muchos de sus comandantes los cuales se sólo tenían 2 posibilidades ante la popularidad de Fidel: unirse a su “causa nueva” o no. Los que no como Huber Matos eran traidores. Al final Fidel se desprendió de casi todos sus comandantes, a Camilo lo desapareció y al Che como sabía que era un loco lo convenció de mandarlo a África y al llegar vivo le dió la idea de Bolivia, donde muchos aseguran que fue delatado por el mismo Fidel. De aquí quizá la imagen mística del Che que se desprendió de todo, quedando como ícono de luchador eterno. NOTA DEL EDITOR: ¿algún otro cuento?

  1. No Tan Revolucionaria | Contrapeso




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