Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sueños de Aldeana
Eduardo García Gaspar
15 diciembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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Érase una vez una agraciada, joven y bella aldeana, hija de un pobre granjero que apenas podían mantenerse con lo que ganaban los dos. Sin embargo, eran felices y tenían una existencia que le satisfacía, excepto por su hija, que era demasiado dada a los ensueños, ilusiones y fantasías.

Un cierto día, tocó a la puerta un abogado de la ciudad y les comunicó una gran noticia: habían heredado una vaca. Resulta que un hermano del aldeano, que había emigrado a otras partes del reino había muerto. Una vez pagadas todas sus deudas, quedó una vaca, que debía ser dada a su hermano.

La noticia conmocionó a la familia entera. La famélica vaca les fue entregada y a ella dedicaron grandes cuidados para que se recobrara del trayecto. Fue así que a las pocas semanas, la vaca comenzó a dar leche, mucha y de gran calidad. Un día, fue tal cantidad de leche la que dio que la hija decidió ir al pueblo a venderla.

Y fue así que tomó tantas tinajas llenas de leche como pudo, las puso en un carrito, y comenzó su caminata al pueblo empujándolo. Se despidió de su padre y por el camino se dedicó a lo que mejor sabía hacer, tener grandes ensoñaciones.

Se dijo a sí misma, “Con esta leche, que es tan buena y deliciosa, en el pueblo de seguro ganaré dinero suficiente como para comprar unos doscientos huevos, o quizá más. Llevaré a la casa esos huevos, los que nos darán mucho más de cien pollos, a los que cuidaremos para que en unos pocos meses estén crecidos y tiernos, justo en el momento en el que llegan las fiestas del pueblo…”

Caminaba y caminaba, en medio de sus ensoñaciones: “Si luego vendemos esos pollos en la aldea, podremos tener más dinero y comprar unos cerdos, a los que podremos más tarde convertir en suculentos jamones que son la delicia de muchos por estos lugares, y con el dinero que así tendremos podremos hacer más cosas…”

La hija del aldeano vio ya de lejos el pueblo. Era el día del mercado y estaba segura de vender la rica leche. No pudo dejar de imaginar: “Después de vender los jamones, tendremos más dinero y con él, para dentro de dos años, pediré a mi padre que me dé una parte, con la que iré a la ciudad y visitaré a los mejores comercios…”

“Allí —continuó imaginando—, compraré el más bonito de los vestidos y con él iré vestida a la fiesta del pueblo, siendo la más atractiva promesa de matrimonio y de entre todas las propuestas que reciba, escogeré al más guapo y rico de los jóvenes, y entonces mi padre y yo iremos a vivir a su hacienda y viviremos felices el resto de nuestra vi…”

¡Cataplún¡ La pobre hija del aldeano no vio un hoy en el camino, con el que tropezó y volteó el carrito en el que iba toda la leche, que se derramó en la tierra.

Usted puede sacar la moraleja que quiera. Generalmente, de esta fábula de Esopo, se obtiene una lección. La de poner atención en la realidad, como un hoyo en el camino, y evitar dejarse llevar por ensueños que distraen.

La historia es bastante más filosófica de lo que aparenta. Hace referencia a un principio básico que debe regir nuestro pensamiento: la realidad existe y es independiente de nuestras voluntades. No la podemos ignorar y cuando lo hacemos, ella nos alcanza y cobra su factura.

A mí me recuerda a los gobernantes, que son todos muy dados a sucumbir a los ensueños y se olvidan de la realidad, la que al tiempo echa a perder sus grandes planes. En el lugar de la hija del aldeano, con la misma inocencia de ella, usted puede colocar el nombre del gobernante que quiera.

Con toda seguridad, ese gobernante tendrá un gran proyecto nacional capaz de hacernos a todos felices el resto de nuestras vidas… y pondrá su mirada en los más elevados objetivos. No se molestará en ver la realidad, el piso por el que tiene que caminar. Y así, sin remedio, su plan se caerá por tierra.

Esto afecta a todos los gobernantes, con diferentes intensidades, pero lo hace. Usted lo puede ver en el caso actual de Chávez en Venezuela y su socialismo del siglo 21, un culto que tiene acólitos en Bolivia, Nicaragua, Ecuador. Pero también lo puede ver en Obama y su plan de salud.

Uno no ve que la realidad ya está tocando a su puerta y el otro se empeña en ignorar un déficit gubernamental que otros heredarán. La aldeana echó a perder sus planes con sus ensueños, los gobernantes echan a perder nuestras vidas con los suyos.


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