Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tiendas, Casas, Actitudes
Eduardo García Gaspar
1 mayo 2009
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en:


Hay una posibilidad de que a usted le suceda lo mismo que a mí. Odio ir de tiendas. Pasearme sin prisas en un centro comercial es algo a lo que me rebelo y si acaso lo hago, es a regañadientes. Pero, cuando no hay otro remedio, me procuro una actividad que produce diversión en el mejor sentido de la palabra.

Pongo atención en la gente y trato de aprender algo, o de producir una hipótesis sobre lo que veo. Por ejemplo, no hace mucho estuve en uno de los centros comerciales que tanto aborrezco y, andando de tienda en tienda, curioseando y sin sacar la cartera, vi dos casos que me llamaron la atención.

En una de las tiendas, de ropa, puesta con mucho lujo, había cantidad de camisas, trajes, corbatas, suéteres, zapatos. Un buen surtido que, sin embargo, poseía algo en común: sus colores eran oscuros. Había variedades impresionantes de grises, negros, marrones, pero todos ellos oscuros. Si acaso había un suéter rojo, ese rojo era cercano al negro. Era una tienda triste y desconsolada a pesar de su lujo.

Me llamó mucho la atención esa característica. Era como si hubiera amargura y aflicción en quienes diseñaron tales prendas. Podía imaginármelos en un sótano húmedo, atados a su mesa de diseño, taciturnos y sin luz. Creo que no hubiera tenido esta reacción de no entrar inmediatamente a su opuesto.

Era otra tienda, llena de luz, con todos los muebles en blanco y con gran surtido de prendas también, pero en los más atrevidos colores y mezclas. Los rojos vibraban compitiendo con los chillantes amarillos y verdes que no tenían miedo de serlo. Daba una sensación de alegría y animación. Los empleados se veían con desenfado, entusiastas.

Dos atmósferas muy diferentes que me recordaron la diferencia entre el taciturno arte de la arquitectura moderna, como el de La Grande Arche de la Défense, en París, y el arte del barroco que es alegre y alborozado. Y me recordó también la visita que hice no hace mucho a dos casas de gente a la que no conocía.

En una de ellas, el lujo era notable pero había algo que me llamó la atención: era fría, helada en su temperamento. Una casa digna de un robot que no deseaba tropezarse con objetos en el suelo, ni mesas. Los anfitriones eran formales y sin bien amables, se comportaban con cierta lejanía y desapego. No había nada que estuviera fuera de su lugar y sus propietarios se habían mimetizado con ella.

Contrasta ésa con otra casa, a la que muchos considerarían cursi. Llena de decoraciones y mezclas de estilos inconexos, había en ella una sensación de alegría y calor. Cuadros por todas partes, mesas viejas y nuevas, sillas que desafiaban toda clasificación. Los propietarios revelaron sus gustos y lo hicieron sin miedo. Sus personalidades eran amables y se esforzaban en agradar a pesar de ser la primera vez que los veía.

Era una casa terriblemente fea en sus interiores, pero preferible a la casa taciturna, elegante y formal. De escoger entre ambas, no habría tenido duda en cuál vivir. Era humana en ese sentido de la alegría que el barroco implica y que era como la tienda de los colores sin miedo.

Era eso en lo que pensaba mientras seguía en el centro comercial, convencido ahora de la existencia de la existencia de dos estados de ánimo o de personalidad, capaces de ser diferenciadas por medio de la ropa y la casa que se tienen. Casi como dos actitudes ante la vida que quizá indicaban la predominancia actual de una visión más triste que alegre.

Después de todo, demasiada gente se viste de negro cuando antes quien eso hacía de inmediato hacía suponer que había estado en un velorio. Y demasiados edificios son fríos y simples, cuando antes no lo eran. ¿Una época de tristeza la actual?

No lo sé, aunque tal vez pueda argumentarse en favor de esa idea si se acepta la impresión de numerosos casos de depresión, estrés, trastornos bipolares y demás. Sea lo que sea, me parece totalmente cierto que dentro de nosotros tenemos la posibilidad de elegir nuestras actitudes. No podemos cambiar la realidad, pero sí nuestra forma de aceptarla.

Un buen buen amigo desde los años 80 piensa que se vive en crisis económica y suele afectarle con un pesimismo crónico que ha acabado en cinismo. Podía haber elegido la otra visión de la realidad.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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