Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tiranía de lo Obvio
Selección de ContraPeso.info
24 junio 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Hunter Baker. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación. Baker es autor de The End of Secularism (Crossway, 2009), columnista de mucho tiempo de The American Spectator, y profesor asistente de gobierno de la Houston Baptist University.

La idea central del escrito es explicar el daño que causan las ideas que todos toman como ciertas sin necesidad de demostración.

Desde el otoño de 2008 hemos estado viviendo en un mundo diferente al que habitábamos en el cuarto de siglo antes de ese otoño. En ese período de 25 años, los estadounidenses experimentaron sostenidamente (a veces explosivamente), un crecimiento económico pocas veces interrumpido por frenos recesivos.

Durante dos décadas y media, la inseguridad económica del tipo que tanto hemos sentido recientemente, fue prácticamente desconocida para los estadounidenses por debajo de cierta edad. Hay lecciones que podemos aprender de ese período y que nos darán una posición ventajosa mientras estamos en crisis.

Ronald Reagan produjo un largo boom cuando con éxito repudió a la economía keynesiana y a los impuestos punitivos marginales que habían caracterizado el enfoque estadounidense para el manejo de la economía. Al hacerlo, restauró la prosperidad a la nación que estaba empantanada en las crisis gemelas de desempleo e inflación, y la duda de si la presidencia era demasiado grande para una persona sola.

Su fórmula para estimular a la economía mediante recortes de impuestos y no distribución gubernamental de dólares centralmente confiscados, alimentó elevaciones en la productividad del país y, así, dio a la nación una base para la generación real de riqueza. Hay una lección importante que aprender del boom de Reagan. Quienes realizan política pública deben estar obligados a memorizarla: cuidado con la tiranía de lo obvio.

Cuando Reagan subió al poder, él trajo consigo un mensaje que Jack Kempt había estado proclamando antes de su tiempo, como un Juan Bautista en Washington. El mensaje iba en contra de la intuición, pero era increíblemente poderoso. ¿Cuál era?

Pueden disminuirse impuestos, y si ellos son demasiado altos, en realidad se tendrá un aumento en los ingresos gubernamentales. La respuesta “obvia” era que Reagan estaba equivocado. Los impuestos altos significan mayores ingresos, ¿verdad? En realidad aún es un artículo de fe entre muchos de izquierda que los recortes de impuestos de Reagan llevaron a déficits crecientes incrementando la deuda pública.

En esta caso, sin embargo, la fe está mal colocada. Un examen empírico demuestra que los recortes masivos de impuestos de Reagan llevaron a elevaciones, ajustadas por inflación, de los ingresos federales.  Tasas más bajas significan más incentivos para aumentar ingresos y menos incentivos para mentir. Al mismo tiempo, el cambio en la política de impuestos acomodó los fundamentales para producir crecimiento económico de largo plazo.

En breve, lo que parecía obvio (recortar impuestos produciría un desastre a un gobierno ya presionado financieramente) era claramente incorrecto. Reagan descarriló el tren que se dirige al lugar en el que terminan todos los imperios: impuestos altos y arcas vacías.

La reforma de los servicios de bienestar fue una de las metas de la presidencia de Reagan, pero un punto de su agenda en el que falló completamente. Sin embargo, cuando el congreso cambió de manos en 1994, su liderazgo Republicano y las promesas de campaña del “nuevo” Demócrata Bill Clinton se unieron para producir un cambio íntegro en los derechos de los adultos en edad de trabajar.

La reforma de esos servicios de bienestar inspiró muchas lamentaciones antes de su implantación, con los defensores de la Guerra a la Pobreza prediciendo muertes en las calles y caos social. Estas predicciones parecen ahora como provenientes de una bola de cristal que estaba rota.

La reforma de servicios de bienestar, que probó ser una de las más exitosas políticas de la historia de EEUU, cortó literalmente a la mitad los otorgamientos de bienestar y ayudó a tener los primeros superávits federales en décadas. Este resultado también fue un golpe a la tiranía de lo obvio, la que decía que aquellos con gozo de servicios de bienestar no trabajan porque les es imposible encontrar empleo. Los campeones de lo obvio estaban equivocados.

Añadamos a nuestro aforismo sobre la tiranía de lo obvio una frase: desear las cosas no es suficiente. Combinando la tiranía de lo obvio con el creer que los deseos bastan, se logran políticas públicas que llevan al desastre.

Las políticas de bienestar, que tan desesperadamente pedían ser reformadas, procedieron de una visión cándida de la naturaleza humana. Si la gente es pobre, désele un ingreso. No hay necesidad de poner límites de tiempo. Teniendo garantizadas las más básicas necesidades de la vida, la gente será capaz de salir de la pobreza bajo la guía de los burócratas sociales.

Los defensores de estos planes no tenían la menor idea de que sus planes bien intencionados llevarían a largos ciclos de pobreza y desintegración familiar que amenazó a generaciones enteras. Tener deseos de buenos resultados llevó al desastre.

Fue sólo cuando una visión más exigente imperó —la idea de que es razonable esperar productividad e iniciativa de personas sanas capaces de trabajar—, que muchos escaparon de la mera subsistencia.

La razón de esta reflexión vuelve al principio. Vivimos en tiempos ansiosos. El deseo de un buen líder para ocuparse de la situación que enfrenta y tener un triunfo, es palpable. En verdad el presidente en los EEUU parece haber previsto el futuro al seleccionar sus temas de campaña, Esperanza y Cambio.

Los gobiernos tienden a crecer más en tiempos de guerra y épocas de crisis económicas. El terreno que ganan es raramente, si es que lo hacen, regresado a los ciudadanos. Eso es lo que hizo a Reagan y a Thatcher tan especiales en sus funciones. Ellos estuvieron en contra de “lo que todo el mundo sabe” y fueron adelante sobre la base de un realismo inspirado en una perspicacia más profunda acerca de las personas y las sociedades.

Si sucumbimos ahora a políticas públicas basadas en una combinación de la tiranía de lo obvio y de la creencia en que los deseos bastan, las consecuencias se quedarán con nosotros durante un tiempo mayor al de la presente crisis.

Tomó muchas décadas dar reversa a la desastrosa política de impuestos punitivos apoyada por un EEUU golpeado repetidamente por la depresión y dos guerras mundiales. Y mientras el barco dio la vuelta a los servicios de bienestar para adultos trabajadores, mucho potencial humano fue desperdiciado en la tibia agua de los reclamos y derechos anteriores a la reforma.

Acudir al Estado es siempre la respuesta obvia, siempre que deseamos que nuestros problemas desaparezcan, pero mientras la promesa es ilusoria, el dolor es real.

Post Scriptum

Sobre la idea de que los gobiernos no regresan el terreno civil que invaden, la idea de Nock es informativa: Intervencionismo Creciente. Sobre la idea del fracaso de los programas de política social que combate la pobreza, la idea de Murray es una clásica ya: Los Pobres no son Iguales. La idea de que los deseos no bastan está explicada en La Falacia de la Intención.

La frase de Baker es muy afortunada. La Tiranía de lo Obvio resume el enorme daño que causan las decisiones basadas en lo que “todos creen que es correcto” pero que es falso. Es obvio que la ley debe proteger al trabajador, es obvio que el gasto gubernamental reactiva a la economía, es obvio que el gobierno debe encargarse de la educación, es obvio que deben controlarse las tasas de interés, que no debe dejarse quebrar a General Motors, que…

La lista siguiente de presidentes de EEUU pone en perspectiva parte de lo mencionado en la columna (el cambio siempre es en enero, excepto donde se menciona otro mes):

• Lyndon B Johnson. (noviembre) 1963-1969. Demócrata: guerra a la pobreza

• Richard Nixon. 1969-1974 (agosto) Republicano: “todos somos keynesianos”

• Gerald Ford. 1974 (agosto)-1977. Republicano.

• Jimmy Carter. 1997-1981. Demócrata.

• Ronald Reagan. 1981-1989. Republicano: reducciones de impuestos y servicios de bienestar

• George H. W. Bush. 1989-1993. Republicano.

• Bill Clinton. 1993-2001. Demócrata: superávit público

• George W. Bush. 2001-2009. Republicano: déficit público

• Barack Obama. 2009- Demócrata:¿mayor déficit público y más keynesianismo?


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


2 Comentarios en “Tiranía de lo Obvio”
  1. Yayo M Dijo:

    Es cierto lo que dice el autor y me ha sucedido en clases con maestros que se van con la finta de lo obvio como uno que nos predicó todo el semestre que la riqueza debía ser repartida para que ya no hubiera pobres. Lo que creo es que si hacemos eso, todos seremos pobres y habrá sólo un rico, el gobierno. Pobrecito maestro que estaba bajo la tiranía de lo obvio.

  2. Viejo Dijo:

    Tu comentario esta muy sustentado en la basura de los medios de comunicación , La historia Económica es la mas influyente , donde hablas de Rockefeller , de los negocios de la familia Bush …esta es una izquierda mediocre





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