Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Traiciones y Conflictos
Eduardo García Gaspar
10 abril 2009
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El más claro caso que conozco es el del secreto de la confesión, obligatorio para lo sacerdotes católicos. Violar ese secreto es una traición. Incluso con riesgo de perder la vida, debe respetarse. La otra traición clara es la de ayuda a la nación enemiga por parte de algún ciudadano.

Son casos de traiciones a juramentos hechos o conductas esperadas. El ciudadano del país A, se espera, nunca debe ayudar a la nación B cuando ésta ataca a su propio país. Los casos de los espías y los colaboracionistas son los más conocidos y se consideran faltas muy graves.

Existe otro tipo de traición, mucho menos llamativa, la profesional. Los casos más conocidos se dan entre empresas competidoras, por ejemplo entre Coca-Cola y Pepsi-Cola. Un ejecutivo de una de ellas posee conocimientos que son útiles para la otra. Se espera de los ejecutivos que guarden los secretos. No hacerlo es una especie de traición. Una acción en contra de la confianza esperada.

En los casos de agencias de publicidad que viví, había una modalidad interesante: las agencias no pueden manejar productos competidores. Por ejemplo, no pueden manejar al mismo tiempo la cuenta de una pasta dental de P&G y una de Colgate. Ninguna de esas empresas gustaría de correr el riesgo de filtración de información.

El política también se da algo parecido: la posible traición de una persona, la que revela a la prensa o a partidores opositores datos que conoce gracias a una posición en la que se presupone que no hará esas revelaciones. Todas estas traiciones se refieren a una persona que se supone debe guardar la confidencialidad y no lo hace.

Es, en otra escala, el problema del amigo chismoso. Ése al que se le cuenta alguna cuestión personal con la condición de que no se lo diga a nadie, pero lo hace a pesar de esa petición en contrario. Todos estos casos se refieren a relaciones entre dos o más personas y son más o menos claros.

No hace mucho que en una conversación salió un problema de traición que era muy diferente y que quizá a usted le interese. Es el caso de la traición a sí mismo. La situación concreta que se trató fue la de una persona cualquiera, experta en un campo y a quien un partido político pidió asesoría. Hizo el trabajo a pesar de que ese partido político es lo opuesto a los principios en los que la persona cree.

Creo que es un caso de traición personal. En México se ha dado, como supongo en muchos otros lugares, cuando una persona que quiere tener un puesto de elección popular se afilia a un partido que sostiene ideas opuestas a las suyas. Por ejemplo, un liberal que se une a un partido socialista. O, como en el caso anterior, un tipo que no quiere que cierto partido político llegue al poder, pero que le vende asesoría para que lo logre. A estos casos se les ha llamado de objeción de conciencia.

Posiblemente el más claro de todos ellos es el de los doctores en medicina que se oponen a practicar abortos, a pesar de que la ley los permita. En éste, como en los demás casos, puede verse un común denominador que corre debajo de todos, el de la congruencia, integridad, o como usted quiera llamarle.

Se espera de todas las personas un comportamiento compatible con expectativas que en parte vienen de las creencias que ellas tienen. Así como espero que el cartero no abra y lea mis cartas, espero de mi mismo actuar de una manera tal que respete las cosas en las que creo. Si trabajo en Gillette no voy a ir con su competidor a revelarle secretos.

Es decir, no podemos escapar realmente a tener expectativas de lo que debe ser y quizá la ética y la moral no sean nada más allá que el intentar hacer iguales a lo que es con lo que debe ser. La brecha entre uno y otro es lo que consideramos reprobable o malo, como la conducta de quien creyendo una cosa hace la opuesta.

Claro que en todo esto existe un problema potencial serio. ¿Qué pasa cuando no se tienen creencias sobre lo que debe ser? En este caso será imposible comparar nuestra conducta y podemos esperar cualquier cosa. Cuando nadie cree en nada, todo se vale y, por eso, ya no tendríamos expectativas de conductas buenas.

Quizá sea éste el problema actual, el haber puesto de lado expectativas de conducta propia y ajena. No esperamos nada del resto ni de nosotros. Es como haber quitado exámenes a los alumnos y todos salen ya con un título profesional que de nada vale.


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