Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tres Conductas Posibles
Leonardo Girondella Mora
17 junio 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Análisis
Catalogado en: ,


En las elecciones mexicanas de 2009, algunos de los líderes de opinión —lo que sea que eso signifique—, han propuesto la idea de que se acuda a las urnas a votar y que a la hora de seleccionar los candidatos para cada puesto, no se haga eso, sino que se anule de alguna manera la boleta.

Una de las proponentes de tal idea es la columnista D. Dresser, la que el 15 de junio escribió:

Anular es votar. Es participar. Es ir a la urna y depositar una boleta para expresar el descontento con un sistema democrático mal armado, que funciona muy bien para los partidos pero muy mal para los ciudadanos… La anulación no busca acabar con la democracia sino aumentar su calidad y su representatividad.

En resumen, la propuesta de ella y otros más, es ir a votar, anular la boleta pensando que con ello se logrará materializar una protesta ciudadana nacional cuyo objetivo es mostrar descontento importante con el sistema de gobierno actual —presupone que eso ayudará a hacer cambios benéficos de gobierno.

Lo siguiente examina analíticamente esa propuesta y su conveniencia.

• Como punto de partida se tiene una situación con la que es difícil estar en desacuerdo —quienes proponen anular el voto, opinan que el gobierno mexicano tiene un desempeño malo, que es ineficiente, corrupto y cerrado a un grupo de personas que luchan entre sí para obtener el poder y así lograr provecho personal.

No esto en desacuerdo con el punto de partida —al contrario, coincido con esa opinión. Es decir, concuerdo con el objetivo que ellos persiguen, que es el de hacer una manifestación de protesta. En lo que difiero no es en el qué, sino en el cómo quieren realizar la protesta, que es lo que examino a continuación.

• Una posible forma de protesta podría ser la promoción del abstencionismo —no es anular el voto, sino simplemente no acudir a votar y hacerlo en proporciones significativas. Si los votantes se comportan como en 2003, se esperarían un abstencionismo de alrededor del 60%, lo que significaría que una protesta importante e interpretada como tal, tendría que dar un abstencionismo superior al 70%.

De otra manera, opino, el abstencionismo no se interpretaría como protesta ciudadana y los gobernantes verían esa cifra a su conveniencia —quizá creyendo que la culpa se debe a una mala labor de las instituciones electorales, pero no de ellos. Y, desde luego, lo que ya ha sido dicho: el abstencionismo daría el poder de elección a los fanáticos partidistas que en su mayoría cambian su voto por apoyos y favores.

• Otra posible forma de protesta, durante el día de las elecciones, es la que proponen algunos de los líderes de opinión — lo que mencioné al principio. Ellos creen que ir a votar y anular el voto tachándolo todo, o dejándolo en blanco, es una manera de protestar la existencia de un gobierno muy poco funcional.

Esto debe ponerse en perspectiva. Durante las elecciones de 2006 se tiene un registro de aproximadamente 2% de votos anulados por causas válidas —lo que no es una cifra abultada. ¿Cuánto más grande tendría que ser esa cifra para que fuese interpretada como una protesta importante?

Si ella se quintuplicara, llegando a 10%, sería un gran logro, difícil de obtener. Para que fuese efectiva, creo sinceramente, tendría que llegar a porcentajes que colocaran a la anulación de votos como la segunda o tercera fuerza electoral —una meta difícil de lograr y que debería ser superior a 25%, o algo en ese rango.

Me parece que llegar a ese nivel es tremendamente dificultoso porque necesitaría convencer a buena proporción de los abstencionistas a salir de sus casas a votar y romper sus inclinaciones —es decir, la propuesta de anular el voto tiene en su contra la clara tendencia abstencionista de las elecciones intermedias.

Desde luego, como ha sido mencionado muchas veces, el anular votos tiene la indeseable consecuencia de colocar el poder de elección de gobernantes en los grupos de fanáticos partidistas —pero lo que quiero añadir es algo que no he escuchado: para que tenga éxito el anular el voto y se le considere una importante protesta ciudadana, necesita quitar a muchas personas su tendencia abstencionista en elecciones intermedias y convencerlas de ir a votar y que anulen.

No tengo la impresión de que se convenza a muchos que no pensaban ir a votar, que ahora lo hagan para anular sus boletas —pero es más realista convencer a algunos que sí piensan votar de anular sus boletas. Si por ejemplo, votara el 35%, tendría que convencerse de ello a una cuarta parte a anular la boleta, una tarea difícil para quien sí vota y se motiva por elegir a alguien.

• Hay otra forma posible de usar para mandar ese mensaje de protesta y por la que me inclino, aunque confieso que también tiene dificultades —es la protesta que toma la forma de elevar la participación, es decir, elevar la participación, el número de personas que votan.

Si el abstencionismo esperado gira alrededor del 60% y las expectativas que he escuchado reducen aún más esa cifra, sería también una manera de protesta el elevar la participación y hacer que el abstencionismo fuese menor al 50% o algo en ese rango.

Una comparación ayuda a comprender esto —si en las huelgas de los sindicatos de México el obrero deja de trabajar y abandona su puesto, en otras huelgas, los obreros siguen trabajando y lo hacen más que de costumbre. A esto me refiero, a que la mejor protesta no es el abandono del deber de votar, sino al mayor cumplimiento de ese deber.

Para mí, resulta un tanto incomprensible que se proponga ir a votar y una vez frente a las boletas tomar la decisión de no decidir, es decir, renunciando a elegir —prefiero al ciudadano que tiene valor y no cobardía, y que reconoce que los gobernantes son demasiadas veces inferiores al promedio, pero que así comprende que es votando como se les hace entender que las elecciones son una forma de control.

¿Qué éxito puede tener la propuesta de disminuir el abstencionismo? La misma que tiene la propuesta de anular el voto —ambas tienen un enemigo común, el abstencionismo que es fuerte en las elecciones intermedias. Es una gran inercia en contra de la campaña de anular el voto, y también en contra de la propuesta de elevar la participación.

Pero entre cada una de esas dos propuestas encuentro una diferencia importante. Sí, estoy de acuerdo con Dresser, en que anular es una forma de votar, pero es una forma incompleta que aleja al ciudadano de su deber. Si los gobernantes han abandonado sus deberes, ella le pide ahora al ciudadano que también lo haga.

Prefiero la otra opción, la del ciudadano que aún frente a un gobierno ineficiente y con gobernantes que dejan mucho que desear, no los imita y acepta su deber eligiendo al que cree que es el mejor entre la colección de mediocres. Ese ciudadano no se aleja de la política, ni de sus deberes, como lo hace el que anula su voto y que actúa así como un ciudadano que no cumple.

De las tres posibilidades de acción del ciudadano, el abstencionismo me parece la más reprobable y vil —es una gran vergüenza que se padezca en proporciones elevadas. La segunda posibilidad de ir a votar y anular el voto, es en el fondo de las cosas, una modalidad de abstencionismo y sin muchas probabilidades de tener éxito en alcanzar su objetivo.

Me inclino, por lo antes dicho, por la opción de votar sin anular las boletas —no puedo pedir al ciudadano que se olvide de sus deberes, aunque eso mismo han hecho los gobernantes. No puede construirse a la larga una democracia que tiene sus cimientos en la renuncia a una obligación.

Addedum

En buena parte me uno a las opiniones del editor de esta página, expresadas antes que yo en Venganza del Ciudadano y en Démosles un Gran Susto.


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No hay comentarios en “Tres Conductas Posibles”
  1. Droctavio Dijo:

    Un análisis claro que por eso debe agradecerse. Por otro lado, quiero decir que así de sucia es la democracia, me refiero a las campañas sucias y otras acciones negativas de los candidatos, pero que prefiero esa suciedad que todos ven a la suciedad que se oculta en las dictaduras.





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