Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un León Retórico
Eduardo García Gaspar
31 diciembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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La historia comienza con una terrible persecución en un bosque, hace muchos años. Una coneja corría con desesperación alternando momentos de descanso, escondida entre arbustos, con carreras muy veloces para alejarse de sus perseguidores.

Tres o cuatro cazadores la perseguían y en varias ocasiones había estado a punto de perecer, pero su astucia la había salvado. Llevaba varias horas tratando de sobrevivir, hasta que exhausta pensó que no podía más. Se metió detrás de la espesura resignándose a ser alcanzada y servida por la noche en un potaje.

Pero en ese momento, la coneja paró sus grandes orejas y escuchó algo. Volteó y entre las ramas vio una cueva que le podía dar refugio. Sin pensarlo dos veces entró en ella cuando ya los cazadores estaban muy cerca. Dentro de la oscura cueva alcanzó a ver una figura que no le fue de su agrado.

Era el león, que dormía, pero al que despertó el ruido de los cazadores. Abrió los ojos, vio a la coneja y abrió sus fauces rugiendo tanto que asustó a los cazadores, los que huyeron del lugar. La coneja vio al león. El león vio a la coneja, quien suplicó al león le diera asilo durante una horas.

El león la contempló largo rato con una mirada que hizo temblar a la coneja, a quien dijo: “Escapaste de los cazadores, pero no escaparás de mí”. Y, con un sólo zarpazo la mató, disfrutando de una buena e inesperada comida.

Es otra de las fábulas de Esopo, el que la usa para mostrar una moraleja: cuando se quiere evitar un mal, debe tenerse mucho cuidado de no caer en otro aún peor. Es muy parecido al principio que dice que entre dos males deberá escogerse el menor de ellos.

Cada quien la podrá aplicar, estoy seguro, a alguna historia propia. En lo personal, me recuerda mucho la conducta gubernamental del combate a las drogas. Es obvio que las drogas no son precisamente lo más aconsejable para consumir. Son un mal muy claro y comprensible. Pero su prohibición es también otro mal, por los efectos que tiene.

La prohibición de las drogas financia a la criminalidad y ése es otro mal. ¿Cuál de los dos es el menor, la prohibición o su tolerancia? Ésa es la decisión. No puede escogerse una alternativa sin valorar sus consecuencias reales. La prohibición puede ser como el entrar a la cueva del león: puede dar la impresión de haber evitado un mal, pero tener la realidad de haber entrado en un problema peor.

También, me recuerda lo que alguna vez dijo un empresario, el propietario de una empresa mediana y que presumía del éxito que había tenido. Ese éxito, sin embargo, estaba en riesgo  debido a la competencia de productos importados de calidad similar, pero a precios menores. Se parecía a la coneja perseguida.

Lo perseguían los cazadores, es decir, los competidores extranjeros. Y ese empresario tenía ideas para enfrentar a esa competencia. Una de ellas, la principal, era el cabildear con el gobierno para que éste decretara impuestos compensatorios que elevaran el costo de las mercancías que competían con las suyas.

El empresario, como la coneja, había visto una cueva y quería meterse en ella. La cueva lo protegería, según él. Lo que no pudo entender es que dentro de esa cueva hay un león también y que, buscando protegerse de la competencia caería en manos peores. No sé si entendió lo que yo le decía.

Posiblemente no. Se sentía tan presionado y amenazado por la competencia que no comprendió bien la realidad de lo que quería hacer acudiendo a buscar la protección gubernamental. Es natural la reacción. La competencia en un mercado libre no es precisamente una vida tranquila para las empresas. La tentación de buscar la protección estatal es muy grande para ellas.

Finalmente, y ya en el fondo de la cuestión, la historia de Esopo me da la impresión de resumir la esencia del socialismo, pero contada desde el punto de vista del león. Es el león el que es testigo de lo que sucede a su alrededor y a quien siente que está en apuros lo llama ofreciendo su protección. Una vez dentro de la cueva, la presa ya no tiene salvación.

El socialismo, desnudo y sin palabras bonitas, está basado en una idea muy pueril: todos viviremos mejor si permitimos que los gobiernos se hagan cargo de nuestras vidas. Y eso es como un león que nos llama con gran retórica pidiéndonos que entremos a su cueva.


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