Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Alumna que Llora
Eduardo García Gaspar
13 noviembre 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
Catalogado en:


La alumna me miró con una tristeza enorme y directamente a los ojos. El pasillo estaba vacío y ella caminó hacia mí. Contó lo que le afligía: estaba embarazada y su novio andaba con otra mujer, pero ella aún lo amaba. No sabía qué hacer. Lloraba y me abrazó.

Todo lo que pude hacer en breves instantes fue lograr que ella prometiera hacer nada, que no tomara ninguna decisión hasta regresar a su lugar de origen, a su casa. Lo prometió. Nunca más supe de ella. Pienso con frecuencia qué habrá sucedido. Nunca lo sabré.

Pero sí me he puesto a pensar en los orígenes de situaciones como ésa. Y sinceramente creo que mucho se debe a una confusión entre enamoramiento y amor (la vieja idea de C.S.Lewis). En la primera etapa de acercamiento entre un hombre y una mujer se tiene una especie de gusto personal que es una probabilidad futura de algo más firme.

De ese gusto por andar juntos, se pasa al enamoramiento, que es una emoción. Es un sentimiento y nada más. Muy agradable, pero nada más allá de eso. Es la etapa previa al amar… y amar no es un sentimiento, es una decisión voluntaria y consciente de adquirir un compromiso y respetarlo.

Apuntar la diferencia es importante. La etapa de enamoramiento es una de emociones y estos sentimientos nublan la razón. Si acaso se llega a la relación sexual, las cosas se complican mucho más por consecuencias físicas, como la del embarazo y otras, pero también por consecuencias mentales: el enamoramiento puede intensificarse y fundamentarse en la expectativa de sexo y nada más.

El problema es que el enamoramiento no es durable porque es un sentimiento y los sentimientos no pueden dominarse, van y vienen. En esta estudiante, era obvio, dominaban las emociones. Ella se había dado a él en su más profunda intimidad y seguía enamorada a pesar de haber sido abandonada a su destino.

El novio, por su parte, me imagino que había encontrado otro causa de sentimientos y emociones. La dejó quizá porque los sentimientos anteriores habían terminado y había encontrado otros más fuertes. O quizá simplemente él era un buscador de sexo y nada más. No lo sé.

Pero lo que sí sé es que existe un peligro, el de tener sexo en la etapa del enamoramiento, cuando las emociones están en un punto muy alto y la hormona gana a la neurona, como decía un amigo. Es por esto que resulta conveniente abstenerse de tener relaciones sexuales hasta que no llega la etapa del amor consciente, fiel, comprometido y voluntario.

El sexo, decía otro amigo, es muy complicado: el placer que causa, mental y físico, impide ver que se trata de creación de vida y de unión entre dos personas. Si se pone atención sólo en el placer, se olvida la otra parte que es la más importante. Tener sexo con cualquiera, decía, devalúa al ser humano.

Por tanto, el sexo está reservado para quienes han llegado a la tercera etapa, la del amor consciente y voluntario, la que reconoce que amar es una decisión, la de aceptar un compromiso serio en el matrimonio. Sexo sin compromiso serio es una invitación al desastre.

Lo que digo, me dirán muchos, es una posición conservadora y opuesta al ejercicio de la sexualidad humana. Es una posición conservadora en el sentido de ser prudente, es decir, de cuidar las consecuencias de actos irresponsables. Sexo sin compromiso es algo tonto, incongruente con la naturaleza humana.

El sexo es de tal importancia que no puede ser tratado tan superficialmente como lo hacen en los libros de ética para educación secundaria en México. En ellos, de verdad, se promueve que los alumnos menores de edad tengan relaciones sexuales con quienes lo deseen. Es una degradación del sexo porque lo convierte en una herramienta de gozo irresponsable y nada más.

Cuando una chica y un chico comienzan a salir juntos y a pasar tiempo solos, hay allí una etapa de conocimiento mutuo que no acepta pasar a lo que sólo debe hacerse después de que ambos han decidido comprometerse voluntariamente de por vida en una relación fiel.

La razón de esto es simple: el sexo no puede entenderse sanamente sin su finalidad de creación de vida y esa nueva vida que llega necesita cuidados que sólo pueden darse dentro de la unión formal de dos seres humanos. Hacer lo opuesto es origen de grandes males, como el que sufría la alumna que lloró sobre mi hombro en un pasillo de una universidad.


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