Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Persona, Dos Posiciones
Eduardo García Gaspar
4 diciembre 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Hablar bien de la persona A no significa hablar mal de la persona B. Si se critica al gobernante A eso no significa que se hable bien del gobernante B. Sirva esto a un amigo que me acusa de ser pro Bush cuando critico a Obama.

Es un error pensar eso. Decir que la opción X es mala, no quiere decir que la opción Y sea peor, ni mejor, ni igual.

Obama, tengo la fuerte impresión, llegó a la presidencia sustentado en una imagen sólida: esperanza y cambio. Modificaría a Washington y sus cabildeos, ahorraría dinero, gobernaría por encima de intereses partidistas y corporativistas, no sería ideológico. Y todas esas promesas fueron envueltas en una retórica realmente buena.

El problema fue el pasar por alto algunas realidades, como falta de experiencia internacional y ejecutiva. Más el escaso valor práctico que tiene el glamour personal sin contenido. Y, peor aún, grandes expectativas de todos (especialmente extremas fuera de EEUU).

La realidad llega y el candidato que ahora es presidente debe cambiar. Ahora está a cargo de las cosas. El contraste es interesante de examinar, no tanto para ver a Obama y su desempeño, sino para tratar de obtener una regla en política: el candidato y el gobernante no son los mismos.

Si bien Obama prometió un nivel de política no partidista, la realidad es realmente la opuesta: existe una profunda división entre demócratas y republicanos (por ejemplo en la reforma de salud). Prometió finanzas mejores, y las proyecciones da déficit hacen ver a la administración anterior como conservadora. Prometió tomar acciones inmediatas, que ha tenido que aplazar (como Guantánamo).

Prometió no ser ideológico, pero lo está siendo con una agenda progresista en un país que no lo es. Se vendió como un tomador de decisiones, pero ha pospuesto medidas militares. Dijo que arreglaría el lío heredado de su antecesor, pero ese lío lo ha usado muchas veces como excusa para justificar falta de resultados.

Confió en su encanto personal y familiar para mantener apoyos, pero eso no es suficiente en un gobierno de poderes divididos y en una sociedad mayoritariamente conservadora. Sus discursos de candidato eran fantásticos, pero no lo son sus discursos ejecutivos. Y sus apoyos del extremo progresista, que le dieron gran apoyo, comienzan a desilusionarse. Dijo controlar al gobierno, pero lo está expandiendo.

Este es un caso y nada más uno de lo que creo es una regla política general en las democracias: el candidato no es la misma persona que el gobernante ya elegido. En la posición de candidato cuentan las promesas y la retórica. En la posición de mando, cuenta la experiencia, la toma de decisiones y la prudencia. La persona identificable es la misma, pero su posición la transforma.

Esto es lo que creo vale una segunda opinión. Un ciudadano sagaz y sutil escucha a los candidatos, pero los evalúa imaginándolos ya en el poder. Un ciudadano ingenuo escucha a los candidatos y selecciona a uno de ellos sin pensar en el cambio por el que pasarán. Con Obama, algunos de mis amigos, no dieron ese segundo paso. No se imaginaron a Obama en la posición que deseaba.

Y, naturalmente, comienzan a decepcionarse. Pero eso es lo normal. Obama es otro caso más de la diferencia que hace la posición que ocupa una persona. La posición del candidato es muy distinta a la del gobernante. La buena retórica y las grandes promesas no pueden tomarse sin una buena dosis de escepticismo y perspicacia.

Creo que Obama es un caso que quizá se convierta en un clásico de este fenómeno. Para los mexicanos no es novedad: Fox como candidato tuvo la capacidad de hacer un cambio histórico en el país, pero como gobernante fue una decepción notable. La misma persona en dos posiciones muy diferentes se convierte en dos muy distintas.

Hay una frase que describe esto, la de “irse con la finta”, es decir, sucumbir a un engaño que es conocido. Describe bien lo que quiero decir. Un gobernante en campaña es una fuente inagotable de promesas de un mundo ideal y esas promesas, si se ven con sagacidad, son una buena indicación de lo que sucederá en caso de ganar.

En fin, todo lo que he querido hacer es bastante simple. Quise llamar la atención de un fenómeno político poco reconocido, el de una misma persona que en dos posiciones distintas se convierte en dos personas diferentes. Obama es sólo un caso más de este fenómeno.

Post Scriptum

• Sobre Obama, véase el comentario en Der Spiegel (2 diciembre 2009):

Never before has a speech by President Barack Obama felt as false as his Tuesday address announcing America’s new strategy for Afghanistan… Obama’s Magic No Longer Works. But in this case, the public was more disturbed than entertained. Indeed, one could see the phenomenon in a number of places in recent weeks: Obama’s magic no longer works. The allure of his words has grown weaker. It is not he himself who has changed, but rather the benchmark used to evaluate him. For a president, the unit of measurement is real life. A leader is seen by citizens through the prism of their lives.

• Otro comentario interesante es el de Tina Brown (3 diciembre 2009):

It’s a strange paradox for a great wordsmith, but whenever Obama makes an important policy speech these days he leaves everyone totally confused… Now White House envoys are being dispatched all over the globe to explain what the president really meant about the date when troops will or won’t be pulled out of Afghanistan… I have come to the conclusion that the real reason this gifted communicator has become so bad at communicating is that he doesn’t really believe a word that he is saying. He couldn’t convey that health-care reform would be somehow cost-free because he knows it won’t be. And he can’t adequately convey either the imperatives or the military strategy of the war in Afghanistan because he doesn’t really believe in it either.


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