Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Verdad, Dos Fuentes
Eduardo García Gaspar
24 diciembre 2009
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
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Fue una buena lectura, a pesar de que muchas cosas me fueron incomprensibles. Al final de cuentas, acaba uno con mayor información y un sentimiento de conocer algo. Me refiero al reciente libro de Hawking, S. y Mlodinow, L. (2008), A Briefer History of Time, de Bantam.

Trata de esas cosas cósmicas, del espacio curvo, pero también de las estructuras subatómicas. En fin, el breve libro es interesante. Entre las cosas que trata está el origen del universo, lo del Big Bang y otros temas que, sin remedio llevan a incorporar la noción de un Creador… o como usted quiera llamarle.

Me quedé con la impresión de que en verdad sabemos muchas cosas y, por supuesto, con la reacción que los autores enfatizan: aún nos quedan por conocer muchas más. La misma noche en la que terminé de leer el libro y, por otra razón, comencé la tercera lectura de otro libro.

Y, sin hacerlo a propósito, encontré de nuevo el tema del origen del mundo, de nuestro cosmos. El primer libro de la Biblia es el Génesis, una parte del Pentateuco, común a varias religiones. Como todos saben, allí se narra el nacimiento del mundo en un texto de hace varios milenios, cuando no existían todos esos conocimientos que son en verdad recientes.

En el Génesis existen, para colmo, dos relatos de la Creación, en los capítulos 1 y parte del 2 y en parte del 2 y 3. Son diferentes, sí, pero no son contradictorios. Tienen en común al menos un par de elementos, la creación del mundo es obra divina y los seres humanos somos la creación superior del cosmos.

Es obvio que, desde la visión científica, los relatos bíblicos se vean como un cuento fantástico que no tiene correspondencia con la realidad. Eso es si se toma de manera literal, pero si se ve como una explicación de hace miles de años, la cosa es más comprensible. Entre nosotros y Newton hay muy pocos siglos, pero hay milenios entre él y la narración del Génesis.

Entre el Génesis y lo que ahora sabemos del cosmos, hay algo en común que suele pasarse por alto. Los dos son información. De diverso origen, pero información al fin: explicaciones de nuestro mundo y nuestra vida. Explicaciones que, en nuestros días y sin mucha base, se presupone son contradictorios. Se usan argumentos que son un tanto infantiles, como el decir que los siete días de la Creación son literales cuando sabemos que es imposible.

El principio central de solución de controversias de ese tipo fue propuesto hace siglos por Santo Tomás de Aquino (1225-1274). Dijo que era de sentido común que el significado de las Sagradas Escrituras no fuese claro ni diáfano, pues lo que en ellas se decía no era evidente por sí mismo, ni sencillo de entender ni fácil de comprender.

Y que si se encuentra una parte en esas escrituras que interpretada literalmente contradiga una realidad obvia, entonces debe concluirse que ese sentido literal en la interpretación debe constituir una falsa comprensión de los textos. Es una pena haberlo olvidado.

Esto es lo que merece una segunda opinión. La resumo en lo que sigue. Al final de cuentas, ambas son fuentes de conocimiento y poseer conocimiento es parte de nuestra naturaleza. Son fuentes de revelación de conocimiento sobre la verdad.

Una de ellas está a nuestro cargo, bajo nuestra responsabilidad y posible con nuestras capacidades. La otra es también una revelación, una especie de ayuda que viene de otra fuente y que complementa a la nuestra. Nos da pistas, datos, ideas, que se complementan con lo que nosotros hacemos.

Seleccionar una de ellas y basarlo todo así, es un error. Es el error del que interpreta las Escrituras y literalmente las toma desechando lo que venga de otras fuentes. Pero también es el error de quien cree sólo en el poder del conocimiento humano y rechaza la ayuda que viene de otra revelación que no sea la suya propia.

Es nuestra capacidad de conocer la que nos hace preguntarnos por qué, si es posible viajar al pasado, nadie del futuro nos ha visitado. O saber que cada día de la Tierra explotan cientos de miles de supernovas en el resto del cosmos. Nosotros mismos podemos revelar conocimiento y eso es fantástico, pero seríamos demasiado soberbios si rechazamos otra fuente posible de revelación que está allí, a nuestra disposición. Ambas, al final de cuentas, buscan la verdad.


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