Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Voluntad Contra Instinto
Eduardo García Gaspar
5 noviembre 2009
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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Es un tema mal discutido y aún peor tratado. Me refiero al conflicto sobre la educación sexual y si debe o no dar en ciertas edades. Aunque existen diferencias y variaciones, todo puede entenderse mejor si se ven dos visiones sobre el tema.

• Una es la visión progresista, la de avanzada. Propone ella tener educación sexual desde muy temprana edad en los niños, pero no sólo eso. Esta educación cree que la actividad sexual es necesaria, fuera y antes del matrimonio, porque ella es parte integral de la realización personal, de los gozos a los que se tiene derecho si se quiere tener una existencia sana. Cualquier freno a la actividad sexual es considerado una imposición dañina para la salud física y mental de la persona.

• La otra visión es la conservadora. No se opone a la educación sexual, pero sí a darla en edades demasiado tempranas. Tampoco propone que la actividad sexual sea suspendida, pero sí que ella sea tratada bajo reglas más estrictas, destinadas a saber controlar las pasiones sexuales y aprobarlas sólo dentro del matrimonio, bajo la promesa de fidelidad.

En pocas palabras, ninguna de esas visiones reprueba el sexo. Pero el progresismo promueve la actividad sexual libre y con muy escasas limitaciones, mientras el conservadurismo es mucho más estricto y propone muchas más limitaciones, como concentrarlo en el matrimonio.

Este conflicto de visiones no es nuevo, nada nuevo. Lo trató Cicerón (106-43 a.C.) dentro de un marco que lo explica muy bien: dos interpretaciones de la libertad que son muy diferentes.

Una interpretación es la de la voluntad, la voluntas en latín. Aquí la libertad se ve guiada por la razón. Es una libertad ordenada, que sigue el gobierno de la conciencia y tiene altas expectativas de la persona. En la cultura de Cicerón es la alta virtud del ciudadano, y en el Cristianismo es la libertad que sigue a la virtud. Esta es la posición de los conservadores.

La otra interpretación de la libertad es la que Cicerón llamaba, libido. Aquí la libertad no está domada por la conciencia ni las expectativas altas de las personas. Es la libertad que admite a las pasiones y los instintos, donde la concupiscencia es dejada libre y sin límites. Esta es la posición de los progresistas, a la que ellos han añadido un nuevo ingrediente freudiano: es saludable para la persona dejar libres a sus instintos evitando represiones.

El tema bien vale una segunda opinión para darle perspectiva al conflicto sobre educación sexual entre progresistas y conservadores. No es nada nuevo y al final de cuentas, se trata de dos concepciones de la libertad, que explican entre otras cosas por qué unos admiran la abstinencia sexual y otros la denigran.

Señalar que se trata de dos interpretaciones de la libertad es muy útil porque esto permite tratar de definir mejor el problema, que es uno de tener o no disciplina y voluntad personal para seguir  o no un código moral y ético.

Los progresistas afirman que la moral es relativa y que varía dependiendo de la cultura que existe en un momento dado. Creyendo esto, es muy lógico que digan que no tiene sentido respetar reglas morales que son cambiantes. Sucumbir a las pasiones y apetitos corporales, para ellos, es lo más natural del mundo. Y, más aún, tratar de dominar esos instintos, dicen, es causa de enfermedades y trastornos.

Los conservadores, por el otro lado, se diferencian en dos aspectos. Creen en una moral que es universal y objetiva, que obliga a todos con mandatos que no cambian. Y también creen que esa moral se origina en una dignidad humana que manda dominar los instintos y apetitos. Tratar de dominarlos, dicen, es causa de la mejora del ser humano.

Son dos enfoques sustentados en diferentes entendimientos de la persona humana y que llevan a conclusiones muy diferentes. Por mi parte, siendo un optimista, la visión conservadora me parece por mucho la mejor. Es una visión que tiene una alta opinión del ser humano, que le ve potencial y capacidad.

La visión progresista es demasiado pesimista para ser de mi agrado. Tiene una muy baja opinión del ser humano, al que ve como un incapaz de ejercer dominio alguno sobre sí mismo y como un carente de fuerza de voluntad. Pero lo peor es que defendiendo a la libertad, termina por anularla creando seres que se rinden al libertinaje.

Post Scriptum

Debo señalar una posición paradójica en los progresistas. Mientras ellos favorecen el sucumbir a los instintos y apetencias sexuales, se niegan a tener congruencia y reprueban el sucumbir a otros instintos, como los del comer.  Su fuesen lógicos también favorecerían seguir sin gran limitación el comer, el beber, y otros instintos y pasiones, pero curiosamente no lo hacen y se quedan como exclusivamente promotores de una conducta sexual sin dominio de la conciencia.


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