Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Y Ahora, Árbitro Moral
Leonardo Girondella Mora
9 septiembre 2009
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Asuntos
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Una columna de Ignacio Sánchez Cámara (e-Libertad Religiosa, 22 junio 2009) contiene en muy breve espacio lo que es el centro de la discusión más importante de nuestros días —y que nada tiene que ver con la economía y la crisis actual.

La columna inicia con la descripción de un hecho —dice que, “La Conferencia Episcopal Española ha publicado un documento sobre el proyecto de nueva regulación del aborto, que lo despenaliza para convertirlo en un derecho, en el que lo critica y llega a afirmar que ‘ningún católico coherente con su fe podrá dar su voto a la ley’”.

No es nueva la situación —se ha tenido antes y se tendrá en el futuro. Es un conflicto, en su superficie, entre una creencia religiosa y un mandato legal, en el que una iglesia señala muy claramente que no puede pertenecerse a ella y votar una ley contraria a su credo.

Es una aclaración de ideas y nada más —muy diáfana y sin problemas de interpretación. Las complicaciones surgen cuando se añade otro suceso —cita Sánchez Cámara al portavoz parlamentario del PSOE, José Antonio Alonso: “La Conferencia Episcopal tiene que comprender que en el ámbito de lo público la única moral posible es la de la Constitución”.

Lo que el dirigente del PSOE ha puesto sobre la mesa es una oportunidad única para analizar estos conflictos —la distinción entre tipos de moral, la pública y la privada. Esta separación es una de las armas más extraordinarias jamás creadas por un gobierno para aumentar su poder: ahora él dirá lo que es bueno y malo.

El autor de la columna lo explica así: “No hay una moral pública y otra privada, sino una moral personal que actúa, también, en la vida pública”.

A lo que añade que no “puede el Derecho decidir el contenido de la moral social, sino sólo acatarla en mayor o menor medida. Por lo demás, pretender que la Constitución entrañe la única moral pública posible, que se ha de imponer a todos, es un puro disparate totalitario”.

Una constitución, la que sea, no es un código moral —nunca lo podrá ser porque una constitución es solamente la expresión jurídica de los principios de un estado y esos principios no pueden fundamentarse a sí mismos: deben estar basados en consideraciones ajenas a ellos. “Ni la Constitución ni las leyes dirimen cuestiones morales”, como lo expresa Sánchez Cámara.

Creo que el problema ya puede verse en su dimensión total —si la ley emitida por un gobierno cualquiera es considerada como moral pública, entonces ese gobierno ha aumentado su poder como nunca se ha hecho más en la historia: son los gobernantes los que definen a su conveniencia que es lo bueno y lo malo.

La acumulación de poder ya es posible gracias a ese subterfugio de apariencia inocente: si hay una moral pública y otra privada, la conclusión resulta natural —el gobierno se encarga de la pública y cada quien tiene la suya propia, con tal de que no vaya en contra de lo que dice el gobierno.  Es decir, puedes hacer lo que quieras según tu moral privada pero tienes que coincidir con la moral pública.

El tema suele tomarse como uno de conflictos entre iglesias y gobiernos —lo que es un error de miopía extrema. El real tema de fondo es uno de totalitarismo, de gobiernos salidos fuera de sus límites, de sumisión del ciudadano, de pérdida de libertad. Es la transferencia al gobierno de todavía más poder.

La elevación del gasto gubernamental de un gobierno, su intervención en la economía, la propiedad estatal de los medios de producción, todo eso es un juego de niños en relación a lo que significa considerar al gobierno como un árbitro ético, el intervencionismo moral. Lograr que lo sea es el sueño totalitario de cualquier gobernante.

El autor lo expresa bien al decir que los gobernantes “Aspiran al monopolio de la moral. Hay que obedecer, y, además, hacerlo por motivos morales. Se trata de imponer el relativismo moral, para implantar el absolutismo jurídico de la mayoría política…”.

La esencia democrática es la separación de los poderes políticos —la clasificación que Montesquieu hizo célebre: dividir al ejecutivo del legislativo y a ambos del judicial, tiene una razón, la de evitar abusos de poder y permitir la libertad.

A eso se añaden otras divisiones del poder, la económica y la cultural —los gobiernos no pueden coartar las libertades de propiedad, de expresión, de pensamiento, de iniciativa. Añadir a los gobiernos el dominio sobre la economía y la cultura de sus gobernados es indebido porque conduce a abusos de poder y pérdida de libertad.

Sólo en un régimen totalitario podría tener cabida el poder del gobierno sobre las conciencias de los ciudadanos. Cuando se dice que en lo público la única moral posible es la dictada por la ley, se está hablando del mayor sueño totalitario jamás expresado por el dictador más ambicioso. Después de eso no hay nada más que hacer para someter a los humanos a cualquiera que sea la voluntad del gobernante.

No hay amenaza mayor que ésta —es el más grande intento jamás maquinado para volver a las personas esclavas de la voluntad de unos pocos. Saber que la amenaza existe, es real e inminente, es el primer paso para evitarla.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Y Ahora, Árbitro Moral”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    No asigno más estrellas a este artículo porque no están disponibles.

  2. Corina Dijo:

    Solo parafelicitar al Editor, de este articulo y a ContraPeso en general, por su articulos tan acetados pues hoy en dia es dificil ver una prensa a favor de la verdad y de la honesidad y de lo que es bueno, pues solo que comenta lo malo que pasa y lo bien que estaria el mundo con los Socialistas en el poderr que ahora se hacen llamar Socialistas Progresistas, que de progresistas no tienen nada, pues quieren un retroceso en la humanidad tal como lo dice el articulo volver a las personas esclavas de la voluntad de unos pocos, tal como esta sucediendo en Estados Unidos que los Socialistas Progresistas tienen un gran aliado en Obama

  3. Rubén Rodríguez Dijo:

    Totalmente de acuerdo. Las acciones que emite un gobierno de esta índole son la semilla para un régimen totalitario; vienen a mi mente 1984 y Un Mundo Feliz.





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