Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Y Después del Cambio?
Eduardo García Gaspar
23 noviembre 2009
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Los deseos de cambio, por bien intencionados que sean, siempre corren el riesgo de empeorar las cosas en lugar de corregirlas.

Si alguien está descontento con el estado de cosas en su país, como estoy seguro que sucede a muchos en México, es probable que caiga en el error de limitarse a pedir cambio de gobernantes calificando a los actuales de incapaces. Es muy común que suceda y es lo que quiero señalar aquí.

Pongo atención en  un síndrome causado por el darse cuenta de la miopía de la clase política, de su escasa inteligencia e incapacidad de entender la realidad. Ante esta situación, es natural que la persona concentre su actividad en arrojar adjetivos a las autoridades. La atención está totalmente centrada en (1) insultarlos y (2) desear con vehemencia un cambio drástico de gobierno.

Es una reacción humana y comprensible. Pero tan miope como los gobernantes a quienes critica. El cúmulo de adjetivos insultantes y los deseos de cambio no son solución y en realidad, empeorarían la situación. Todo porque falta un elemento vital. Me explico.

Un ejemplo ayudará. En las circunstancias actuales, en muchos países, las leyes fiscales son un ejemplo de ataque a derechos humanos: violan derechos de propiedad y de equidad. Son parciales, arbitrarias, complicadas… tanto que podría justificarse con facilidad el dejar de pagarlos argumentando causas éticas y morales. Es en serio.

Pero quien piensa en esa posibilidad, que es extrema, también debe pensar en las consecuencias de sus acciones: en lo que sucede después de dejar de pagar impuestos, especialmente si todos lo hicieran. De seguro no serían cosas agradables y, por esto, es mejor curso de acción el pagar esos impuestos haciendo esfuerzos por cambiarlos.

Es decir, quien se concentra en lanzar insultos, muy merecidos en muchos casos, a la clase política, y pedir un cambio de gobernantes, pierde de su horizonte lo que sucederá si sus deseos se cumplen. ¿Quiere una revolución armada para cambiar de gobierno, o seguir con procesos electorales? Y si quiere un cambio, debe ser concreto en lo que quiere.

Es muy fácil sentarse en un bar con amigos y reclamar las obvias tonterías que hacen los gobernantes. Después de un par de copas, se termina por desear cambiar a esos incapaces… pero la tarea no acaba allí: es necesario especificar claramente qué y quienes sustituirá a lo actual. Sin eso, la tarea estará incompleta.

Porque cuando se pide un cambio y no se concreta cuál es ese cambio, le puedo asegurar que las cosas seguirán igual, si no peor. La razón es sencilla: cada uno de los que insultaron a la clase gobernante tiene su propia idea de lo que “cambio” significa. No es lo mismo en todos.

Para algunos significará implantar un sistema socialista, para otros, uno liberal. Otros más no tendrán idea de lo que es socialismo, ni liberalismo, y todo lo que querrán son ayudas gubernamentales. Habrá quienes deseen regresar a las políticas de los años 50 y 60, pero existirán algunos que quieran ver hacia adelante. Alguien querrá copiar a Brasil hoy. Otros a China. Pero habrá quien ponga sus ojos en Singapur, o en Irlanda.

Todo lo que quiero hacer es señalar el peligro de no definir el cambio tan ansiado y, peor aún, pensar en opciones que primero exigen derrocar a un gobierno para luego construir otro. Entiendo la desesperación, pero ella no es una buena consejera.

La historia mexicana lo ilustra bien. El año entrante se cumplirán 200 años de la independencia y 100 de la revolución. Una coincidencia curiosa que ha popularizado una teoría graciosa: cada cien años el país pasa por una lucha armada. Es tonto, pero se ha llegado a decir.

Lo que no se ha visto es lo que sí sucedió después de la independencia y de la revolución: años de caos y miseria provocada por grupos que luchaban por implantar su “cambio”. Conservadores y liberales, después de la independencia (de 1821, no de 1810) y las facciones revolucionarias de 1910, causaron daños severos que aún hoy son antecedentes de pobreza.

No está mal querer cambios, pero sería dañino no pensar en lo que sigue a ese cambio.

Post Scriptum

Para algunos datos rápidos sobre el panorama histórico mexicano, puede verse Momento Único. Y, si alguien desea un cambio, quizá le convenga leer antes ¿Quiere usted Hacer Algo?


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