Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ahora, Necesito tu Dinero
Eduardo García Gaspar
17 junio 2010
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
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La noticia no tuvo detalles concretos, pero sí una esencia preocupante: la misma de siempre y que consiste en hacer crecer a los gobiernos dándoles más dinero. Fue la BBC la que reportó que Angela Merkel y Nicolas Sarkozy estuvieron de acuerdo en una cosa obvia.

La canciller de Alemania y el presidente de Francia, otra vez, hablaron de crear nuevos impuestos a los bancos, incluyendo uno a las transacciones bancarias. Fascinante. Los impuestos, dijeron, protegerán a los contribuyentes de tener que pagar rescates bancarios en el futuro. Los fondos recolectados formarán un fondo a usarse en crisis futuras.

La medida, se ha dicho, tiene que ser mundial, aprobada en todos los países, para evitar que si esos impuestos se aplican en unas pocas naciones, los bancos acudan a los países en los que no existan esos impuestos.

En fin, nada nuevo, y algo que seguramente no progresará más allá de su etapa de intención. La reunión del G-20 en Toronto, al menos en parte, tratará esta idea. En la UE el plan será presentado pronto. Ya veremos lo que sucede, pero lo que podemos ver ahora mismo es muy instructivo.

Lo que más claramente se ve es la obsesión tributaria de todo gobernante. Todos ellos están inclinados a su propio favor, cobrar más impuestos es la razón de su existencia, su modo de vida. Nada hay que no se remedie con más impuestos y más leyes y más gasto. Obama es un caso patológico de esta obsesión y no es excepcional.

Es, en buena parte, producto de la herencia intelectual de John Kenneth Galbraith (1908-2006), el economista que habló de un sector público sin recursos, que debía tomar del sector privado. Se trata de una forma de pensar que señala que todo problema, el que sea, puede ser solucionado haciendo crecer al gobierno.

Una teoría, según la cual, Cuba y Corea del Norte, serían los países ya convertidos en paraísos terrenales.

La otra cosa que puede verse, es aún más fascinante: los recursos captados servirán para nuevas crisis, es decir, habrá nuevas crisis. Un panorama un tanto triste, me parece. Sería bastante mejor evitar esas crisis que aceptarlas con la resignación que produce un gobierno mayor.

Un punto a examinar, adicional a lo anterior, tiene una naturaleza práctica. Imagine usted a un gobierno, el que sea, teniendo a su disposición varios miles de millones en un fondo para emergencias bancarias. La tentación de usarlo será demasiado grande para resistirla. Puede usarlo como garantía de su propia deuda y de otras maneras. Es como ponerle droga al cajón del escritorio de un adicto.

Menos fácil de ver es otra cosa. Los rescates de bancos fueron cubiertos con fondos públicos, es decir, con dinero que viene de impuestos. Ahora, con los impuestos a la banca, se oficializa esa costumbre: los ciudadanos seguirán pagando esos rescates, y lo harán por adelantado. Es algo digno de ser colocado en un museo de Ripley. ¡Pague ahora, tenga la crisis después!

Pero lo vital es entender que las crisis económicas no son accidentales. Los ciclos económicos no son cosas naturales que suceden con independencia de nuestra voluntad. Las crisis son creadas y producidas por la acción gubernamental que produce expansión del crédito, causan una reducción temporal de la tasa de interés y, por eso, una actividad intensa de inversión basada en una ficción.

La apariencia es la de un boom económico que llega a su fin al detenerse la expansión del crédito y así comienza la crisis. Es la vuelta a la realidad, la resaca después de la borrachera. La solución es sencilla: impedir que el gobierno siga metiendo las manos en la economía. Haciendo esto no hay necesidad de impuestos adicionales, ni de déficit público, que son como darle ron al alcohólico.

En el fondo, esta segunda opinión apunta el síndrome gubernamental de nuestros tiempos: la prisión mental en la que estamos encerrados y que impide pensar fuera de la caja gubernamental. Merkel y Sarkozy, Obama y Chávez, Zapatero y los Kirchner, todos ellos y muchos más tienen un uso neuronal restringido.

Ven ellos un problema, como el de una crisis económica, no aceptan que son ellos la causa y se ofrecen como los salvadores que requieren de más dinero y más poder para solucionar eso de lo que ellos son culpables. Lo que es aún más llamativo es que hay quien les cree.


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