Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Al Final, es un Despido
Eduardo García Gaspar
6 diciembre 2010
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es uno de esos clisés de los que es difícil desprenderse. Y, lo peor, suele ser visto con una simpleza que atemoriza.

La simpleza que se necesita en las campañas electorales de cualquier gobernante en campaña que necesita villanos a quien atacar siendo él el héroe.

Uno de esos villanos favoritos es el comercio internacional al que se acusa de los males nacionales, generalmente bajo la acusación de que “exporta” empleos, es decir, produce desempleo local. Y todo se solucionaría impidiendo importaciones.

La realidad no es tan simple. Pero sí es un asunto de mero sentido común.

Todo comienza con la comprensión de una realidad: los humanos intercambiamos cosas entre nosotros y si lo hacemos voluntariamente, siempre acabamos en una situación mejor que la previa al intercambio.

Un hombre cualquiera intercambia su dinero por unas cervezas. Las cervezas fueron producidas por alguien que puede estar en algún lugar igual o distinto al de la persona que las compra. Esto hace surgir una distinción un tanto artificial.

Si las dos personas se encuentran dentro de una misma nación, el intercambio es calificado de nacional y no llama la atención.

Pero si las dos personas que intercambian se encuentran en dos países diferentes, el asunto se titula comercio internacional y es sujeto de gran atención. Se llevan cuentas nacionales sobre importaciones y exportaciones y se haba de déficit o de superávit, en cifras acumuladas que tienen poco significado.

La cosa empeora con la adición de sentimientos nacionalistas. Si alguien en Yucatán compra cerveza producida en Monterrey, todo dentro de México, a nadie se le ocurre hablar de la exportación de empleos yucatecos a Monterrey.

Pero si un mexicano compra cervezas producidas en el Reino Unido, entra en funcionamiento esa mezcla de nacionalismo y mala economía.

En otras palabras, los intercambios entre personas son vistos como lo más natural del mundo siempre que se realicen dentro de un país, pero no se ven tan naturales cuando las dos personas viven en naciones distintas.

La variable que todo lo altera es la diferencia de países y explorar esto, bien vale una segunda opinión.

Si bien dentro de un país suelen existir amplias diferencias regionales, ellas son ignoradas. Pero las también grandes diferencias que existen entre los países son ampliadas en el caso del comercio internacional. Aquí hay varias posibilidades.

Las importaciones y exportaciones entre países similares no llaman mucho la atención. Tener cerveza estadounidense en Alemania y viceversa no es un gran tema de conversación. Pero cuando las diferencias entre las naciones son grandes, ahora sí, eso se torna en un gran tópico.

Quizá el caso más ilustrativo sea el de China y sus exportaciones a países desarrollados, como EEUU. Viendo el tema desde el punto de vista económico, todo tiene mucho sentido. Muchas personas compran bienes chinos y al hacerlo voluntariamente, todo termina en un beneficio mutuo entre chinos y estadounidenses.

Pero al incorporar otros puntos de vista, surgen los problemas, que no son menores.

El más clásico de todos es el de los salarios, mucho más bajos en un país que en otro, lo que hace surgir lamentaciones poco justificadas de injusticia (los chinos, se dice, deberían ganar igual que quienes fabricaran los mismos productos en el país que los compra).

Hay mayores complicaciones cuando se revelan condiciones de trabajo que son consideradas indignas, como poco equipo de seguridad, o incluso el empleo de menores en las plantas. El reclamo usual es suspender la importación de bienes fabricados bajo condiciones indignas según el criterio de algunos en el país importador.

No es un reclamo irracional del todo y llevaría a suspender importaciones en casos extremos de malas condiciones de trabajo. Suena bien y produce satisfacción moral, pero ignora otro factor de enorme importancia: el suspender importaciones por esa causa puede empeorar aún más las condiciones de vida del trabajador en el país de origen (y también las condiciones del consumidor en el país destino).

En fin, lo que he querido hacer es agregar un poco de sentido común a un tema que las campañas electorales simplifican hasta el absurdo. Esa prohibición de importaciones será al final el despido de personas y creación de desempleo. Y, también, productos más caros en el país que importa esos bienes.

Post Scriptum

En Contrapeso.info: Libre Comercio hay más material sobre le tema.

El texto de Thomas Sowell en Tres Nociones Sobre el Libre Comercio será de interés.

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