Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aulas Pueden Ser Jaulas
Eduardo García Gaspar
20 mayo 2010
Sección: ESCUELAS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El tema es uno escasamente tratado. Incluso quizá ignorado totalmente. Y si acaso es discutido, la reacción más probable será la de causar un bostezo. Me refiero a ciertos cursos escolares.

Hay, dentro de la comunidad académica, un tipo de cursos que reciben el nombre genérico de Estudios Étnicos. Los podemos definir como una serie de materias escolares, típicamente universitarias, que han surgido durante la última parte del siglo pasado. Desde diversos puntos de vista, bajo la óptica de distintas disciplinas, estudian a grupos de personas diferenciadas por algún rasgo étnico o incluso de sexo.

Todo su énfasis está en el grupo que estudian y las diferencias del grupo con respecto a otros. Se justifican a sí mismos argumentado que el estudio estándar es “occidental” y no propio de cada grupo.

Los cursos de ese tipo son materias que tratan temas como los indios norteamericanos en las películas, feminismo chicano, racismo ambiental, literatura dramática feminista, lenguaje, cultura y desigualdad y otros más de más o menos igual naturaleza. Lo interesante del caso es que estos cursos pueden estar generando efectos indeseables.

Pero vamos paso por paso. Como principio general, el conocimiento es bueno y por esto los cursos étnicos no pueden ser vistos como reprobables. Proveen información que eleva nuestros conocimientos. Por el otro lado, se les ha criticado de irrelevantes. ¿De qué sirve un alumno especializado en el papel de los indígenas en el cine?

También se les ha acusado de ser cursos light, ligeros y fáciles, destinados a alumnos que no pueden con cursos duros, como los que involucran matemáticas y pensamiento abstracto. Pero la acusación más importante es otra. Es posible que ellos fomenten una fragmentación social indeseable.

Esto ha sido explicado con un ejemplo claro. Suponga usted un alumno universitario que no ha tomado esos cursos, sólo los de ingeniería. Compárelo con otro alumno que ha tomado muchos de los cursos étnicos. La conducta de ambos será diferente. El ingeniero verá en la conducta de otros rasgos especiales sin otra interpretación que la personal.

Pero el alumno que ha tomado los cursos étnicos por todas partes verá diferencias de raza y grupos: pequeñas acciones personales serán vistas de inmediato como actos separatistas o racistas o excluyentes o discriminatorios, que para el ingeniero no tendrían importancia. El asunto tiene su lógica y existe alguna evidencia que lo prueba.

Por supuesto, todo depende del cómo se enseñe la materia en cuestión. Suponga usted que el curso es uno que estudia la influencia de los chicanos en el arte de California. Sí, podría criticarse de ligero, inútil y demás, pero esta crítica no deja de ser colateral. Lo importante es el enfoque del curso. Es posible que se enseñe de manera estándar, sin separatismos.

Pero también es posible que se enseñe enfatizando diferencias, odios entre grupos, resentimientos raciales y sociales. Esto ya es distinto y sí puede producir sentimientos indeseables en el alumno, el que termina viendo a la vida como una lucha de poder entre grupos. Cuando la aula se usa para adoctrinar el odium academicun, todo cambia y ya no es conocimiento lo que se muestra, sino resentimiento.

La justificación usualmente dada a los cursos étnicos es la necesidad de la diversidad y la tolerancia. Supone que el conocimiento ayudará a la comprensión mutua de personas que pertenecen a distintas culturas. No suena mal, al contrario. Pero puede ser que si esos cursos enfatizan las diferencias entendidas como luchas de poder o sometimiento, terminen produciendo intolerancia extrema.

Los alumnos que tomen esos cursos podrán salir entrenados como buscadores profesionales de conflictos raciales y de clase. En toda conducta, así sea la más inocente, verán posibilidades de discriminación y exclusión. La enseñanza de la diversidad podría conducir a desunión y sospecha mutua. El mismo efecto que tiene el populismo político: dividir a la población en grupos irreconciliables.

También, es el mismo efecto que tiene la enseñanza del marxismo académico: el alumno sale del la aula con un paradigma que analiza mal al mundo, una jaula de la que es muy difícil salir. Todo lo verá como un asunto de vencer o ser vencido.


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