Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buñuel como Economista
Eduardo García Gaspar
19 enero 2010
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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Ha sido dicho muchas veces y quien lo repite, como yo ahora, constata una realidad innegable. El dicho dice que el dinero que ganan los columnistas es un ingreso demasiado fácil y que si los columnistas fueran justos, ellos darían la mitad de esos ingresos a los gobernantes.

Y es que la clase política nos provee de temas inagotables, a diario, sin detenerse. Así sobran temas a tratar y pueden escribirse miles de columnas en un sólo país. Sin embargo, a pesar de que los gobernantes proveen temas para escribir críticas de lo que hacen, hay ocasiones en las que los gobernantes quieren lucirse de más y asegurarse de ser tema de las columnas.

Un caso reciente es francamente fantástico. Cito un texto de El Financiero (México, 14 enero 2009):

“La iniciativa de PRD, PT y Convergencia para que sea el Congreso el que determine los precios de los combustibles, pretende que los precios al público de las gasolinas, el diesel y el gas LP regresen a los niveles que tenían a principios de diciembre para posteriormente ‘congelarlos’”.

Tres partidos políticos mexicanos quieren que los legisladores de país tengan la autoridad de fijar los precios de esos energéticos. La intención es clara, reducir sus precios y luego mantenerlos así. Como efecto colateral, por supuesto, esos partidos pretenden agregarse popularidad en futuras campañas electorales.

El texto continúa:

“Pero más que quitarle al Poder Ejecutivo… lo que se requiere es claridad en la política de precios y tarifas del sector público [para] que la sociedad tenga conocimiento de la magnitud y periodicidad de los ajustes… [ellos] deben reflejar la inflación esperada y la referencia internacional”.

El embrollo es fantástico. La autoridad para fijar esos precios la tiene ahora el poder ejecutivo, pero el poder legislativo lo quiere. Es una lucha entre los poderes y nada más que eso. Y luchan por tener la facultad de crear realidades virtuales en las que quieren que vivan los ciudadanos. Pero no acaba allí el enredo.

El mismo periódico que he citado entra al juego de las realidades virtuales también. Comenta que todo está bien, que pueden fijar esos precios con una serie de condicionantes como “claridad” para que la gente sepa anticipadamente esos ajustes de precios. Más aún, añade que los precios fijados por alguien en el gobierno deben ser influidos por la inflación y los precios internacionales.

Hay otro camino más simple, dejar que los precios sean reales. Si se hace esto ya no tendremos realidades virtuales creadas artificialmente y nos ahorraremos una lucha partidista que es surreal. Además, si los precios mexicanos deben reflejar los precios internacionales, entonces, nada tiene que hacer un gobernante en este campo.

Todo este embrollo es más o menos como haberle encargado a Luis Buñuel que se hiciera cargo de la política económica. Magritte tiene un cuadro en el que está una pipa pintada con una leyenda abajo que dice: “esto no es una pipa”. Podría hacer otro, del gobierno mexicano y decir “esto no es un gobierno”.

La noticia tiene varias facetas. Primera, la locura del poder ejecutivo que cree que los precios pueden ser fijados a su arbitrio. Segunda, la chifladura de que los legisladores pueden hacer lo mismo mejor que el ejecutivo. Tercera, la extravagante redacción del periódico que apoya y al mismo tiempo no apoya esa fijación de precios. Otro caso de escribir mucho para decir nada.

Pero la que importa es la cuarta de las demencias que la noticia trata implícitamente: la de dar por supuesto que sí pueden controlarse los precios según los deseos de los gobernantes. Usted conoce a más de uno que eso cree.

Las cuatro locuras se mezclan y producen esa realidad virtual en la que un gobierno es capaz de creer que puede fijar precios de bienes sin que ello tenga consecuencias. Una de ellas, la más grave, es desperdiciar recursos: sí, los precios controlados desaprovechan recursos y así, fomentan pobreza.

Mil razones económicas pueden citarse en contra de fijar precios, pero hay uno de lógica muy simple. Si fuera posible en verdad fijar precios al capricho del burócrata, ya no existiría la pobreza. Bastaría con que un gobierno decrete el precio del trabajo humano a, digamos, cien dólares la hora. ¡Y, ya!

¿Absurdo? Por supuesto, pero aún se sigue creyendo.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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