Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Busca Problemas, Crea Crisis
Eduardo García Gaspar
27 julio 2010
Sección: SALUD, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Las recientes medidas gubernamentales contra la obesidad infantil en México han provocada las críticas acostumbradas, pero ninguna de ellas, hasta donde yo sé ha ido al fondo del asunto y dado una explicación general del por qué de esas medidas.

El comienzo de todo esto es el gobernante y los empleados de organismos sociales. Están ellos en una búsqueda eterna de problemas a resolver y obviamente los hay. Nuestro mundo no es perfecto y tiene problemas de todos tipos. Siempre los tendrá. Entran estas personalidades, encuentran problemas, los agigantan y se nombran solucionadores oficiales.

En este caso, la obesidad infantil. Pero hay otros como el que no tengan todos casa propia, o el que muchos no puedan comprar el BMW de sus sueños (el ejemplo que usa M. N. Rothbard al examinar este problema y en el que me he basado). Una vez detectado el problema, el problema es convertirlo en crisis.

Entran los medios en acción, los que usa el mesías social para crear la percepción del problema y la urgencia de resolverlo. Ayudan mucho a esto las proyecciones apocalípticas: dentro de cincuenta años el promedio de peso de los niños de diez años será 102 kilos, o no habrá comida en el 2028, o el calentamiento global inundará la mitad de África.

La clave está en crear un dogma en la opinión pública. Algo que no puede dudarse porque ha sido proyectado por expertos en el tema y que nos lleva al fin del mundo, o algo muy cercano. Una vez creado el dogma incuestionable y urgente, se tienen dos reacciones.

La más numerosa es la opinión pública que se inclina al síndrome de la opción única: “tenemos una crisis grave, el gobierno debería hacer algo, la ONU no puede dejar de actuar”. Y, por supuesto, los gobernantes proponen lo mismo: son ellos los que deben hacerse cargo del problema.

Se crean comisiones de gobierno, se hacen reuniones oficiales, se llaman expertos, se asignan presupuestos, se hacen más investigaciones (todas ellas confirman y agravan el problema). Se proponen medidas, se elaboran leyes. O como en el caso de la obesidad en México, se decide hacer una lista de alimentos prohibidos en las escuelas.

Pasa el tiempo y no se tienen resultados. Quizá el problema se haya agrandado. Se reclaman más acciones, se asignan más recursos, se hacen nuevas leyes, se proponen nuevas medidas. La gente piensa que el gobierno no ha hecho lo suficiente y claman que haga más, que intervenga más.

El ciclo del problema puede terminar en cualquier momento en el que surja otro problema más llamativo, el que sea, que desplace al primero. Y así van presentándose más y más problemas, que se agrandan fuera de la realidad, no son resueltos, pero dejan un resultado neto de un gobierno más grande y costoso. La Comisión sobre la Obesidad Infantil no desaparecerá.

La otra reacción es menos numerosa y la rechazan la mayoría de los gobernantes. Es la opinión de quienes dicen que es muy posible que el problema haya sido agrandado, que las proyecciones futuras sean exageradas y que hay que examinar los costos y efectos de posibles medidas. Pero sobre todo, dicen que la intervención gubernamental no es la única solución y quizá sea la peor.

En el caso de la obesidad infantil, por ejemplo, se rechazaría las prohibiciones de ciertos alimentos por dificultades de implantación y efectos colaterales dañinos. Se buscaría que fuese la misma gente la que solucionara su problema.

Mi punto es simple y creo que bien vale una segunda opinión. Sí, las críticas a las prohibiciones gubernamentales de alimentos han sido generalmente razonables, pero no han ido al fondo de los sucesos. Estas prohibiciones muestran el funcionamiento del comportamiento estatal en otros casos también, en los que se toman medidas similares y se termina con un gobierno mayor al deseable por naturaleza.

Un caso notable es el de los créditos hipotecarios en los EEUU. El problema se creó: no todos tienen casa propia y sería maravilloso un mundo en el que todos tuvieran la mejor casa posible. ¿Qué hacer? Que el gobierno intervenga manipulando las tasas de los créditos hipotecarios, que sean bajos y así se tendrá el mundo ideas. ¿Maravilloso? No, así se creó una crisis de consideración.

Post Scriptum

El libro al que hice referencia es el de Rothbard, M. N. (2006). Making Economic Sense. Ludwig Von Mises Institute.

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