Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Canta, Pero en tu Casa
Eduardo García Gaspar
8 abril 2010
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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Érase una vez un bosque en el que se vivía plácidamente. Tanta fama tenía ese bosque que animales de todas partes emigraban allí. Entre esos animales destacaba un búho de buen carácter y mucha sapiencia, quien dormía de día y cazaba de noche.

La vida era pacífica y tranquila hasta que llegó al bosque un saltamontes fuerte y de espíritu alegre que todo el día lo pasaba cantando. Estaba orgulloso de ser un insecto ortóptero descendiente de una famosa familia de acrídidos. Era, como los de su especie, de cabeza gruesa, ojos muy prominentes, antenas grandes y finas, alas membranosas. Sus patas anteriores eran cortas pero robustas y las posteriores largas y poderosas, con las cuales da grandes saltos.

Producía todo el día, por todo el bosque, un canto que turbaba el reposo del búho no dejándole dormir. Molesta ya, un día el ave solicitó una entrevista con el saltamontes. Con una amabilidad que llegaba a lo meloso, le solicitó dejar de cantar, o hacerlo con menor volumen, o hacerlo sólo dentro de su casa. El diálogo fue amable y cordial, pero no dio resultados.

El saltamontes seguía cantando a gran volumen. El búho solicitó otra entrevista, en la que expuso su petición de nuevo. Nada. El saltamontes siguió con su conducta anterior. Más aún, con cada nueva petición del búho, el saltamontes empeoraba sus acciones. Cantaba más fuerte y hacía más ruidos.

La situación, lejos de mejorar, había empeorado, y mucho. Siendo de naturaleza pacífica y prudente, el búho comprendió que una nueva solicitud de silencio fracasaría. Pensó en diversas opciones para callar al saltamontes y se decidió por una. Sabedor el búho de que el saltamontes gustaba de beber grandes cantidades de agua porque su ejercicio y su ruidos canto lo agotaban produciendo una gran sed, un día habló con él.

“Señor saltamontes, no pude evitar observarlo desde mi nido y al verlo tan activo, cantando y saltando, tampoco pude sino pensar que tal vez deba usted beber algo de agua”. Le escuchó el saltamontes, el que temiendo una reacción del búho se había ocultado entre las hierbas. “No tema, señor saltamontes, todo lo que quiero hacer es ir a la orilla del lago y beber yo algo de agua. Quizá quiera usted acompañarme y beber también”.

Y eso hizo el saltamontes. Salió de su escondrijo y comenzó a saltar en dirección al lago. El búho le seguía de cerca y lo vigilaba estrechamente, hasta que en uno de los saltos, el búho se abalanzó sobre el saltamontes y de un bocado se lo comió. El problema había sido resuelto. A partir de entonces, volvió a haber las noches placenteras de otros tiempos.

La fábula es de Esopo, y como muchas otras que he narrado aquí, ha sufrido modificaciones no sustanciales. En la edición que tengo la fábula no contiene moraleja alguna y eso deja al lector en libertad de sacar sus propias conclusiones. Como toda historia puede tener muchas lecciones.

La historia me recordó a un economista que considero entre los geniales, Murray N. Rothbard (1926-1995) y sus ideas sobre la libertad, los que son al final de cuentas, derechos de propiedad. El búho era propietario de su nido por haberlo construido él mismo. Por su parte, el saltamontes dormía por las noches en alguna parte, y era esa su propiedad. Ni el búho podía expropiar la casa del saltamontes, ni éste la de aquél. Todo el mundo sabe eso.

Pero se da una situación interesante: el canto del saltamontes y que él podía defender como un derecho de libre expresión. Si el búho le prohibía su canto, violaba la libre expresión del saltamontes. Pero la libre expresión del saltamontes invadía la propiedad del búho y violaba su libertad de descansar y dormir. No es un asunto sencillo de resolver, excepto si se usan derechos de propiedad.

El saltamontes podía cantar todo lo que quisiera y el búho dormir lo que le diera su gana. Los dos tienen esa libertad, pero la libertad de expresión del saltamontes ejercida fuera de su propiedad violaba la del búho. En cambio la libertad del búho para dormir no violaba la libertad del saltamontes. El saltamontes podía cantar todo lo que quisiera dentro de su propiedad sin que el ruido invadiera la propiedad de otros.

Es decir, las libertades subsisten si se tienen claras propiedades. El problema surge cuando propiedades de nadie son usadas para la libertad de alguien, pero violan la de otros, como en las manifestaciones callejeras.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Canta, Pero en tu Casa”
  1. Ruben Rodriguez Dijo:

    Un concepto muy cierto y muchas veces ignorado; el que la libertad tiene limitaciones y esas vienen cuando choca con la libertad de las otras personas.





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