Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Casino Cordial, Jovial
Eduardo García Gaspar
19 marzo 2010
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La visita a un casino o casa de juego fue instructiva. Todos aprendieron cosas, o eso creyeron. El grupo de amigos, tomándose un trago, comenzó a hacer sus reflexiones sobre el juego. Por fortuna, fui parte del grupo. Comparto algunas de las ideas discutidas.

La primera de ellas es menos obvia de lo que parece. Las personas que juegan en un casino lo hacen por voluntad propia y eso significa que esa actividad les beneficia, aunque pierdan. La pérdida es el costo de la satisfacción de jugar… y si ganan, esa satisfacción se eleva. Jugar se hace por propia voluntad.

¿Es una actividad racional? En general, sí. La persona decide por sí misma. Quiere un satisfactor para una necesidad propia. Esa necesidad puede ser de diversos tipos, quizá la más obvia es la de divertirse, pasar un rato agradable. Puede ser que juegue para matar el tiempo, o mientras espera a alguien, o por estar en compañía de otros. O como parte de un viaje. Jugar en un casino puede ser causa de alegría y jovialidad.

Y paga un precio por el servicio que compra. Con un rasgo interesante, es un precio generalmente desconocido con anticipación. Si de antemano fija el monto máximo de su pérdida, ese será el precio límite. Pero puede ser menor, o mayor. No hay manera de estar totalmente seguro. Sin embargo, sigue siendo una decisión voluntaria y, por eso, representa una satisfacción.

Puede ser que en otro plano, el jugar sea irracional. Lo es cuando la realidad no se ajusta a las expectativas reales. Un ejemplo, la falacia del jugador, que cree que, por ejemplo, si han salido siete negros en la ruleta hay más posibilidades de que el siguiente sea un rojo. Los sucesos anteriores no alteran los siguientes. Algo que muchos no aceptan.

O bien el creer en una idea anticipada de tener suerte. La suerte no puede anticiparse, pero sí puede observarse después de sucedida. Por eso se dice que alguien que ganó en la ruleta o en el póquer tuvo suerte. La observación es posterior al hecho, igual para el que pierde y del que se dice que no tuvo suerte. Siempre en tiempo pasado.

Por supuesto, hay habilidad y conocimiento personal, toda esa serie de principios y reglas que la experiencia ha hecho aprender al que varias veces ha jugado. Es obvio que cartas iguales en diferentes manos producen resultados diferentes, lo que no debe hacer olvidar que jugando contra el casino, las probabilidades están en contra del jugador.

En cuanto a esas habilidades del jugador experimentado puede haber algo curioso: su habilidad para reconocer rachas de oportunidades favorables. La cosa es un tanto vaga y se basa en un fenómeno conocido: las rachas de buenos y malos juegos. Se dice que un buen jugador las aprovecha siguiendo en el juego, o retirándose a tiempo.

No estoy tan seguro, porque las rachas se conocen a tiempo pasado y anticiparlas es un acto imposible. Sin embargo, esta posibilidad le añade romance al jugador, como cuando dice que los sietes le han acompañado todo el tiempo y cree que le saldrán con más frecuencia que otras cartas.

Por otro lado, las anécdotas narradas, convertidas en leyendas urbanas, son una selección no representativa de lo que sucede en el juego. Las personas recuerdan más lo extraño que lo estándar, como la historia del que con la última moneda que le quedaba ganó una fortuna en las máquinas. No se recuerdan las otras historias, de aquellos en la misma situación a quienes no les sucedió eso.

Igualmente, las historias de ocasiones en las que el jugador gana son repetidas con mucha mayor proporción que las de cuando pierde, con lo que se logra una percepción de que es más probable ganar. No, lo más probable es perder.

¿Debe ser prohibido el juego? No, claramente no. Es una diversión que no tiene maldad en sí misma. Es moralmente irrelevante. Es como tomarse unos tragos, el problema está en el abuso y eso sucede sólo en personas concretas, no en la sociedad. Prohibir el juego es similar a prohibir las bebidas alcohólicas: se vuelve más atractivo y el juego seguirá existiendo en la ilegalidad… como las drogas.

¿Hay conductas tontas en los jugadores? Por supuesto, y muchas. Pero también hay actos tontos en otros campos, no sólo en el juego. Vea usted a su gobierno y me dará la razón. Allí se dan las acciones con menos inteligencia que puedan ser encontradas en la historia de la humanidad.


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