Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cercanía con el Gobernante
Eduardo García Gaspar
24 septiembre 2010
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
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La democracia ha sido alabada en muchas partes, donde ella es nueva, por las razones equivocadas. Y, por supuesto, eso la lleva a exageraciones y distorsiones. Es cierto. En libros de texto para secundaria en México, por ejemplo, se le considera un estilo de vida que debe aplicarse a toda la vida.

La democracia, cuando se le pone en una perspectiva más limitada y concisa, tiene ventajas grandes. Una nación gobernada por una democracia produce en sus ciudadanos la idea de la aceptación de su gobierno, al que respetan aún cuando no concuerden con él. Es decir, la democracia quita al gobierno la percepción de ser una fuerza déspota ajena al ciudadano.

Tiene beneficios pensar así, pues cuando el ciudadano admite la legitimidad de su gobierno retira de su mente ideas de desobediencia y cinismo frente a sus gobernantes. Mucho de esto lo logra una idea sutil: si el ciudadano percibe que las leyes son obra suya tenderá a obedecerlas, incluso cuando le causen malestar.

Pero si el ciudadano percibe que las leyes son obra arbitraria de gobernantes que siguen sus propias ideas, independientemente de las opiniones del ciudadano, éste verá a la ley con mala gana y deseos de encontrar las maneras de evitar su cumplimiento. De aquí la importancia de la cercanía del legislador con sus constituyentes.

Esa cercanía del legislador con el ciudadano, mucho me temo, es un aspecto terriblemente ignorado. Los partidos políticos y sus miembros que son legisladores electos suelen padecer de una visión limitada que los aleja de la gente y los aísla en una élite pequeña de personas que piensan igual. Más que representantes de las personas, los legisladores son representantes de sus partidos.

Así, el legislador acepta la misión equivocada, al de implantar mediante la emisión de leyes nada más que la ideología de su partido cosa que sólo será posible si ganan elecciones. Por consecuencia, para los partidos, las elecciones son un molesto obstáculo que debe salvarse para implantar sus ideas, las del grupo intelectual al que se encuentran afiliados.

Por supuesto, eso crea lejanía entre el legislador y sus representados. Poco versados en cuestiones políticas, los ciudadanos ven a la ley como creada por alguien ajeno a ellos y así la ley se entiende más como un capricho legislativo que como una regla necesaria. Un sistema de este tipo tiene sólo una apariencia democrática.

Sí, los legisladores llegaron a sus posiciones mediante elecciones razonablemente honestas, pero una vez cumplido el requisito, ellos inician una carrera que busca la implantación de su ideología, no la emisión de leyes necesitadas por la gente. Vuelve así a meterse por la puerta de atrás el elemento aristocrático: el de la élite de notables que saben mejor que nadie lo que conviene a la gente.

La transformación de la democracia es, por tanto, notable. En lugar de ser un sistema de dispersión del poder para evitar sus abusos, se convierte en un mecanismo para la implantación de ideas políticas de partidos. Un caso muy típico es el de los partidos socialistas en cualquier parte, cuya primera meta es ganar elecciones, no para gobernar en el sentido tradicional, sino para implantar su visión del mundo.

Una visión que tiene con poco cuidado al ciudadano, al que no preocupan tanto las ideologías como las cuestiones prácticas de la vida diaria de seres normales y no los problemas elevados de visiones políticas abstractas. Un buen ejemplo de esta transformación ha sido el gobierno de Obama.

En medio de una crisis económica de consideración, su punto de atención no fue en realidad este problema, sino otro que es parte de su ideología y al que dedicó más esfuerzo: la reforma de la ley de salud para centrarla en el gobierno. Nadie tenía esa prioridad en la cabeza. Nadie excepto Obama.

La democracia es más terrenal y mucho menos elevada de que lo que se nos ha dicho. Es un mecanismo que divide el poder y que lo acerca a la gente común. Esta cercanía es la que crea el sentimiento de respeto y la aceptación de una autoridad. Pero cuando la meta del político no es gobernar sino implantar sus ideas, se aleja del ciudadano y en él crea una actitud de sospecha e incluso de traición.

Cuantos más honores le rinda a la democracia, menos democrático es quien eso hace.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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