Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cinturones Causan Cáncer
Eduardo García Gaspar
16 agosto 2010
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, FALSEDADES, SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
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Si se pudiese seguir esa línea de razonamiento, acabaríamos siendo inmortales. En serio. Hablo de las personas que usan el argumento de que una cierta enfermedad es la causa número uno de muertes y, por esa causa, debe ser atacada. Son, casi siempre, autoridades médicas y de salud.

Su forma de pensar es peculiar. Primero, ellas hacen una lista de enfermedades y las ordenan de acuerdo al número de personas que mueren de esos padecimientos. Luego toman a la enfermedad que más muertes causa y deciden atacarla de frente justificándose en eso, en que es la primera causa de muertes.

No es muy lógico. Siempre va a existir una enfermedad que sea la número uno. De ella no nos podremos librar porque somos mortales. No es que sea erróneo investigar para curar enfermedades, al contrario. Lo que critico es eso de usar como justificación el que una enfermedad sea la número uno en muertes.

Hay otro argumento muy usado por las autoridades para emprender campañas preventivas que prohiban algo. El caso más claro es la prohibición de fumar en muchos lugares más impuestos enormes al tabaco. ¿Cómo vindicar esa prohibición? La autoridad suele hablar de costos: es muy caro atender médicamente a los enfermos por tabaquismo. Es cierto, pero no es toda la historia.

Hay beneficios producidos por muertes tempranas. En serio. Piense usted el ahorro que se da en pensiones pagadas por menos tiempo y en el ahorro médico del tratamiento de otras enfermedades que afectarán al que se salvó del tabaquismo. Quizá suceda que conforme se anula la enfermedad número uno, otra más cara de atender se coloca en el primer lugar vacante.

Un tanto anecdótico, pero vea esto: mucha gente habla del incremento de cáncer en la población, dicen que la frecuencia de la enfermedad se ha elevado. Posiblemente tengan razón. Lo interesante es buscar explicaciones. Y una de ellas es digna de considerarse: la expectativa de vida es mayor y a más edad, más probabilidad de cáncer. Si se combate, con razón, la obesidad infantil, por ejemplo, disminuirá la diabetes, pero también posiblemente se eleve tiempo después el número de casos de cáncer.

Es decir, el haber curado otras enfermedades ha producido un efecto colateral indeseable, la elevación de la incidencia de otras enfermedades que antes no eran comunes y ahora lo son. No son cosas difíciles de entender. Son razonables y deben ser señaladas abiertamente.

Un autor, Joseph Heath, usa un ejemplo que muestra mejor de lo que yo lo he hecho el fenómeno del que hablo. Piense usted en eso: la obligatoriedad de usar el cinturón de seguridad en los autos ha salvado vidas, no puede negarse, pero también ha producido otra cosa. Ha elevado en alguna proporción al número de personas que morirán por otras causas.

Incluso podría decirse que los cinturones de seguridad son causa de cáncer. La afirmación tiene dos valores. Suena tan absurda que llama la atención. Y, lo mejor, tiene un fundamento lógico.

El tema bien vale una segunda opinión para señalar lo poco acostumbrados que estamos en general para examinar las razones de tantas acciones que se emprenden dando por buenos objetivos loables y haciendo de lado el resto de la historia. Si se justifica atacar a una enfermedad por ser la causa principal de muertes, eso va a tener consecuencias: otra enfermedad ocupará su lugar y, posiblemente sea más costoso tratarla.

Unos pocos lectores tienen la mala costumbre de poner en boca del escritor cosas que no dijo. Me adelanto a esta contingencia. ¿Estoy diciendo que deben abandonarse los esfuerzos para curar enfermedades y dejar que muramos jóvenes porque eso es más barato? Por supuesto que no. Esos esfuerzos deben hacerse siempre.

Pero a eso agrego que debemos ser lo suficientemente perspicaces como para ir más allá del mero curar enfermedades. Tenemos que considerar las consecuencias de esas curas, los efectos colaterales de nuestros actos. Por ejemplo, si se encuentra la cura del cáncer, todos nos alegraremos, pero eso va a causar efectos en pensiones y en la atención de otras enfermedades.

A lo que temo es a quedarnos a la mitad del camino, en ese punto en el que la erradicación de una enfermedad o la vacuna contra otra, resultan en gritos de victoria que ignoran la otra mitad del camino. Y esto es especialmente cierto en los sistemas de pensiones: cada nuevo gran logro médico tiene efectos sustanciales en las jubilaciones. No entender estos efectos colaterales es simple miopía.

Post Scriptum

El ejemplo de los cinturones que causann cáncer está en Heath, J. (2010). Filthy Lucre. HarperCollins Publishers, p. 10.

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