socialismo

¿Cómo se construye el socialismo? A lo largo de la historia mundial se pueden detectar diversas maneras de construir el socialismo, algunas son muy violentas otras están llenas de amabilidad y dulzura, tanto  que la gente ni cuenta se da que se le va sometiendo al socialismo.

Definiendo el concepto

Aquí mencionaré algunas vías, las más comunes al socialismo. Pero antes de hablar de las rutas al socialismo, es necesario tener claro el concepto.

¿Qué es el socialismo?

Se puede dar una respuesta rápida diciendo que socialismo es lo contrario al capitalismo. Pero esta definición solo nos dice que capitalismo y socialismo son polos opuestos, agua y aceite,  pero no da mayor claridad.

Entonces tenemos que referirnos al concepto básico que define a los sistemas económicos: la propiedad privada.  

Socialismo es el sistema económico, político y social que se basa en la eliminación de la propiedad privada. En el socialismo, ningún individuo puede ser propietario de alguna fábrica, una casa ni nada que sea susceptible de vender o intercambiar y producir lucro. Vender y comprar, es decir, el comercio es una categoría propia del capitalismo, no del socialismo.

Naturalmente, si ningún individuo es propietario de nada, alguien tiene que administrar los recursos «del pueblo». Se tiene que formar un gobierno, un partido, un buró o dejar todo en manos de un líder que planifique la vida de todos. De esta manera, todos comerán, vestirán y la sociedad será feliz, es la promesa socialista.

Ningún país es completamente socialista y ninguno es puramente capitalista, todos tienen una combinación de ambos. Pero todas las naciones están tratando siempre de ir a uno u otro de los extremos, esa es la dinámica inherente a la vida social, económica y política de  cualquier país.

Generalmente los líderes políticos son los que están tratando de llevar a sus pueblos a uno u otro extremo, la gente se deja llevar por las promesas o por la ignorancia, algunos se oponen y otros simplemente callan y soportan.

¿Cómo se construye el socialismo?

1. La vía violenta y forzada

Pero veamos, primero, algunos procedimientos de aquellos líderes que empujaron a sus países hacia el socialismo.

Vladimir Ilich Lenin formó un partido político de gente muy atrevida, decidida y disciplinada que obedecía las órdenes del comité central, o más bien de Lenin.

Tenían que cumplir las tareas del partido como si fueran órdenes militares, de tal forma que el día señalado, a la hora indicada y en el lugar planeado tumbaron a cañonazos al Zar y tomaron el poder.

De la noche a la mañana los rusos supieron que ya había un nuevo gobierno dirigido por el Partido Comunista de la Unión Soviética, o mejor decir, por Lenin.

Este método se puede llamar «asalto al poder por sorpresa». No se puede hacer si no se tiene un pequeño ejército de militantes comunistas que obedecen las órdenes sin el menor titubeo ni vacilación, como soldados disciplinados.

Este método lo usaron Fidel Castro y Hugo Chávez en su primer intento por tomar el poder en Venezuela. Igualmente Adolfo Hitler, Pol Pot, Mao Tse Tung.

2. La vía democrática

Otro método para construir el socialismo es el democrático. Pensemos en el caso de Salvador Allende, un líder comunista que participó en las elecciones y ganó con una mayoría relativa pues apenas obtuvo el 32% de la votación.

Ya en el poder inicia su programa socialista. Empieza por destruir la propiedad de los empresarios más prominentes, los dueños de las minas de cobre.

La forma de destruir la propiedad privada sobre las minas no consiste en echar una bomba para derruirlas, tendría que estar completamente desquiciado. Más bien, inició un programa de nacionalizaciones contra el capital foráneo y expropiaciones contra los ricos chilenos.

Convenció al pueblo de que ahora todos los chilenos iban a ser «dueños» de las minas. La gente se lo creyó y así siguió expropiando  la industria eléctrica, la ferroviaria, el transporte marítimo, la aviación entre otros.

Si no lo detiene Augusto Pinochet se hubiera seguido con las tierras, las escuelas, las casas y todo lo demás para que al fin terminara todo en manos del Estado.

3. La vía fiscal

El tercer método se refiere a una vía fiscal. Consiste en que un gobierno empieza a aplicar impuestos cada vez más altos a la gente que más gana.

El caso más representativo fue Suecia. El gobierno, de vocación socialista, convenció a  la población para que aprobara un plan de impuestos progresivos «para reducir las desigualdades».

La población ignoraba que era un plan de destrucción de propiedad privada y lo aprobaron sin saber que estaban destruyendo su economía.

Los impuestos llegaron a subir al 85% hasta que eliminaron casi todos los incentivos para ser empresarios, «mejor me espero a que el gobierno me mantenga». Más tarde, corrigieron esta política.

4. La vía de la regulación

El cuarto método de cómo construir el socialismo consiste en crear un gran aparato de regulación de los mercados y de toda actividad económica.

Se pueden crear, por ejemplo, una cámara de diputados, de senadores o de legisladores para que establezcan las reglas que debe cumplir un negocio de hamburguesas, de aeronáutica, de alimentos o de droga. 

También se pueden crear secretarías de Estado para que regulen el turismo, la energía o la economía.

Esta es la forma más amable y «civilizada» de conducir a un país hacia el socialismo, la gente no se da cuenta y hasta puede aplaudir y votar para tener gobernantes que  sigan en esa línea. Un ejemplo de este método es México, Argentina y España.

5. La vía del intervencionismo económico

Es aquél que dice que va a salvar a la economía capitalista mediante más intervención del gobierno, son los keynesianos.

La gente aplaude que el gobierno contrate trabajadores «para reducir el desempleo», no importa que sean improductivos «unos abren  hoyos y otros los tapan» como sugería John Maynard Keynes. El aparato burocrático crece sin límites.

Este método gusta de usar la maquinita que fabrica billetes para pagar a los nuevos empleados del gobierno, el gobierno otorga créditos a los empresarios y al público, «es para aumentar la demanda agregada», dicen.

Precisiones sobre la construcción del socialismo

Hasta cierto punto, el socialismo es una colección neta de errores que causa terquedad mental haciendo suponer que la intervención gubernamental es el remedio a cualquier problema que se tenga en una sociedad.

Porque, al final de cuentas, el socialismo sostiene una premisa central: los ciudadanos son tontos y los gobernantes inteligentes, por lo que estos últimos deben cuidar a los tontos desde que nacen hasta que mueren.

Un libro de Robert P. Murphy (Murphy, Robert P. (2007). The Politically Incorrect Guide To Capitalism. Washington DC. Regnery) hace una adición valiosa a lo anterior —aporta consejos o sugerencias para que los socialistas sean curados de su afección.

Mitad broma, mitad seria, la lista contiene doce reflexiones para evitar la construcción del socialismo. La siguiente es mi propia lista de siete sugerencias y está muy inspirada en la de Murphy:

  1. Examinar el récord histórico de éxitos y fracasos de los gobiernos —hacerlo objetivamente— y admitir que al final de cuentas las soluciones gubernamentales crean problemas que los gobiernos quieren solucionar para crear nuevos problemas y así sucesivamente.
  2. Tener confianza en uno mismo y en el resto de los ciudadanos, sabiendo que podemos organizarnos y colaborar para hacer grandes cosas —más y mejor que los gobernantes que piensan que somos incapaces y tontos. Si usted es socialista y no trabaja en el gobierno, usted tiene una muy baja opinión de sí mismo. Si usted es socialista y trabaja en el gobierno, usted piensa que el resto son tontos.
  3. Aprender a examinar los programas gubernamentales más allá de sus buenas intenciones —todas las medidas de los burócratas tienen los mejores objetivos del mundo, pero eso no basta: hay que ver el costo del los proyectos, lo que podría hacerse con esos fondos en otras actividades, las consecuencias inesperadas posibles que puedan tenerse, el correcto registro de los recursos gastados y los calendarios de realización. Y usted verá que todo costará más, tardará más tiempo, no alcanzará los resultados prometidos y se pedirán más fondos.
  4. Tener malicia al escuchar a los gobernantes aceptando que ellos explican las cosas siempre de manera que se colocan como los salvadores de la sociedad. Para tener esa malicia, basta pensar mal de ellos y saber un poco de historia y de economía —nada muy profundo, sólo mero sentido común.
  5. Pensar en la posibilidad de que usted dé todo su patrimonio e ingresos a los burócratas para que ellos los administren —la que sería la conducta lógica del socialista honesto y si usted no está dispuesto a hacerlo, entonces usted es socialista de boca para afuera.
  6. Contar las innovaciones tecnológicas, los avances de conocimiento, que hayan sido producidos por instituciones gubernamentales —y compararlas con las que hayan realizado las personas normales.
  7. Comprender que el mundo es más complicado que lo que el socialismo supone —el socialista siempre cree que hay un grupo que es víctima, otro que es villano y que la burocracia es la salvadora de las víctimas. Si uno es capaz de quitarse ese bipolarismo social, logrará un avance importante.

Conclusión

Por la fuerza, o por vías democráticas y graduales, el socialismo puede construirse e implantar un sistema económico en el que las decisiones económicas son tomadas por los gobernantes en dosis intensas.

Sea cual fuere  el método para construir el socialismo, el resultado final es el mismo: pobreza generalizada, destrucción del individuo, violencia, corrupción y un negro futuro para varias generaciones.


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Y unas cosas más sobre el tema

Para completar la comprensión de cómo se construye el socialismo conviene ver una de estas dos ideas, muy especialmente la segunda:

Socialismo: una evaluación de riesgos
El legado de Gramsci

Otras ideas:



[La columna fue actualizada en 2020-05]

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Notas extras: la construcción del socialismo y la libertad

Es un asunto de congruencia. Si usted cree en la libertad humana como el gran valor a defender en una sociedad, entonces se siguen ciertas consecuencias.

Algunas de ellas son las siguientes

Primero, tendrá que defender los sistemas democráticos y republicanos, de libertad política. Muy especialmente las facetas que impiden la opresión de minorías.

Segundo, tendrá que defender las libertades culturales: educación, religión, expresión. Muy especialmente las partes que respetan las manifestaciones individuales.

Tercero, tendrá que defender las libertades económicas y el derecho a la propiedad. Eso que en conjunto es conocido como capitalismo o liberalismo económico. P

Para algunos esto será una sorpresa, pero es una conclusión lógica de la defensa de la libertad general.

Si usted defiende a la libertad de expresión o la libertad de votar, tendrá que defender a la libertad de abrir y cerrar empresas, de producir y vender. Un simple asunto de congruencia mental.

Ignorar a la libertad para construir el socialismo

El asunto del socialismo y su compatibilidad con las libertades políticas, culturales y económicas.

Quien sea un defensor de las libertades humanas no puede ser lógicamente un socialista. Es decir, existe una contradicción entre las manifestaciones de la libertad y el socialismo. Por ejemplo, un real demócrata no puede ser lógicamente socialista.

Dentro de un régimen socialista se pierden libertades debido al crecimiento estatal. hay menos libertades económicas, menos libertades culturales y menos libertades políticas.

Esta es la esencia socialista, el retiro de libertades. Por eso, quien defiende a las libertades humanas no puede ser socialista.

Entra Tocqueville

Tocqueville (1805-1859) habló de esto al mencionar que la democracia no tiene nada en común con el socialismo. Nada excepto el uso común que hacen de una palabra, pero a la que dan diferente significado. Esa palabra es ‘igualdad’.

Théodore Chassériau - Alexis de Tocqueville“Théodore Chassériau – Alexis de Tocqueville” by irinaraquel is licensed under CC PDM 1.0

El defensor de las libertades habla de igualdad, es cierto, pero la entiende como una ambición de sus ideas: ser todos igualmente libres, tener todos las mismas libertades. Esto tiene lógica.

Si usted defiende a la libertad tendrá que lógicamente defender la idea de que todos sean igualmente libres.

Sin embargo, el socialismo emplea a la palabra ‘igualdad’ de otra manera muy distinta. Una forma de empleo que descarta a la libertad humana y entiende a la igualdad como sumisión frente al gobierno.

«La democracia y el socialismo no tienen nada en común excepto una palabra, igualdad. Pero nótese la diferencia: mientras que la democracia busca la igualdad en la libertad, el socialismo busca la igualdad en la restricción y la servidumbre». A. de Tocqueville

Ahora entran Acton y Hayek

Otro ilustre defensor de la libertad, Lord Acton (1834-1902) aseguró que «El socialismo significa esclavitud».

F. A. Hayek lo expresó así: «La demanda de igualdad de posición material solo puede ser satisfecha por un gobierno con poderes totalitarios».

La conclusión es la que usted ya intuye: el socialismo niega a la libertad humana en favor de un gobierno que, como organización suprema, imponga por la fuerza a la igualdad material.

Desigualdad socialista profunda

Al descartar a la libertad y los resultados benéficos que ella produce, el socialismo persigue un propósito iluso de igualdad. La que no podrá lograr porque necesariamente debe tener gobernantes que son superiores al resto porque tienen el poder de dar y quitar.

Si, entonces, no puede construir con lógica el socialismo quien es un defensor de la libertad, tendrá que explicarse cómo sobrevive el socialismo como una noción popular.

Una explicación es la escasa estimación de la libertad humana a pesar de ser una parte central de la esencia humana. Esto es especialmente cierto en culturas con escaso desarrollo y educación, en las que los usos y costumbres llaman a la aceptación de gobiernos autoritarios responsables de todos los problemas sociales.

Otra explicación es el materialismo, esa tendencia a poner atención única en aspectos materiales y resultados de plazo corto. Lo que justifica medidas propagandísticas de resultados inmediatos, sin considerar efectos colaterales, ni el respeto a la naturaleza humana.

También, debo mencionar nuestra capacidad de vivir en contradicción, sosteniendo ideas que son mutuamente excluyentes, sin darnos cuenta de ello, o encontrando explicaciones débiles a las que creemos sólidas.

Es ilógico que alguien pueda ser socialista y al mismo tiempo defender a las libertades humanas. Por ejemplo, no puede serse socialista y ser defensor de la libertad para ser propietario. Es ilógico.