Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cómo no Ser un Crédulo
Leonardo Girondella Mora
12 febrero 2010
Sección: EDUCACION, FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Quizá la parte más esencial del conocimiento sea el encuentro de explicaciones —la comprensión del fino mecanismo entre causa y efecto y que va más allá del simple hablar de eventos y datos sin conexión entre ellos. Tal vez sea la tarea racional por excelencia y la que encauza a las ciencias.

¿Cómo se crea la inflación? ¿Qué proceso sigue la formación de un planeta? ¿Por qué los gobiernos tienden a crecer siempre? ¿Cuál es el mecanismo que hace que los precios y la cantidad demandada de bienes estén correlacionados inversamente? ¿Cuál es la explicación de los aumentos en el número de cirugías plásticas?

Gracias al editor de esta página por proveerme con una obra (Elster, J. (2007). Explaining Social Behavior: More Nuts and Bolts for the Social Sciences. Cambridge University Press) que trata ese tema —el de las explicaciones.

¿Por qué después de cinco números rojos en una ruleta algunos creen que hay más probabilidad de otro rojo, pero otras personas creen que es más probable uno negro?

Explicar es una tendencia humana —posiblemente buena parte de nuestro cerebro esté construida de manera que busque dar sentido a lo que percibimos, pero esas explicaciones inmediatas no son necesariamente las mejores. Es posible que sean las peores.

De allí la necesidad de imponer algunas reglas a nuestras explicaciones —para volverlas más sólidas, es decir, apegadas a la realidad. En lo que sigue, tomo los criterios de esa obra para señalar lo que no es una buena explicación, a lo que añado mis comentarios e interpretación. Cuando alguien quiere explicar un suceso debe cuidarse muy bien de considerar las siguientes sugerencias.

1. Muchas explicaciones tienen una limitación que pasa desapercibida —ellas, con una sencillez pasmosa, hablan de una causa pero no tratan el mecanismo operativo que explica la relación causal. Un ejemplo reciente puede ser usado.

Para muchos, la causa de la crisis económica fue la codicia sin límites de los ejecutivos de las instituciones financieras. Eso afirma que existe una causa, la codicia, y un efecto, la crisis. La explicación es fallida si no se explica cómo funciona la codicia para producir la crisis —y cómo es que la codicia produjo también una etapa de boom económico.

Dar una explicación, por tanto, no es señalar una causa y dar por terminada la tarea explicativa —es necesario hacer explícito el mecanismo con el que opera esa causa para producir el efecto conocido.

2. Una explicación causal no es igual a la existencia de una correlación —dos o más eventos pueden estar asociados en el tiempo, sin que entre ellos existan relaciones causa-efecto. Una correlación usada con frecuencia para explicar esta falla, es la supuesta correlación entre el desempeño de la bolsa de valores y el largo de las falda femeninas: cuando la moda es de faldas muy cortas, la bolsa sube y viceversa.

Si esa correlación es real, primero, no es claro cuál es la causa, ni cuál es el efecto —¿producen las faldas efectos en la bolsa, o la bolsa produce efectos en la moda?

Igualmente, existe una asociación en el tiempo entre la relajación de la disciplina monetaria y la posterior creación de una crisis económica. Este hecho sucesivo en el tiempo, aunque sea real, no necesariamente establece una relación causal —a menos que se establezca un mecanismo lógico que ligue a los dos eventos.

3. La explicación dada causalmente debe separarse del fenómeno de necesidad. Esto, me parece, es con frecuencia ignorado y poco comprendido. Si existe una causa que se sabe tiene un efecto conocido, y ese efecto acontece en verdad, debe considerarse la posibilidad de la existencia de otra causa distinta.

El autor usa un ejemplo diáfano: una persona padece cáncer de páncreas y pasado algún tiempo se sabe que ella murió. De inmediato, la explicación se vuelve obvia, pero no necesariamente real: el cáncer causó la muerte —dejando de considerar otras explicaciones, como una muerte accidental debida a otra causa.

La idea puede ilustrarse también en la historia de un hombre que se sabe es muy irascible y violento —si acaso su esposa aparece un día golpeada, la idea inmediata que surge es la obvia: culpar al marido como la causa del suceso. La explicación, sin embargo, es coja pues otras explicaciones pueden producir el mismo efecto, como un asalto con violencia.

4. Una explicación no es el relato de una historia —la idea central es evitar el error del cúmulo de una serie de conjeturas que buscan explicar un evento cualquiera. Se trata de colocar a las especulaciones en su lugar correcto y que es válido y útil, mientras que no sean tomadas como explicaciones reales sin evidencia sólida.

La idea que me viene a la mente es la popularidad de las historias de conspiraciones secretas que forman parte de tantas novelas y correos de Internet —siguen estas explicaciones una estructura predecible: toman como efectos una serie de sucesos conocidos a los que explican con una causa que es la existencia de un grupo poderoso y oculto. Es una historia en verdad, pero su poder explicativo es débil.

Igualmente, me recuerdan los tratamientos de problemas sociales en obras de ficción que toman elementos de la realidad —las que, entre líneas, proveen explicaciones fácilmente comprensibles de, por ejemplo, la situación feudal, la conducta de un monarca, o la existencia de una revolución. No son explicaciones propiamente, pero son tremendamente populares.

5. Una explicación no puede ser equiparada a una justificación estadística. Es el problema de las generalizaciones que son aplicadas a casos concretos creyendo que se tiene una explicación sólida.

Se trata de la falacia de la generalización y equivalen más o menos al uso de clisés —si se comete un crimen y se sabe que la mayor parte de los criminales son hombres jóvenes, no puede eso usarse como prueba de la culpabilidad de un hombre joven concreto: no todos los hombres jóvenes están inevitablemente inclinados al crimen. La mayoría no lo están.

Se sabe, por ejemplo, que los hijos de familias en cuyas casas se tienen muchos libros tienden a ser más inteligentes que el resto —pero de allí no puede concluirse que un cierto bebé será más inteligente porque en su casa existen más libros que en el promedio del resto de las casas. Existen otras variables intermedias que quizá no se tienen en ese caso.

6. Una explicación no equivale a la respuesta de por qué —algo que es la pregunta más conducente a crear especulaciones sin base. El caso que más me viene a la mente es el de los pensamientos absurdos que provocan algunas situaciones en personajes de telenovelas.

Si uno de esos personajes en cierta ocasión no dice “buenas tardes” a otro, éste último es capaz de especular decenas de razones de esa conducta y que sirven para prolongar sin sentido la historia —todo por preguntarse “por qué no me dijo buenas tardes”.

Creo que no se trata propiamente de especular por qué —sino de encontrar causas cuyos mecanismos provean una respuesta que explique un suceso.

En los años de alta inflación en México, por ejemplo, muchos comentaristas de medios usaron a la “voracidad” de los comerciantes para explicar el alza generalizada de precios —es decir, su “por qué” fue encontrado en una especulación inmediata basada en la re-etiquetación de precios que vieron. Jamás se preguntaron la causa que explicara esos cambios de etiquetas de precios.

7. Explicar no es lo mismo que predecir. En mi caso puedo predecir con total exactitud lo que acontece al dar vuelta a la llave de mi coche, pero no puedo explicar las causas de eso. Por otro lado, es posible explicar un mecanismo causal de cierta conducta, pero predecirla muy pobremente.

Mi propósito fue aprovechar el contenido de una obra recomendable para enfatizar la necesidad personal de cuidar las explicaciones que se dan de eventos complejos —lo que en palabras más directas significa evitar convertirse en un ingenuo cándido que todo se traga, desde las promesas de un político hasta los más alocados complots.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.


No hay comentarios en “Cómo no Ser un Crédulo”
  1. droctavio Dijo:

    felicidades al autor por intentar refinar a las personas que no saben lo que una buena explicación debe ser. No creo que sea comprendido con facilidad.





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