Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Compasión con los Peores
Leonardo Girondella Mora
5 febrero 2010
Sección: CRIMEN, Sección: Asuntos
Catalogado en:


El 1 de febrero muchos medios reportaron un suceso: en Ciudad Juárez, Chihuahua, México, pistoleros mataron a 16 personas, estudiantes que celebraban el cumpleaños de uno de ellos. Llegaron en automóviles, bien armados y dispararon. Entre los muertos, había once menores de edad.

¿Qué castigo dar a quienes cometen acciones como ésa?

Los castigos a criminales tienen una razón de ser —una de justicia: castigar a quien ha cometido una acción injusta en la proporción que tiene esa acción. De allí que resulta lógico que una acción injusta menor, como el robo de una manzana de un puesto callejero, tenga una pena pequeña.

Pero en el caso de acciones mayores —digamos el asesinato intencional de más de una decena de personas en un acto como el reportado—, la proporcionalidad del castigo presenta un problema. ¿Qué castigo es proporcional a asesinar a esa cantidad de personas? Ninguno en realidad.

La máxima pena posible es quitarle la vida al autor de tal acción y eso lleva a la noción de compasión: dar un castigo menor al que por justicia merece. En el caso de un asesinato múltiple, por ejemplo, la proporcionalidad indicaría quitar la vida al criminal, que es lo más que puede hacerse —hacer menos que eso sería un acto de compasión.

Visto esquemáticamente existen tres posibilidades abstractas de castigo y compasión:

• Un castigo menor que proporcional al delito cometido —es decir, una justicia más dominada por la compasión que por la justicia.

• Un castigo proporcional al delito cometido —es decir, la situación ideal de retribución en igual monto.

• Un castigo mayor que proporcional al acto realizado —es decir, una justicia no dominada por la compasión al criminal.

Este tercer caso es interesante —la razón de dar un castigo más que proporcional puede tener una motivación de venganza y no sería algo posible de justificar racionalmente. Pero puede ser que sin ánimos de venganza, se considere benéfico por sus efectos, como la prevención de más delitos similares.

A la luz de esto, es posible examinar la pena de muerte —que es lo que hago en el ejemplo de la noticia dada.

El primer reto es encontrar la proporcionalidad del castigo para tales actos —una tarea simple en el principio central: si una vida vale igual que otra, al que quita una vida se le puede castigar con la muerte. Más razón habría para quitarle la vida al que cometió esos cinco asesinatos.

Por arriba de esa proporcionalidad de vida por vida, la imaginación posee un reto para el diseño de un castigo aún peor que la muerte —lo que dejo a la imaginación del lector.

Por debajo de esa proporcionalidad entre acción y castigo están otras penas como una prisión por tiempo prolongado, quizá 60 años, o bien, cadena perpetua. Lo que quiero explorar es esto precisamente, la tendencia a que la proporcionalidad de los castigos a grandes crímenes sea el principio más defendido que el lógico de pedir proporcionalidad.

Varias razones se han esgrimido en defensa del principio de menor proporcionalidad en el castigo para los mayores crímenes. Uno de ellos me llama la atención —el que dice que con la pena de muerte se nutre el sentimiento de venganza de los ciudadanos. Puede ser que en muchos de ellos la pena de muerte alimente esa emoción, pero no creo que baste para anular a la pena de muerte.

No es un problema de reacciones personales, la pena de muerte es un asunto de justicia —de dar a cada quien lo que merece, lo que hace subsistir a la noción de proporcionalidad.

Otra idea que se esgrime en contra de la pena de muerte es la de errores en la aplicación de justicia —un argumento de cierta fuerza y muy relevante en las situaciones de la calidad de las instituciones políticas que imparten justicia. La pena de muerte no es reversible y su aplicación podría justificarse en casos de crímenes extremos realizados con alta calidad de juicio y pruebas contundentes, certificados por varios jueces.

Muchos otros argumentan diciendo que la pena de muerte es un atentado a lo más precioso que posee el ser humano y que nadie puede quitar la vida a otro —es cierto lo que se afirma así y eso es precisamente lo que indican los hechos de la noticia que trato. Quitaron la vida de varios estudiantes, lo que plantea un problema: no castigar con pena de muerte al asesino es darle a su vida una consideración mayor a la que él dio a la vida de sus víctimas.

Eso es más complejo de lo que aparenta —si debe respetarse la vida del asesino múltiple porque nadie tiene derecho a quitar la vida de nadie, debe contestarse también cómo es posible quitar la libertad de tantas personas que son condenadas a prisión y que es otro atentado a la vida humana. La libertad es un derecho humano y sin embargo se retira de los condenados sin que nadie lo objete. Al contrario, se le considera lógico y aconsejable.

¿Por qué no quitar la vida también a criminales extremos? Después de todo es un problema de proporcionalidad, es decir, de justicia —y lleva a una situación paradójica: a los criminales extremos se les aplica consistentemente una justicia más compasiva que al resto de los criminales que no son casos extremos.

Existe otro argumento muy abusado —el que sostiene que la pena de muerte no tiene efectos preventivos en los demás, es decir, que no se reduce el número de asesinatos en los lugares conde ella se aplica. Tal afirmación es dudosa, pues existen evidencias que señalan lo opuesto.

Este argumento de efectividad es de naturaleza consecuencialista y justificaría acciones humanas sólo por sus consecuencias positivas o negativas —no es erróneo usarlo, pero jamás debe perderse de vista que el centro de la discusión es el de proporcionalidad del castigo, es decir, uno de justicia.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Compasión con los Peores”
  1. J.A. Dijo:

    Para que sea realmente efectiva, la pena de muerte debe ejecutarse con crueldad completa: azotes, trabajo extenuante acompañado de la privación de agua y alimentos, (creo que un ejemplo a seguir… sería seguir el modelo del Gulag soviético, pero sin motivos políticos, sólo a los peores criminales)… a fin de generar terror en la población y disuadir de la comisión de nuevos delitos… si la pena… se aplicara a los familiares de los delincuentes se contribuiría mucho a generar el terror necesario para disuadir de la comisión de delitos… la venganza es la forma más pura de Justicia, mientras que la misericordia y el perdón únicamente son la puerta abierta a la impunidad. NOTA DEL EDITOR: una posición excesiva e inexacta. La justicia no puede estar sustentada en venganza pues ya no contendría la idea de proporcionalidad. Castigar a familiares sería una acción injusta porque no contiene el elemento de culpabilidad.





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